Hablar con Nicolás Foglia es un aprendizaje de vida. Las experiencias recolectadas en estos pasos en el extranjero te permiten dimensionar lo sencillo de nuestra vida y a darle valor. Claro está que no es lo mismo vivirlo a que te lo cuenten. Pero con la sensibilidad del zaguero central uno se aproxima mediante sus palabras.
Tras ganarse una revancha luego de complejos años de lesiones, desde 2016 la situación cambió y a los 30 años su vida dio un giro.
Encontró en la fe el bastión para seguir en actividad, reconvertirse y hoy sentirse pleno, primero en un grande de Venezuela como el Deportivo Táchira y ahora en el Club deportivo Iztapa de Guatemala.
En diálogo con El Deportivo, nos explica de qué se trata esta nueva experiencia no sólo deportiva sino también con otras connotaciones que trascienden el fútbol.
-Estoy en Iztapa y es un pueblo chico, en un club muy humilde que se sumó hace un par de años a la liga mayor de Guatemala y está tratando de hacer las cosas bien; hicimos un torneo muy bueno, el último, ahora se redoblaron apuestas, decidimos continuar. En ese momento estoy en la ciudad de Guatemala (capital del país) esperando comenzar la pretemporada la semana que viene.
-¿Qué te dejó la experiencia en Venezuela?
-Fue una experiencia increíble, desde todos los lados que lo mires así fue. Fui a un club de los más grandes del país, con todo lo que significa eso a nivel mediático. El club, las instalaciones, son muy buenos; después, la experiencia de haber podido jugar el partido de Copa Libertadores, para mí no tiene precio, es algo increíble haber jugado un partido así (derrota con Independiente Medellín). Terminar y cerrar el campeonato siendo ganador de grupo y después nos tocó perder la final. Haber llegado a esas instancias fue increíble. Después para vivir a nivel social y la vida, también fue una gran experiencia porque me ha tocado sortear un montón de dificultades que vive el país pero eso realmente te hace crecer y madurar y valorar lo que vas consiguiendo durante la vida.
-En torno a esas dificultades que tiene Venezuela, ¿cuáles eran?
-Algo simple, por ejemplo, a mí se me iba la luz entre doce y quince horas por día. Solamente tenía nueve horas y cuando no teníamos luz no teníamos agua, porque funcionaba todo por bomba eléctrica. Tenés que organizarte bien, racionar bien el agua, cargar los teléfonos, a la comida no la podés poner en la heladera, como no tenés luz no se alcanza a mantener y se pone fea. El hecho también de que no se consiguen las cosas, que las tenés que pedir en Colombia; después escuchar a gente que te dice que ellos no comen; por ejemplo, el guardia del edificio donde yo vivía me decía que él a la noche no comía porque no le alcanzaba. Ver gente con un semblante de desilusión terrible, fue un año difícil pero que me sirvió para madurar, para crecer, para darme cuenta de que tengo mucho y que puedo compartir y ayudar a los demás.
-En un momento de tu carrera tuviste una seguidilla de lesiones y algunas muy graves, ¿pensaste en largar todo ahí?
-Sin dudas, cuando tuve la lesión de rodilla y a nivel personal fueron pasando cosas en la familia que hicieron dejar de lado al futbol y lo tenía en segundo plano. En ese momento me costó recuperarme, me desgarré cinco veces seguidas los gemelos y dije que ya estaba, pensaba que había cumplido lo que tenía que cumplir a nivel profesional. Me había puesto a estudiar en esa época y pensar que para lo que restaba de vida era muy joven, si bien para el fútbol quizá ya estaba grande pero para la vida era joven y pensé que tenía que encontrar otro camino. Después de ese tiempo tuve un acercamiento a Dios y ahí renové los sueños y empezaron a surgir otras cosas, crecimos en Estudiantes y se dieron posibilidades que hicieron que los sueños volvieran a reflotar mi vida.
-Da la impresión de que tenés una carrera con muchas carreras adentro, desde tu tiempo en Buenos Aires, Estudiantes, tu paso por Centroamérica y Venezuela ¿lo tomas así?
-Tal cual, te diría que el fútbol son momentos y todos los momentos hay que saber disfrutarlos, buscarles lo bueno y aprender de cada uno. En esos donde nadie te tiene en cuenta no quiere decir que se termina la carrera sino que hay que redoblar esfuerzos y seguir para adelante. Es año tras año; cuando tuve las lesiones si bien muchas veces se me presentó el hecho de dejar la carrera, mentalmente yo sabía que podía seguir dando más en el fútbol y me acuerdo que mi hermano me dijo algo que me quedó grabado y fue “vos no te podés retirar así del fútbol”, como diciendo ‘el fútbol no te puede retirar así a vos, vos te tenés que retirar cuando quieras’. Eso me quedó haciendo ruido y me dije que no podía cerrar mi carrera de esa manera, tenía que recuperarme y terminar bien y ser positivo para poder después, desde ese testimonio, edificar a los que vienen más abajo, desde la experiencia que uno va agarrando.
-Contanos cómo es Iztapa, pegado a la costa del océano Pacífico.
-Yo llegué de noche y me llevaron al pueblo desde el aeropuerto; al otro día, cuando me levanté, la impresión no fue muy buena porque el pueblo es bastante precario y la gente está acostumbrada a vivir de esa forma; no quiere decir que esté pasando necesidades sino que se acostumbra a vivir de esa forma. Es un lugar que vive mucho de la pesca, porque tenemos el mar muy cerca y la gente vive de esa forma y con muchísimo calor. Fue un golpe bastante duro. Después desde ahí empezamos a buscar un lugar para vivir con mi familia y no conseguimos porque es un pueblo muy chiquito, con algunos faltantes, y entre esas cosas no hay lugares para alquilar. Nos quedamos en un hotel y ahí llevamos a cabo este propósito que vinimos a cumplir a Guatemala; estamos muy agradecidos al club, hemos hecho una campaña muy buena y a nivel familiar buscándole el lado bueno para crecer, renovamos el contrato para continuar ahí porque como decimos nosotros es una tierra de bendición.
-¿Con qué gente te encontraste en Guatemala?
-Es increíble, por lo menos la gente que me ha tocado conocer es muy servicial, muy amable, que se brinda al cien por ciento; de hecho, pasé todas mis vacaciones en la casa de un compañero y así es toda la gente. Los mismos compañeros se brindan, te prestan el auto, te llevan a comprar cosas. En el pueblo no hay supermercados y para ir a comprar tenemos que hacer un viaje de 20 minutos en auto a un pueblo vecino y ellos me llevaban o me daban el auto. Ahora mismo, cuando veníamos a la capital, me prestaban sus casas para venir con la familia. Y la gente alrededor de ellos también es igual, es algo común que tienen, les encanta ser serviciales y hacer sentir cómodo al extranjero. Ese apoyo de ellos me hace sentir bien y que nosotros estemos contentos acá.

