Río Cuarto

“No hay más casos de abuso sexual sino más conciencia de denunciar”

Lo asegura Luciana Ghirardi, psicóloga a cargo del área de asistencia a víctimas de delitos contra la integridad sexual que funciona en el viejo Hospital. Además, considera que hace falta más prevención
 
El área de asistencia a víctimas de delitos contra la integridad sexual funciona en la ciudad desde 2012, en el viejo Hospital. “Lamentablemente estas áreas tienen gran demanda desde el ámbito de la Justicia porque cada vez hay más denuncias, no es que haya más casos de abusos, es algo de toda la vida, sino que hay más conciencia de denunciar”, afirma Luciana Ghirardi. 

La psicóloga que hace casi diez años que trabaja en este servicio, ahora dependiente de Ministerio de Justicia de la Provincia, explica: “Yo no atiendo otra temática. Los oficios si ingresan por violencia familiar o de otras áreas y son casos de abuso, me los derivan a mí”, cuenta.

En Río Cuarto no existe una unidad judicial especializada en los delitos contra la integridad sexual, y la profesional asegura que tampoco se logró conformar un equipo interdisciplinario de asistencia a las víctimas como el que funciona en la ciudad de Córdoba cuando se creó el programa.

-¿Cómo se puede empezar a trabajar para prevenir?

-Cuando hay más información, más capacitación y más apertura a hablar de estos temas, ya sea en el ámbito educativo, en las vecinales, en copas de leche, en los clubes. Yo soy docente de la Universidad Siglo 21 y en una de las materias (Estrategia de Intervención Comunitaria) llevamos adelante una campaña de prevención en una copa de leche a pedido de la persona que está a cargo. Entonces vemos que empieza a haber adultos que también quieren incursionar en hablar de esto, de aclarar las situaciones en los niños para que ellos se den cuenta cuando estén viviendo alguna situación que tiene que ver con el abuso y la puedan poner en palabras. Que no sea sólo una cuestión de diagnóstico clínico. Eso habilita que hoy haya más denuncias.

 -¿Cuál es el rol de los adultos que acompañan a los niños?

-Es muy importante que los docentes y aquellos adultos que estén cercanos a los niños también conozcan qué hacer frente a una situación. Al estar la ley de protección de niños, niñas y adolescentes tenemos el deber como adultos, si tenemos conocimiento de un hecho de vulneración de derechos de un niño, sobre todo de un delito sexual, de alertar a la autoridad de aplicación, que en este caso es la Senaf.

-¿Hay indicios que se pueden tomar en cuenta?

-En el abuso sexual no hay indicadores absolutamente precisos, salvo el relato. Los niños no mienten ante estas situaciones, mienten en algo conocido... si un niño dice “tal me hace tal cosa” no puede mentir en algo que no conoce. Como adultos y como padres, lo principal es creerles. 

-Si no es por el relato, ¿qué conductas podrían despertar una sospecha?

-Un niño está construyendo su sexualidad y hay conductas que son esperables porque quieren conocer su cuerpo.  El problema es cuando empiezan a cambiar la actitud frente a diferentes personas, a negarse a ir a determinados lugares, o hay más gritos, más llantos y más caprichos, y negación o excesiva resistencia a la higiene. En los casos de  niños que han vivenciado situaciones de abuso desde muy pequeños es imposible. Se pueden encontrar lesiones por cualquier situación de abuso, manoseo, introducción de objetos, tocamientos, eso puede determinar alguna lesión física. Entre los 4 y 6 años, podemos ver cambios conductuales, puede haber regresión en el proceso madurativo, volverse a hacer pis, a hacer caca. Terrores nocturnos, demasiados, que no duermen en toda la noche. Puede haber cuestiones cognitivas, un retraso, conductas hipersexualizadas, excesivas, como estar todo el día frotándose, o jugar a actos sexuales de adultos que para un niño es desconocido, porque una cosa es “te bajo la pollera para ver qué tenés abajo de la bombacha”, con 5 años, y otra cosa es obligar a una niña o un niño que le bese o le chupe el pene. Entonces si lo está replicando es porque lo ha visto, se lo hacen o alguien lo está haciendo enfrente de él. Esa es la diferenciación de lo que sería esperable y de lo que no, y es muy importante. 

-¿Qué dicen las madres, padres o acompañantes cuando llegan al consultorio?

-La mayoría te dice que no habían observado antes alguna sospecha. El tema es que cuando empezás a hablar con algunas mamás empiezan a surgir que hubo de alguna manera formas en que los niños hablaban sin poder hablar en palabras. Por ejemplo, quizás iba muy bien en la escuela y empieza a tener un fracaso escolar. 

-¿Se puede prevenir un abuso?

-Sí, se puede prevenir. Se necesitaría en el país, primero políticas públicas reales de prevención. En Argentina tenemos un sistema de salud de APS que intenta trabajar desde la estrategia primaria de atención de la salud y el tema del abuso sexual es parte de la salud mental. Y debería estar incluido en la agenda política. No sólo con un número para denunciar, que es importantísimo, al igual que todo lo que no había antes y hoy sí está. Yo celebro que esté pero lo importante es no tener un montón de pacientes y con pocos recursos para la asistencia, sino que lo importante sería tener menos asistencia y trabajar más en la prevención.



Abusos intrafamiliares



La profesional que hace casi diez años que trabaja en el área de víctimas de delitos contra la integridad sexual alerta que cuando los hechos de abuso son intrafamiliares o se trata de personas conocidas de la víctima, que se pueden perpetuar, generan una ambivalencia que daña mucho a un sujeto. “Esta ambivalencia daña muchísimo a una persona, porque cómo puede después volver a confiar. Daña la confianza, la autoestima, la huella del abuso sexual es imborrable”, afirma. También depende de la edad, el vínculo, el tiempo que duró la situación. 

Además, explica: “Por esto de la inmadurez emocional que tienen lo niños, son más propicios para ser amenazados, que un adulto, lo que posibilita que el abuso se perdure en el tiempo”. 

-¿Como entrenarse como padres para frenar una situación?

-Yo cuando doy charlas en instituciones educativas explico que el niño tiene una sexualidad. Y a veces en los propios hábitos que tenemos en nuestras casas, en el afecto de papás, es importante diferenciar: no dar besos en la boca, porque el niño no puede diferenciar la intencionalidad, no en casa y no por fuera, tener cuidado de las caricias o los besos en partes íntimas porque son partes erógenas. Eso va a permitir que el niño identifique cuando pase algo por fuera o dentro de su familia que no sea habitual, pueda demostrar con una señal de alerta, con un no, con un llanto, con una negación. También depende las edades evolutivas. Cuando van creciendo, hablar de esto, de que tu cuerpo es tuyo, trabajar mucho con los derechos que tiene el niño y eso de que nadie puede hacer lo que quiera. Formar parte de la educación sexual con perspectiva de prevención.

Todo tiene una contraparte... no todo es abuso. El impacto que genera esta situación de intentar pensar en que alguien puede hacerle algo tan nocivo para la vida de un niño nos aterroriza y parece que vemos abusos por todos lados. Como profesional, incluso, hay que tener mucha ética frente a esta situación, porque muchas veces podemos salvar la vida de un niño, y otras,  podemos malinterpretar una situación y dañar a ese niño. 

-El caso de los abusos en los jóvenes futbolistas destapó que también los delitos sexuales son contra los hombres. 

-Sí. Cada vez son más los casos de varones abusados. Este caso es un ejemplo de la posibilidad que siempre tiene el victimario sobre la víctima, el poder. Esos niños en búsqueda de progresar, de tener un sueño de cumplir algo, a lo mejor no tenían otra forma de acceso, y accedían a situaciones o hechos que no eran para nada agradables y tampoco estaban consentidos

Yo creo que hay dos cosas: el abuso sexual puede pasar en cualquier lado  y en cualquier clase social, en las instituciones deportivas, en la escuela, en la casa, en la iglesia, en ámbitos donde depositás confianza. 



Formación de recursos



“Es complejo trabajar el abuso sexual, se tiene que trabajar en equipo interdisciplinario”, sostiene Ghirardi. “Es una demanda psicológica pero a la vez es un delito y uno no se puede abstraer de eso”, añade. 

“El abuso sexual está siendo cada vez más una demanda puesta a trabajar y a dar respuesta con psicólogos. Entonces, necesitamos tener conocimiento de que es un delito penal, que nos posiciona a los psicólogos como testigos”, explica.

El 11 de agosto, la especialista iniciará un curso de formación “Abuso sexual. Lineamientos prácticos para su prevención, abordaje y aspectos legales de la intervención”, avalado por el Colegio de Psicólogos. 

-¿Cuántos casos ves por día?

-He intentado hacer cambios, poner límites y pedir gente porque es una cuestión de exceso. Acá hace 7 años y medio que trabajo y el recurso que tiene el Estado para la asistencia de esta temática específica es muy escaso. De acá encaja mi interés en realizar el curso en el Colegio de Psicólogos, de formar gente porque   hay una falencia del Estado en este sentido.  





El temor a exponer la situación

“Existe el temor a denunciar para no exponer a un niño o niña, en caso de que sea víctima, y a un familiar, si es el victimario, porque tenga buena imagen dentro del núcleo familiar o por su repercusión pública. Yo les diría a los adultos que se pongan a pensar un segundo en lo que puede vivenciar un niño o niña en una situación de abuso sexual y eso es lo que nos tendría que quitar el temor de denunciar a quien sea”, afirma Ghirardi. 

A lo que añade: “Se trata de una cuestión de protección. Las niñas y niños que hayan vivido una situación de abuso sexual una vez, o muchas veces en su vida -porque esto puede propagarse en años- les genera un daño irreparable que causa situaciones de inmenso terror, temor, dolor físico, dolor psíquico, malestar”. 



Magdalena Bagliardelli

“Todo esto nos tendría que quitar cualquier temor o duda al momento de efectuar una denuncia contra un familiar o quien sea”, concluye.