Obi Homer: "El arte en sus múltiples formas, es la energía que nos nutre, nos cura, nos eleva"
Especial para Puntal
Organizado por la Agencia Córdoba Cultura, Delegación Río Cuarto, y la Asociación Civil Amigos por la Música (AMu), el próximo viernes 11 de agosto, a las 21hs, en el Centro Cultural Leonardo Favio, se realizará la cuarta entrega del ciclo de Conciertos de Música Popular Alternativa "Matices", con la actuación del trío liderado por el destacado compositor y arreglador Obi Homer junto a Fernando Bobarini en bajo, y Agustín Valfré en batería. Entrada general: $2.000.
Obi Homer nació en la Provincia de Córdoba en 1968. Hijo del guitarrista Lalo Homer, y sobrino de Daniel Homer, fueron ellos quienes pusieron por primera vez en sus manos una guitarra. Realizó sus primeros estudios de música en el Instituto Domingo Zípoli. A los 14 años se trasladó a Buenos Aires donde perfeccionó sus conocimientos en armonía, contrapunto, composición y orquestación con el Maestro Manolo Juárez.
En 1984 formó parte del grupo "Los Amigos del Chango", junto al Chango Farías Gómez, Lucho González, Lito Vitale, Bernardo Baraj, Ramón Navarro (h) y el Mono Izarrualde.
Ha participado como arreglador musical y sesionista de grabación en numerosas producciones de artistas argentinos e Internacionales como Suna Rocha, Teresa Parodi, Horacio Guaraní, Mercedes Sosa, Paz Martínez, Luciano Pereyra, Los Nocheros, Armando Manzanero, María Martha Serra Lima, Dúo Salteño, Cuchi Leguizamón, Ariel Ramirez, Facundo Saravia, Abel Pintos, Alfredo Zitarrosa, y Jorge Rojas.
Junto a Daniel Homer y Ricardo Lew formó el Che Trío, disco editado en la colección "Guitarras del Mundo". Su primer CD fue editado en 1996, "El Árbol", y en 2008 el segundo, "CENIT" (2008).
Realizó una gira por Sudáfrica, en formación de trío, en el BASSLINE de Johannesburg y la Universidad de Pretoria en el Iberoamerican Jazz Festival, junto a la cantautora y compositora Violeta Quintana, con quien además realiza un espectáculo a dúo, “Simbiosis”.
Realizó orquestaciones y composiciones propias y para diversos artistas, para las Orquestas Sinfónicas de Córdoba, Salta, y la Orquesta Municipal de Cuerdas de Córdoba.
En 2019 editó "En la Montaña", disco que ha sido nominado para los premios Gardel 2019. En octubre de ese mismo año, estrenó su obra sinfónica “Suite Folclórica”, para solista de guitarra y orquesta, junto a las Orquestas Sinfónicas de Villa María y de la Universidad Nacional de Córdoba. Además, ha participado en diversos festivales Internacionales de Jazz. En 2022 editó su último disco “Celebrando lo que viene”.
Hablamos con Obi:
-Venís a Río Cuarto para presentarte en el marco del ciclo de Conciertos de Música Popular Alternativa “Matices”. ¿Cuáles son tus matices artísticos?
-Es la presentación de las composiciones propias, del último CD “Celebrando lo que viene” (2022) y un estreno de temas nuevos que estamos trabajando para un próximo material discográfico. En esta oportunidad es en formato de Trío.
-Venís con dos destacados músicos como lo son Fernando Bobarini y Agustín Valfré. ¿Cómo surge la unión artística con ambos y como es la comunión del trío?
-Es una gran felicidad compartir con estos grandes músicos, aunque la formación del trío es itinerante, a Fernando lo conozco hace muchos años, hemos trabajado juntos en muchos proyectos, y siempre es un placer compartir con él. Y en el caso de Agustín Valfré, hace relativamente poco que lo conozco, pero ya hemos tocado juntos, y me ha sorprendido la musicalidad y el talento de este joven músico, un gran valor en la nueva generación de bateristas de Córdoba.
-Siendo hijo y sobrino de músicos, ¿era inevitable que te dedicaras al arte?
-Creo que el arte me tomó a mí... si bien es un trabajo cotidiano, arduo y constante, el de estar en “condiciones” para ser un canal de esa energía maravillosa, sin dudas tener en casa desde niño a papá y al tío, eso influenció naturalmente en mi formación. He vivido la música como un juego.
-A la hora de componer ¿qué te inspira y en qué género te sentís más cómodo?
-Mirá, la composición es un hecho tan mágico, que no tiene un protocolo ni orden establecido, llega de las formas más variadas y diferentes y hasta “locas”. Desde una melodía que comienza a sonar en el alma, o una vivencia fuerte que me inspira, un pensamiento reflexivo, o simplemente se presenta y listo. Las veces que he intentado sentarme a “componer”, no han salido más que cosas excesivamente “premeditadas”, y me di cuenta la diferencia entre lo que genera el “yo” intelectual, reflexivo, y lo que viene del “yo” de otro lugar, cuando es así, hasta me sorprende, como si fuera de otra persona, me causa emoción... y ahí logro una plenitud y una felicidad en la música.
Los géneros musicales, si bien son una etiqueta, para “diferenciar” en una góndola un producto, sabemos que la música es universal y no tiene fronteras, somos la humanidad los que necesitamos hacer esa diferencia... Así y todo, lo que más se manifiesta en mis composiciones, son los ritmos y colores argentinos y latinoamericanos en su mayoría, pero con un fuerte acento de timbres orquestales, y el lenguaje del jazz, en la improvisación.
-Tu último disco, “Celebrando lo que viene”, es una belleza sonora de principio a fin. En tiempos tan difíciles, ¿el arte sigue siendo el bálsamo que nos cura para seguir?
-¡Totalmente! En mi caso lo vivencio en la música, pero como bien decís, el arte en sus múltiples formas, es la energía que nos nutre, nos cura, nos eleva, y está presente en cada ser viviente... Como decía Alexander Scriabin, alabemos al arte...yo creo que el arte es una expresión de Dios.
“En esta hora sombría y fría
en que el alma está llena de confusión
el hombre encuentra en ti la verdadera felicidad
del consuelo y el olvido.
Gentes de todo el orbe, unámonos todos, todos,
cantemos las loas del Arte.
Gloria al Arte, gloria por siempre, jamás.”
-Flor de la tarde y Fractal son dos de los exquisitos temas del disco. ¿Cómo surgieron esas composiciones?
-¡Muchas gracias! “Flor de la tarde”, es una composición dedicada a mi actual esposa, Violeta, y es un humilde reflejo de lo que significó en su momento, y lo que representa en nuestra actual vida.
Y “Fractal”, es la maravilla que siento al observar esas formas “geométricas perfectas” en que la vida se manifiesta, se abre paso y se multiplica.... En mi caso también, esto de abuelo, padre, tío, hermano, yo, y ahora los hijos... todos en la música, heredando y desarrollando esta misma línea del arte.
-¿Cómo surgió y qué significó para vos la obra sinfónica “Suite Folclórica”, para solista de guitarra y Orquesta, junto a las Orquestas Sinfónicas de Villa María y de la Universidad Nacional de Cba?
-Fue un sueño hecho realidad, compuesta allá por el 2001, en momentos sociales muy ásperos. Fue mi apuesta de fe en esos días, de que nuestro país se pusiera de pie y pudiera triunfar en sus adversidades. Y hasta el 2019 que se estrenara con estas dos bellísimas Orquetas cordobesas, y al arduo trabajo de realización tanto de los directores Luis Nanni (Villa María) y Hadrián Avila Arzuza (UNC), mi gran agradecimiento a ellos, que confiaron, e hicieron posible que llegara al público.
-¿Qué te dejaron las experiencias de Los Amigos del Chango y el Che Trío?
-Las dos experiencias fueron maravillosas, de mucho aprendizaje, de tocar con semejantes monstruos, y la libertad de expresión, en la improvisación constante y siempre diferente. En el caso de Los Amigos del Chango, junto al Chango Farías Gómez, Lito Vitale, Lucho González, Ramón Navarro, Mono Izarrualde, de invitados venían Raúl Barboza, Rubén Rada, Manolo Juárez, imaginate, yo tenía 15 años.
Y con el Che Trío, también, magnífico, fue la comunión guitarrística, junto a Daniel Homer y Ricardo Lew, si bien el lenguaje del jazz siempre presente, realizamos un trabajo muy dedicado, casi de orfebrería, y creo que logramos un sonido propio, diferente... y para mí un aprendizaje increíble, poder tocar con ellos.
-¿Cómo resultó la gira realizada por Sudáfrica?
-Literalmente fue un “viaje” (risas), poder tocar nuestra música, con tintes tan argentinos, en un público con una cultura tan diferente, fue maravilloso. Ahí comprendí que la música no tiene fronteras, ni etiquetas, hay un hilo conductor en todas las almas. Nos convocaron de Cancillería de la Nación para tocar en el Bass Line de Johannesburg, el festival Iberoamericano en la Universidad de Pretoria, junto al baterista Héctor Mieri, el pianista Leo Bernstein y la cantautora Violeta Quintana. ¡Una experiencia bellísima!
-Has compartido escenarios y grabaciones con una larga lista de artistas de diversos géneros. ¿Qué es lo más rico para un músico a la hora de compartir con colegas?
-Creo que, el “ubicarse”, en lo que la música pida. Hay artistas, a los que hay que acompañar, sostener, enaltecer sus voces, sus discursos, embellecer con el aporte desde los arreglos y la ejecución del instrumento propio. Y hay otros artistas con los que se comparte una libertad en la creación propia, o espontánea y permiten que uno pueda ser “uno mismo” sin condiciones. Todas son enriquecedoras, ya que lo importante es estar al servicio de la música,
-Por último, con tantos años de trayectoria, ¿cuál es, en general, el balance de lo vivido?
-Siento un gran agradecimiento a la vida, que me dio la posibilidad de haberme formado, haberme desarrollado, haber podido sostener como medio de vida, tener un canal de expresión del alma, y la sensación de “misión cumplida”, cada vez que hago música, ya que el servicio es tan necesario desde lo que cada uno de nosotros pueda “dar”. Siento mucha gratitud.