Carrera de fondo en busca de la verdad
Los juicios por jurado popular se caracterizan por ser expeditivos: a diferencia de los juicios ordinarios que pueden prolongarse meses, la gran mayoría de los procesos con ciudadanos comunes en el rol de jueces se resolvió en apenas una semana.
El juicio por el crimen de Nora Dalmasso será la excepción, como lo fue el que se celebró por el asesinato de Claudia Muñoz que llevó varias semanas y concluyó con la condena del albañil de Las Albahacas Sergio Medina.
La complejidad de la causa Dalmasso que acumuló 7 mil fojas y por la que desfilaron 300 testigos hace presumir que en lugar de una carrera de cien metros lo que comenzará desde esta mañana será una maratón que insumirá entre dos y tres meses, o incluso más.
¿Quién puede predecirlo? Nadie. Ni los jueces, ni el fiscal ni la defensa podrían arriesgar en forma categórica cuándo se extenderá el juicio que tendrá a Marcelo Macarrón en el banquillo, por la sencilla razón de que aunque sólo se cite a una parte de los que ya declararon -se especula que serán unos 50 los que deberán comparecer frente a los jueces- la cantidad de testimoniales es tal que no hay manera de que puedan tomarse en un puñado de semanas.
Advertidos de eso, algunos de los 50 ciudadanos que habían sido preseleccionados para integrar el tribunal se excusaron con argumentos fundados de participar en el tribunal, pues la chance de permanecer meses en el estrado arruinaría sus economías familiares.
Así lo planteó, por ejemplo, el dueño de una peluquería. Los 1.800 pesos que recibirán los jurados por día no iban a compensar el cierre de su fuente laboral durante meses. Algo similar planteó un vendedor de autos que subsiste con el cobro de las comisiones por los vehículos que vende en el mes.
A estas situaciones se sumaron las impugnaciones que hicieron las partes cuando advirtieron riesgo de parcialidad en alguno de los postulantes. Así se llegó a la lista definitiva de 8 jurados titulares y 16 suplentes que debutan en la mañana de hoy.