“Las cosas más lindas de la vida son aquellas que se hacen porque sí, sin esperar”

Juan Pablo Fernández repasa su rica carrera musical con Acorazado Potemkin y Pequeña Orquesta Reincidentes y anticipa el show de hoy en Ojo de Barro.
 
Esta noche a las 21hs. en Ojo de Barro (Bolívar 373), el destacado cantante y guitarrista rockero Juan Pablo Fernández, integrante del trío Acorazado Potemkin y ex Pequeña Orquesta Reincidentes, se presenta en formato solo set. Entrada gratis salida a la gorra. Hablamos con él.

-Venís a Río Cuarto en formato solo set. ¿Solés tocar en solitario por el país? ¿Te gusta el formato íntimo? ¿Es una buena opción ante la crisis?

-Me gusta mucho este formato, he hecho muy pocos recitales así, pero a mí me sirve para compartir eso que vos decís de la intimidad que genera la canción cantada y tocada solo con la guitarra. Como volver al momento de la composición o reconectar con esa célula rítmica de la canción que le da el puntapié inicial al trabajo en la banda. Luego vienen los arreglos y la producción al momento de grabar, pero ese momento uno lo recuerda siempre y en mi caso me permite mezclar canciones muy distintas de Pequeña Orquesta Reincidentes, con las de Potemkin, pasando por temas hechos para poetas y algunos covers que me encanta hacer.

-Desde que empezaste en la música, siempre tuviste esa influencia tanguera, tanto en tu manera de cantar como en letras y músicas. ¿Escuchabas tango desde chico, fue algo que se te manifestó naturalmente?

-Sí, en mi casa se escuchaba muchísimo tango: Gardel, Troilo y Fiorentino, Floreal Ruíz, Angel Vargas, en discos y cassettes y también en la radio am siempre prendida. Después yo me acerqué al rock e hice mi recorrido con compositores y cantantes que de alguna manera escribían letras tal como se habla, con el lenguaje de la calle: Moris, Cantilo, Palo, Javier Martínez, entonces los acentos y entonaciones van haciendo frasear la melodía de una manera que termina sonando tanguera. 

-A mediados de los 90 vi a Reincidentes (cuando todavía no eran Orquesta) en un bar de Buenos Aires y me quedó grabada para siempre una frase de una canción que decía algo así: “El amor y el arte no sirven para nada pero todo lo demás es morir”. Es toda una declaración de sentir y vivir el arte…

-Ay no me acuerdo de una frase así en nuestras letras, está buenísima, quizás la terminamos armando contigo también y la firmamos entre todos (risas). Pero la tomo y te diría que las cosas más lindas de la vida, seguramente son aquellas que se hacen porque sí, sin esperar. Uno puede vivir por algo, desvivirse por algo, vivir por un lugar a donde caer, o puede vivir porque sí, cantar porque sí, amar a alguien porque sí. Está bueno preguntárselo y está bueno permitirse que haya algunas cosas que no tengan una explicación. A mí en general me gusta separar la vida del arte, no soy de los que creen que uno vive una novela en la que todo tiene sentido y todo tiene una estética. Cuando estoy jugando con mis hijos, cuando estoy en un asado con amigos ni me acuerdo de mis canciones. Pero sí es cierto, que ponernos a escribir, sentarse a tocar un instrumento, o ir a ver al artista que admiramos nos hace muchas veces entender el momento y el lugar que nos toca vivir. Y entonces ahí esas cosas hechas porque sí, se vuelven vitales, esenciales e imprescindibles.

-Con Acorazado acaban de editar “Piel”, un disco estupendo. ¿Sienten que es el mejor de la banda? ¿Por qué?

-Gracias!! Ojalá sea el mejor de la banda. Uno está re manija y no puede dejar de pensar que el disco en el que estuvo trabajando es lo mejor que hay, pero el tiempo dirá en qué lugar queda en nuestro camino, qué temas quedan en el repertorio, que dice la gente o la crítica. Sí es cierto que es muy emocionante recibir palabras lindas, sobre todo de gente que ya nos conoce, incluso amigos muy cercanos, que te dicen que los sorprendimos, que mantenemos una línea y a la vez nos renovamos, eso sería para mí, lo mejor que nos pueden decir.

-El disco tiene canciones viscerales y otras hermosas como “María”, “Calesita” y “El arca”. ¿Les salen naturalmente esos registros diferentes o los buscan a la hora de componer?

-Sale naturalmente pero sí hay un filtro que tiene que ver con el esfuerzo que hacemos porque haya sonidos distintos y formas distintas de resolver las canciones que traemos. Somos un trío, corremos el riesgo de ser monótonos o repetitivos. Entonces filtramos mucho los temas a trabajar, como diciendo, este sí, esto no, esto ya lo hicimos, chau, y entonces tratamos de darles colores distintos, trabajar las voces, que sean dos timbres más, Lulo (Esaín) siempre trata de encontrar el sonido de batería para cada tema, luego el bajo a veces Fede (Ghazarossian) busca que suene podrido otras limpio, mi voz a veces busca el contraste del tono más susurrado sobre una base muy fuerte o visceral. Pero sí te diría que en todos los casos tratamos de que haya una intensidad que se construya y termine en cada canción, que suspenda el tiempo por un ratito en su propia lógica.

-¿Cómo es trabajar con ese gran músico y productor que es Manza Esaín, líder de Valle de Muñecas?

-Manza es muy talentoso y muy generoso. Escucha mucho y siempre propone algo que surge de lo que la banda trae. Eso seguro lo tiene de haber grabado más de cien discos, y entonces uno puede apropiarse de un sonido distinto sin sentir que se está poniendo unos zapatos que no le van. Y como es músico y compositor, va viendo nuestra evolución y piensa a la par nuestros sonidos nuevos, formas de grabar, texturas que arma, es curioso y cada vez tiene más decisión en el resultado final del disco.

-Ya tienen 10 años como banda y, sin ser masivos, son reconocidos por la prensa como por parte del público. ¿Cuesta mucho salir del under?

-Lo que cuesta mucho es articular todas las etapas de trabajo de una banda independiente, por ejemplo como para que haya shows todo el tiempo, ganar dinero para vivir o reinvertir y cobrar por los discos como para pensar en la próxima grabación. Ese es el principal desafío, hacer que cada paso que das sea parte de un camino, si no parece que todo se disgrega que cada esfuerzo queda en un mojón y no en una constelación. Nosotros tenemos un lindo reconocimiento, ganado a través de los años, por la obra y lo que vos decís del reconocimiento de la prensa y del público, pero muchas veces cuesta concretar un show, o darle a la gente un mejor sonido o mejores comodidades. Es un trabajo más tratar de entretejer de sentido todas las cosas que una banda tiene que hacer para tocar. Por suerte la banda siempre crece y se propone desafíos lindos y ambiciosos. Ojalá podamos seguir así.

-Las grillas de los grandes festivales siempre tienen grandes ausencias, una es Acorazado. ¿Por qué?

-Nunca nos han invitado, ya lo harán. Quizás no encajemos en la artística o esperan a que nuestro público presione más. Nosotros vemos que muchas bandas de lo que se llama el under, o la escena independiente, están construyendo su propio camino sin esperar la legitimación de medios masivos, ni sellos multinacionales, ni nada. Incluso hay festivales independientes aquí en Buenos Aires que demuestran que muchas bandas no le temen a escenarios grandes, son lindos desafíos.

-¿Escuchas música nueva? ¿Qué artistas?

-Música nueva no sé, capaz escucho discos nuevos de los artistas que escucho desde hace muchos años, tipo los últimos de Nick Cave, Laurie Anderson o Tinariwen o Max Richter, que viene de la música clásica y trae formas minimalistas, repeticiones y algunos riffs de música popular y que es muy interesante también cuando hace música de películas, ese en su rubro sería lo más novedoso que escucho.

-Por último, ¿qué podés adelantar del show en Ojo de Barro?

-Estoy muy contento con el show en Ojo de Barro. Y muy agradecido a Marcos Altamirano que apenas vio que yo empezaba a salir de Buenos Aires con este formato solo set, me invitó a hacerlo en Río Cuarto, donde ya habíamos tocado con Potemkin. Es un show en el que mezclo temas en los que estuve trabajando todos estos años: desde la Pequeña Orquesta hasta Acorazado, o los que hice musicalizando poetas mujeres como Gabriela Franco, Josefina Saffioti o Idea Vilariño. Es como contar las cosas en que uno anda, abrir la mochila y mostrar todo lo que uno trae o lo que fue juntando hasta llegar aquí.

Andrés Natali