Magnífica noche
Alessio Menconi y Massimiliano Rolff, dos excelentes músicos italianos le otorgaron una distinción especial al ambiente placentero del Museo Histórico Regional
Hacía algún tiempo que el patio de ingreso al Museo Histórico Regional no transmitía esa sensación de espacio capaz de agregarles encanto a las presentaciones artísticas que allí se presentaran, cualesquiera que fuesen.
Acaso la última reunión movilizadora que se realizó en ese espacio fue durante el festejo de inauguración de una sala de exposiciones en el comienzo de la gestión oficial actual en la materia.
La noche del miércoles, con la inesperada y no muy anunciada visita de Alessio Menconi y Massimiliano Rolff, guitarrista y contrabajista respectivamente, italianos ambos, permitió revivir esa sensación.
En principio porque el contexto se preparó bien para hacer sentir con beneplácito lo que transmite a priori ese ambiente de informalidad placentera, incluida la presentación de mesas para consumir, como en un ambiente de café concert.
Y después, y especialmente por la destacada aportación de dos músicos de indudable solvencia y calidad interpretativa, capaces de afrontar el desafío de abordar un repertorio variado, con una formación que podría parecer renga.
El dúo presenta claramente definidos los roles de la formación, con Menconi y su versatilidad y su clara digitación empujando las formas melódicas y Rolff poniendo una base imponentemente precisa, para pasar al frente de vez en cuando.
Su música empieza por el jazz, que está en el sustrato de su sonido como una marca en el orillo, pero se tiende a la exploración también de otros universos fuera del género, recalando en canciones que en muchos casos provienen de otros universos.
Si en el comienzo fueron George Gershwin y Cole Porter, y más adelante apareció el incombustible talento original del gran belga Django Reinhardt, filtrado en una magnífica versión solista de Menconi que dejó vibrar los sonidos del gypsy jazz (jazz manouche o jazz gitano) su gran creación, hubo otros registros, iIgualmente destacados por cierto: una selección de música de películas con piezas de Ennio Morricone y Nino Rota (incluyendo la de Cinema Paradiso (“Nuovo cinema Paradiso”, la anunció el guitarrista en acuerdo con su nombre original), una bellísima interpretación de “Ola de mar” de Antonio Carlos Jobim, o la italianísima y sensible “Senza fine” de Gino Paoli.
Pasar una noche de verano en ese contexto y beneficiados con el aporte de una música bella, muy bien interpretada, vino a redondear el valor de este inesperado regalo que por suerte una buena cantidad de público pudo, y supo, disfrutar.
Ricardo Sánchez
Acaso la última reunión movilizadora que se realizó en ese espacio fue durante el festejo de inauguración de una sala de exposiciones en el comienzo de la gestión oficial actual en la materia.
La noche del miércoles, con la inesperada y no muy anunciada visita de Alessio Menconi y Massimiliano Rolff, guitarrista y contrabajista respectivamente, italianos ambos, permitió revivir esa sensación.
En principio porque el contexto se preparó bien para hacer sentir con beneplácito lo que transmite a priori ese ambiente de informalidad placentera, incluida la presentación de mesas para consumir, como en un ambiente de café concert.
Y después, y especialmente por la destacada aportación de dos músicos de indudable solvencia y calidad interpretativa, capaces de afrontar el desafío de abordar un repertorio variado, con una formación que podría parecer renga.
El dúo presenta claramente definidos los roles de la formación, con Menconi y su versatilidad y su clara digitación empujando las formas melódicas y Rolff poniendo una base imponentemente precisa, para pasar al frente de vez en cuando.
Su música empieza por el jazz, que está en el sustrato de su sonido como una marca en el orillo, pero se tiende a la exploración también de otros universos fuera del género, recalando en canciones que en muchos casos provienen de otros universos.
Si en el comienzo fueron George Gershwin y Cole Porter, y más adelante apareció el incombustible talento original del gran belga Django Reinhardt, filtrado en una magnífica versión solista de Menconi que dejó vibrar los sonidos del gypsy jazz (jazz manouche o jazz gitano) su gran creación, hubo otros registros, iIgualmente destacados por cierto: una selección de música de películas con piezas de Ennio Morricone y Nino Rota (incluyendo la de Cinema Paradiso (“Nuovo cinema Paradiso”, la anunció el guitarrista en acuerdo con su nombre original), una bellísima interpretación de “Ola de mar” de Antonio Carlos Jobim, o la italianísima y sensible “Senza fine” de Gino Paoli.
Pasar una noche de verano en ese contexto y beneficiados con el aporte de una música bella, muy bien interpretada, vino a redondear el valor de este inesperado regalo que por suerte una buena cantidad de público pudo, y supo, disfrutar.
Ricardo Sánchez