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La "revolución embalseña" de la mano de Nahuel Molina

El joven que integra el seleccionado argentino en el Mundial hizo explotar de alegría a su pueblo natal, que sueña con verlo jugar en la final. La felicidad de su hermana Lara y el recuerdo de una de sus maestras del primario, Vilma Miranda

En cada rincón de Embalse, en comercios, en las casas, hay una bandera argentina y cientos de miles de camisetas con la estampa de Nahuel Molina Lucero, el joven futbolista oriundo de esta localidad que integra el seleccionado argentino en el Mundial de Qatar 2022.

El martes Nahuel (24) volvió a ser parte del plantel que salió a la cancha y los vecinos invadieron las calles celebrando el triunfo. Pero más aun destacando la presencia del jugador local.

Mientras parte de la familia viajó a Qatar para acompañar desde la tribuna al joven y verlo cumplir su sueño, su hermana Lara lo hace a la distancia y siguiendo cada partido sin perderse un segundo. Sus padres y dos de sus cinco hermanos tienen la posibilidad de alentarlo desde la tribuna.

Nacido en una familia trabajadora y humilde, Nahuel está cumpliendo su gran sueño. Y todo su pueblo lo acompaña. Fue en el partido contra Países Bajos que convirtió su primer gol en la selección.

Lara Molina Lucero es la hermana mayor de Nahuel y sigue cada partido del Mundial desde Embalse. No pudo viajar por tener sus hijas pequeñas. Pero a la distancia disfruta de cada momento. “Desde chiquito nos ha dado alegrías, excepto la salida de Boca, después todo hermoso”, contó a Puntal.

“Él empezó a jugar al fútbol a los 5 años en el Club Náutico Fitz Simon. Hasta los 11 jugó allí. Siempre se destacó. Es más, por ahí los papás de los chicos de otros equipos le pedían el documento de Nahuel al árbitro porque no creían la edad que tenía por su habilidad con el fútbol”, relató Lara.

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“Cuando era chico todos corrían tras la pelota y siempre Nahuel se destacaba, preparaba las jugadas, hacía goles y era muy chiquito”.

A los 11 se fue a Buenos Aires a la sede que tenía el Barcelona Juniors en Luján, la que actualmente es la sede “Pedro Pompilio”. Ahí hizo todas las inferiores hasta que debutó a los 17 años.

“Para nosotros es un orgullo inmenso que él sea parte de la selección. Nos criamos adentro de una cancha. Mi papá es director técnico y ha jugado al fútbol. Entonces esto es un montón. Me imagino a mi viejo disfrutando de todo eso allá. Yo estoy acá, no viajé porque tengo hijas chiquitas. También otra de mis hermanas está en Río Cuarto. Los que viajaron fueron mis padres y dos de mis hermanos”.

Lara recuerda que también Nahuel compitió en la Copa América, pero debido al Covid la familia no pudo acompañarlo. “Por eso estar allá y con él para mis padres y hermanos es lo más”, recalcó Lara.

“Desde los 5 años Nahuel juega al fútbol y siempre se destacó aun entre los más grandes”.

Esta hermana destaca la nobleza y humildad de Nahuel, que cada vez que puede regresa a su Embalse natal para disfrutar de la familia. “Ahora está en España, en el Atlético Madrid”, resalta.

Sobre la final que se jugará el domingo, prefiere no emitir opinión. Tal vez sea una cábala, así como la de sus hermanos varones y padres, que eligen no dar notas por el momento.

El orgullo de sus docentes

Quien sí da su testimonio, y está orgullosa de que su exalumno sea parte de la selección argentina, es Vilma Miranda, la docente de primaria de Nahuel.

“Es un ejemplo Nahuel y es una alegría para sus exdocentes. No dejo de sorprenderme y admirar a ese pequeño que ingresó a primer grado, su maestra era Diana Gallardo. Ese chico que solo quería jugar y jugar en la canchita de la escuela. Era muy brillante y le ganaba hasta a los chicos de sexto grado. Era buen alumno, pero su pasión era el fútbol. Impacta que una figura de la selección haya sido alumnito nuestro. Llena el corazón porque Nahuel siempre ha sido una persona tímida, agradable, muy buen compañero. Nunca estuvo agrandado”.

La docente destacó la nobleza del joven, que en el aula siempre tenía palabras de aliento para con sus compañeros y docentes. Y tras irse a Buenos Aires, siendo muy chico, a su regreso iba a la escuela a saludar a sus maestros y compañeros.

“Siempre cuando volvía nos iba a saludar y nos decía que extrañaba, pero que tenía que hacer ese sacrificio para llegar a ser un buen jugador. Y lo logró”, finalizó Vilma Miranda.

Patricia Rossia. Redacción Puntal