Ese giro en las lluvias permitió a su vez dar vuelta la página en el pesimismo de productores, especialmente de analistas económicos, y en última instancia también en el gobierno nacional, que ve ahora con mucho entusiasmo la posibilidad de alcanzar una cosecha cercana al récord. Eso abriría la posibilidad de una recuperación, al menos suave, de la economía argentina a partir de abril.
Lo cierto es que el quiebre estuvo en octubre. El mes pasado se advirtió una fuerte recuperación de la humedad en los perfiles con casi 100 milímetros a lo largo de los 31 días. Mientras que noviembre cerró con más de 170, muy por encima de los valores históricos. Fueron dos períodos que permitieron recortar el arrastre de la sequía.
Sólo habría que tener en cuenta que en los primeros nueve meses del año, con tramos de altas probabilidades de lluvia como el primer trimestre, se acumularon solamente 295 milímetros sobre un valor anual promedio para Río Cuarto y la región de unos 800 milímetros. Es decir que, para alcanzar el valor “normal”, debían registrarse 500 milímetros en tres meses. La marca no fue tal, pero de todos modos hubo una marcada recuperación. Para cerrar la brecha haría falta que a lo largo de este último mes del año se sumaran unos 225 milímetros, algo que los especialistas creen poco probable que ocurra. Sin embargo, aseguran que podría alcanzarse un valor similar al menos al de noviembre, lo que dejaría el acumulado anual muy cerca de la media histórica.
El impacto de la llegada de El Niño será determinante en la producción agrícola, de acuerdo a las primeras proyecciones que se vienen realizando desde organismos oficiales y también desde las entidades agropecuarias. Incluso el propio presidente Mauricio Macri habló de la posibilidad de alcanzar los 140 millones de toneladas en el ciclo agrícola, para lo cual aportaría un porcentaje importante el maíz, que sigue recuperando terreno frente a la soja. En la misma superficie, el rinde en toneladas es mayor que el de la oleaginosa.
Esos niveles de producción permitirían abonar la posibilidad de un ingreso importante de dólares a la economía naciónal vía exportaciones y además mover la rueda en la actividad en el interior. En ese sentido, las zonas más vinculadas a la actividad agropecuaria tendrían un efecto positivo más temprano que aquellas zonas más alejadas de las regiones rurales. Por eso, en el sur provincial, un buen nivel de lluvias podría derivar en un rebote económico hacia el segundo trimestre de 2019.
Redacción Puntal