“Incorporar y ser parte del entorno…sin alterar, haciendo - si es posible- un gesto humilde, un aporte”.
Bajo esa premisa, los arquitectos Ignacio Serralonga y Cristian Lico, responsables del estudio “Hombre de barro ”, de Villa General Belgrano, asumieron el compromiso de dar vida a una vivienda en medio de un bosque de coníferas y sobre una ladera en Inti Yaco (en quechua: “Aguas del Sol”), en el corazón del valle de Calamuchita.
Con técnicas de bioarquitectura, proyectaron una casa que hoy ya forma parte de ese entorno natural con un impacto casi nulo en el contexto donde se emplaza.
“Todo se origina a partir de dos situaciones clave: el requerimiento específico por parte de los comitentes respecto a la funcionalidad del espacio, por un lado; y el contexto topogeográfico, por otro”, explican los profesionales.
Todo ello, bajo el propósito de respetar al máximo lo natural existente.
Bioarquitectura
La propuesta se llevó adelante a partir de la conjunción de distintas técnicas de construcción natural.
Utilización de adobes, quincha, techos vivos y diferenciación de aguas grises y negras con tratamientos de fitodepuración, torres de enfriamiento natural, calefacción por lechos de piedras y la provisión de agua caliente combinando tres dispositivos interconectados: calefón solar, calefón a leña y termo a gas.
“La obra nace en un bosque de coníferas, sobre una ladera de las sierras que da al noroeste y que mira hacia un brazo del río Los Reartes, en Inti Yaco”, precisaron.
Para agregar más adelante: “Este contexto define y da idea de cómo se enraizará la obra en el sitio, como la arquitectura interactúa con él y como dialogan, en silencio.”
Una terraza verde sirve de vínculo entre el objeto arquitectónico y el medio, además de ser plataforma visual hacia el río y el bosque de coníferas.
Los arquitectos destacan que la orientación es el factor principal y que, junto con la luz y la energía solar, son el motor y “captador” energético de la vivienda.
“Se trabajó en base a un sistema filar constituido por rollizos de madera de saligna y tensores que rigidizan, nudos y planos. Uniones clavadas, encoladas o con anclajes metálicos, según sea necesario. Esta conformación estructural da por resultado un sistema dúctil, que se adecua perfectamente a los requerimientos sismo-resistentes de la región (Zona 1)”, especificaron.
Climatización natural
La construcción tiene un eje longitudinal suroeste-noreste a partir del cual se entrelazan los distintos sistemas pasivos de climatización natural, con lechos de piedra, acumuladores de calor, invernadero, torre de enfriamiento natural y colector solar para calentamiento de agua.
“El sistema de calefacción trata de optimizar al máximo la energía solar en búsqueda de mayor autonomía respecto a fuentes energéticas externas. Las aberturas son de madera a medida, con marcos de soita y hojas de cancharana, a fin de asegurar la ruptura del puente térmico y la conservación energética. Tienen vidrios DVH 4+4 con cámara de 9 milímetros”, agregan los arquitectos.
A modo de reflexión, los responsables del estudio “Hombre de Barro” concluyen que “se ha llegado a materializar una obra que caracteriza el espacio. No solo el creado, sino al existente”. “Todo cobra otro sentido o profundiza el que ya tiene, lo que permite inferir que la obra se relaciona en sus distintos niveles de creación con el medio, mimetizándose con el mismo”, resaltan.

