Espectáculos Nordio |

Hablando con su violín

Exhibición de talento del gran violinista italiano Domenico Nordio a través de un repertorio nada complaciente.

Agachado sobre su violín y modulando introspectivamente, nota por nota, con el movimiento de los labios, introspectivo pero a la vez abrasado de pasión por su música, Doménico Nordio hizo pasar un talento como un flash, como un regalo que por momentos la platea, entre tropiezos “celulares”, no parecía predispuesta a recibir en todo su esplendor. 

Con Bach en los extremos, empezando por la precisa y delicada interpretación de la Segunda Sonata con su apertura rapsódica de tempo muy lento que ornamenta con precisión, y cerrando con una de las Partitas  y un breve bis también del genial compositor alemán, el magistral violinista italiano desplegó todo su arsenal expresivo.

Pero si en esas interpretaciones su dominio de las frases y modulaciones resultan de una delicadeza y una precisión apabullantes, más sacuden las dos composiciones restantes del concierto en las que el desbordante dominiodel instrumento lo trasnforman en una extensión de si mismo. 

Una de ellas, el quebrado “Elogio per un’ombra”, de su coterrano Goffredo Petrassi, atravezada de “pizzicatos” que piden niveles diversos de intensidad, y de desafiantes silencios destinados a reflejar una respiración melódica discordante, requerimientos de manejo expresivo que el desbordante talento de Nordio sabe desarrollar en su desafiante expresividad. 

Otro, la “Cleopatra”, obra para violín sólo del compositor turco contemporáneo Fazil Say que por la misma condición de su autor, expande modos armónicos singulares que obligan a una exploración constante de los extremos del instrumento, algo que evidentemente no inquieta a Nordio sino que por el contrario la permite desplegarse en su a cada paso floreciente expresividad pasional. 

Un lujo musical, uno de esos momentos artísticos que conectan con la individualidad de un artista de fuste que, como hace dos años y ahora a telón abierto, produjo uno de esos instantes de plenitud que llegan de la mano de grandes interpretes como Doménico Nordio, que se abalanza sobre su violín, le habla por lo bajo mientras toca, y el violín le responde de maravillas. 

Ricardo Sánchez