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El tribunal apoyó a Rivero y reprochó los prejuicios en la investigación

Con las demoras y la improlijidad que caracterizó a la actuación del tribunal durante el juicio oral y (no tan) público a Marcelo Macarrón por el crimen de Nora Dalmasso, ayer se dieron a conocer los fundamentos de la absolución al viudo pedida por el fiscal Julio Rivero, que dejó a los jurados populares y los jueces técnicos sin posibilidad de decidir sobre la inocencia o culpabilidad del imputado

El documento, que constituye la pieza final del caso Dalmasso –al menos en el plano jurídico punitivo-, tiene la friolera de 2.330 páginas, pero solamente un puñado de carillas fundamentan la decisión de absolver a Macarrón: la falta de elementos probatorios, el principio constitucional de inocencia y la doctrina jurídica del in dubio pro reo, un latinismo que se traduce en que la duda siempre beneficia al acusado.

“El análisis de las conclusiones finales emitidas por el Sr. Fiscal de Cámara permite advertir que ha hecho expresa mención a los elementos de prueba –de mayor relevancia- legalmente producidos e incorporados al debate y que, a su criterio, impedían corroborar –en grado de certeza- los extremos subjetivos de la imputación jurídico delictiva; en concreto, que Marcelo Eduardo Macarrón hubiera desplegado tanto el accionar que el requerimiento de citación a juicio le endilgaba, cuanto diversas y eventuales plataformas fácticas por aquel planteadas -con diversos grados de participación del acusado en ellas- que también descartó”, escribió el presidente del tribunal, Daniel Vaudagna, en la fundamentación del voto al que adhirieron sus pares Irina García y Gustavo Echenique.

En otras palabras, el tribunal sostuvo que no tenía otra posibilidad que adherir al pedido del fiscal porque así lo marca la ley, lo que dejó al jurado popular –y a ellos mismos- sin la posibilidad de votar por la inocencia o culpabilidad del imputado. No obstante, al estar clausurada la investigación penal (la causa ya estaba prescripta incluso cuando comenzó el juicio), el tribunal admitió el pedido del fiscal para remitir el expediente a un nuevo fiscal, que deberá continuar investigando para llegar a la “verdad histórica” del asesinato de Nora Dalmasso.

En definitiva, tras aclarar que obró estrictamente ajustado a la ley y los códigos vigentes, el tribunal validó la actuación del fiscal de Cámara y deslizó críticas a los fiscales de instrucción. A su juicio, Rivero probó “con debida fundamentación que, de ningún modo –en el debate- se demostró, en grado de certeza, que Marcelo Eduardo Macarrón hubiera intervenido en la plataforma fáctica que le atribuyó el requerimiento de citación a juicio”, es decir, haber sido el autor intelectual del homicidio de su esposa. La frase, leída fuera de contexto, podría haber sido adjudicada al abogado defensor, a quien el tribunal no dedicó ni una oración.

Sin costas ni falsos testimonios

A pesar de la orfandad absoluta de pruebas de la acusación, al analizar la imposición de costas los camaristas consideraron que el Ministerio Público “tuvo razones para sostener su impulso” (sic) persecutorio, por lo que estimaron “prudente no imponer las costas correspondientes al vencido”. El oportuno y sugerente párrafo le cerraría las puertas al viudo y sus letrados para plantear un reclamo indemnizatorio a la Provincia.

Los camaristas recordaron además que “en el devenir del debate se respetó la garantía constitucional consistente en que nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo (…) con relación a testigos que, en virtud de un acto oficial (…) fueron sindicados como eventuales partícipes –término este entendido en sentido amplio- en conductas delictivas”. Pero llamativamente no pidieron que se investigue a ninguno de esos testigos sospechados por falso testimonio: ni a Silvia Magallanes, ni a Ricardo “no me acuerdo” Araujo, ni al (ex) vocero Daniel Lacase. Nada. En cambio dieron curso al pedido de Rivero de remitir el expediente a un nuevo fiscal “a los fines de la prosecución de la investigación penal preparatoria”, sin mencionar en ningún momento que el delito está prescripto y por tanto no existe ninguna posibilidad –así lo encuentren- de sancionar al eventual homicida de Nora Dalmasso.

“Otra Nora”

La vocal García se dio el lujo de escribir quince carillas –varias más que las que necesitó su colega Vaudagna para justificar la absolución de Macarrón- para avalar el pedido del fiscal de declarar a Nora Dalmasso “víctima de violencia de género”. Para García, “las distintas formas de exposición que sufrió la intimidad (del cuerpo y de las opciones personalísimas) de la Sra. Nora Raquel Dalmasso impactaron –indebidamente- sobre su honra, sobre sus intereses y sobre su memoria. Todos estos conceptos son bienes y son objeto de protección jurídica”.

La camarista apuntó que el debate oral y (no tan) público “testigo tras testigo vimos cómo las características que asociamos a ese nombre cayeron una a una (sic)” y en cambio “emergió otra Nora Raquel Dalmasso, distinta y real”.

“Conocimos a una mujer que gustaba de la soledad, de la lectura y las plantas; generosa con su tiempo, atenta a las necesidades de los demás; una mujer que confiaba a San Antonio sus deseos auténticos: la salud de su padre y la relación con su marido (sic), los proyectos de sus hijos y algunas ventajas para la economía familiar. Supimos de su belleza y cuidado personal (aunque eso –tal vez- era innegable), que cuidaba a sus hijos y su futuro, y que era celosa de su intimidad (tanto, que no la confió a nadie)”, escribió la jueza.

Tras su idílica descripción de la víctima, aclaró: “aunque en el devenir del debate se hubiera corroborado la imagen previamente instalada sobre Nora Raquel Dalmasso, esa circunstancia en nada hubiera menguado su victimización por razón de género. La óptica contraria importaría el fortalecimiento de estereotipos –de género- a cuya eliminación se debe propender”.

En su voto, García hizo una fuerte crítica a los fiscales de instrucción al considerar que “detrás de los déficits de la investigación aparecen los estereotipos de género, sesgando algunas líneas investigativas y privilegiando otras, sucumbiendo al morbo y al escándalo”.

“Intuimos que detrás de los rumores acerca de sus decisiones privadísimas emerge aquel estereotipo que asigna destinos funestos a las mujeres deseables y deseantes”, insistió. Y agregó: “La Sra. Nora Raquel Dalmasso fue víctima de una vulneración indebida en su intimidad; las características con que se construyó el personaje que llevó su nombre respondieron a una visión sesgada y estereotipada de un tipo de mujer a la que era posible invadir y asignar malas consecuencias”, por lo que “su situación debe ser visibilizada (en el contexto de la presente causa) y reconocida”.

La Sra. Nora Raquel Dalmasso fue víctima de una vulneración indebida en su intimidad; las características con que se construyó el personaje que llevó su nombre respondieron a una visión sesgada y estereotipada de un tipo de mujer a la que era posible invadir y asignar malas consecuencias La Sra. Nora Raquel Dalmasso fue víctima de una vulneración indebida en su intimidad; las características con que se construyó el personaje que llevó su nombre respondieron a una visión sesgada y estereotipada de un tipo de mujer a la que era posible invadir y asignar malas consecuencias

Sin aportar prueba ni indicio alguno sobre el crimen de Nora, la jueza concluyó su voto con otra curiosa aclaración: “Es importante destacar que (a Nora) la reconocemos y no la declaramos. Es un acto de justicia que podría independizarse de la solución que se dio a la imputación del Sr. Marcelo Macarrón (¿?). Este reconocimiento se acompaña de una invitación a la reflexión y al debate sobre los estereotipos, a la sociedad civil que a veces en forma inconsciente- acuna estereotipos y prohija desigualdad y violencia; a los miembros del Poder Judicial y del Ministerio Público Fiscal (entre quienes nos incluimos) para continuar con la capacitación y la reeducación en materia de derechos de las mujeres”.

“Los parámetros expuestos –a criterio de este tribunal- deberán ser plasmados en la tarea de prosecución de la investigación penal preparatoria con prioridad de juzgamiento y como efectivización del derecho a la verdad de las víctimas”, concluyó, adhiriendo con su voto a que se siga investigando (¿?) una causa prescripta, pero ahora con perspectiva de género.