La noche inaugural del Otoño Polifónico que comienza mañana tendrá como una de las grandes atracciones la participación de Darío Volonté, quien de a poco se está transformando en un habitué de la programación artística de la ciudad.
El notable tenor ha venido en reiteradas ocasiones en los últimos años, a mostrar a la vez el portento de su voz y a poner el cuerpo y la convicción personal en torno a la causa Malvinas, con la que involucrará una vez más en ese caso.
Es que, además de su participación en el concierto de apertura del gran Festival que se pone en marcha en Río Cuarto, hará su aporte musical cantando “Aurora” en los actos de recordación de aquella gesta de la que fue partícipe.
Su presencia física tan imponente como su voz, dará una vez más constancia de que está comprometido con esa causa para siempre y al mismo tiempo de su condición de artista innegablemente destacado.
Musicalmente dedicado a combinar dentro de su repertorio distintos estilos musicales, bajo la condición de seleccionar la calidad, volverá a presentar en su repertorio un compendio de música lírica con música popular, en todos los escenarios posibles.
Con el perfil de una intensa vida signada por los contrastes, la búsqueda espiritual y esa necesidad de comunicarse a través de la música, cada vez que está a su alcance insiste en el profundo error que supone separar los públicos de acuerdo a los estilos musicales.
La verdadera democracia cultural, según su punto de vista, supone cantar de todo, sin suponer que hay géneros que sólo son para iniciados, desde la perspectiva de que basta con conocer para gustar y es imposible gustar de lo que no se conoce.
“La ópera, por ejemplo, siempre fue popular pero la gente no se dio cuenta, hay muchas cosas que suceden y uno no las identifica, pasa hoy con los medios masivos de comunicación. Hay fenómenos, tipos como Andrea Bocelli que hacen música intermedia entre lo popular y la ópera, y tienen mucho éxito. Pero también los grandes tenores del pasado venden todavía millones de discos. Yo creo que lo valioso está en el modo en el que uno expresa la música y la selección de calidad que se hace, cualquiera sea el género. En mi caso, trato de recuperar ese espíritu de cuando Caruso se tomó un tren y se fue a Rosario a cantar una ópera, a Tucumán, no fue solamente al Colón”, enfatiza.
Haciendo memoria recuerda que empezó a cantar “en los coros de las iglesias nuevas apostólicas a las que yo concurría cuando era chico. La voz llamaba la atención y me pedían que cantara solista, hay unas partes de la liturgia en las que canta un barítono o tenor y me permitían cantar. Conocí a José Crea, gran solista del teatro Colón que me enseñó los primeros pasos de la lírica a nivel de técnica vocal y foco de la voz. A partir de ahí, todo se fue dando paso a paso y me fue llevando”.
La encrucijada apareció al llegar a los 30 años: “Pensé que tenía que resolver algunas cosas y me vino una desesperación. Empecé a cantar de grande porque yo laburaba de otras cosas, hace más de 25 años que canto profesionalmente, pero antes trabajé 11 años de fletero entre otros oficios, y cuando pensé en eso empecé a probarme y a audicionar. La primera fue en la reapertura del teatro Avenida en la que actuó Plácido Domingo y necesitaban tenores. Yo estaba trabajando en unas mudanzas, llegué con mugre hasta la cabeza, canté el aria, me tomaron y me dieron una oportunidad muy grande. A los 34 años me fui a Europa y siguió todo. Al venir de otros trabajos nunca se me subieron los privilegios a la cabeza, sé lo que es levantarse a las 4 de la mañana para laburar. El canto es un trabajo privilegiado, puedo lograr lo que más quiero, que es comunicarme con la gente”.
Cambio de vida
En medio de ese trayecto, sucedió la Guerra de Malvinas, tras la cual, anotado en la lista de sobrevivientes, se vio obligado a reubicarse en el mundo de la música desde una perspectiva que, definitivamente, sería diferente, como lo es en todos los órdenes de la vida, tras aquella experiencia.
“Aquello me marcó en varias etapas, al principio era chico y no me daba cuenta. Con la madurez te das cuenta de que haber sobrevivido es una segunda oportunidad, lo que me dio un interés en lo espiritual. Como en toda tragedia hay vencedores y vencidos, gente que sobrevive y gente que se muere. Yo me salvé pero otros murieron, entonces ¿dónde está Dios? Busqué en las culturas orientales, si bien tengo una base cristiana. La guerra te muestra todas las cosas más sublimes y las más miserables. Es tremendamente trágico y fuerte que un ser humano liquide a otros por intereses. Podríamos vivir en paz pero hay algo que nos impide eso. No encontré la solución, pero en lo cotidiano busco eso y pienso que hay algo más allá del bien o del mal. En el medio hay guerras hay amores, desamores, encuentros, desencuentros, magia, ilusiones. Digamos que sobrevivir me dejó, además, la constancia de que todo es efímero y en ese sentido, como dice el tango, que “la fama es puro cuento”, hay que vivir pero sin creérsela, creo tener una gran conciencia de ello”.
Y esa experiencia, pasada por el tamiz de los años, lo reafirmó en el camino de la música con más fuerza que nunca: “Mi acercamiento a este arte es una herramienta para mí y para los demás. Esa calma que me ofrece en mi vida cotidiana, trato de transmitirsela al público a través de una pieza de cualquier índole. Al alma hay que flexibilizarla para conectar con el público y que se vaya distinto a cómo llegó. Siento la música como una herramienta para movilizarnos hacia algo mejor, por eso los países que más atención le prestan a la cultura son los que social y económicamente están más adelantados, no es una causalidad porque hace al desarrollo integral de las personas. El arte debería ser un plan de Estado, es transformación, hace al movimiento natural del espíritu. No tiene que molestar, puede inquietar hacia lo positivo, a cambiar un status quo que haya que cambiar, la contemplación tiene que llevar a otro movimiento”.
Entradas
Además de las actividades que se realizarán todos los días, entre el martes 2 y el domingo 7 de abril, en distintos escenarios y espacios públicos de la ciudad, las entradas a los conciertos de cierre de cada jornada, que se llevarán a cabo en el Anfiteatro del Parque Sarmiento y en el Teatro Municipal, se pueden adquirir en la boletería del Teatro Municipal: de lunes a viernes de 8.30 a 12.30hs. y de 16.30hs a 20.30hs y los sábados de 9 a 12.30hs.
Cuestan $ 100 (popular)-$ 200 (general)-$ 300 (numeradas con bucatas) si se compran entradas por evento, y se ha dispuesto un abono de $ 1000 que habilita para asistir todas las noches del Festival y, en todos los casos pueden adquirirse con tarjetas Bancor (Cordobesa/Visa/Mastercard) en 6 cuotas sin interés.
Es que, además de su participación en el concierto de apertura del gran Festival que se pone en marcha en Río Cuarto, hará su aporte musical cantando “Aurora” en los actos de recordación de aquella gesta de la que fue partícipe.
Musicalmente dedicado a combinar dentro de su repertorio distintos estilos musicales, bajo la condición de seleccionar la calidad, volverá a presentar en su repertorio un compendio de música lírica con música popular, en todos los escenarios posibles.
Con el perfil de una intensa vida signada por los contrastes, la búsqueda espiritual y esa necesidad de comunicarse a través de la música, cada vez que está a su alcance insiste en el profundo error que supone separar los públicos de acuerdo a los estilos musicales.
La verdadera democracia cultural, según su punto de vista, supone cantar de todo, sin suponer que hay géneros que sólo son para iniciados, desde la perspectiva de que basta con conocer para gustar y es imposible gustar de lo que no se conoce.
“La ópera, por ejemplo, siempre fue popular pero la gente no se dio cuenta, hay muchas cosas que suceden y uno no las identifica, pasa hoy con los medios masivos de comunicación. Hay fenómenos, tipos como Andrea Bocelli que hacen música intermedia entre lo popular y la ópera, y tienen mucho éxito. Pero también los grandes tenores del pasado venden todavía millones de discos. Yo creo que lo valioso está en el modo en el que uno expresa la música y la selección de calidad que se hace, cualquiera sea el género. En mi caso, trato de recuperar ese espíritu de cuando Caruso se tomó un tren y se fue a Rosario a cantar una ópera, a Tucumán, no fue solamente al Colón”, enfatiza.
Haciendo memoria recuerda que empezó a cantar “en los coros de las iglesias nuevas apostólicas a las que yo concurría cuando era chico. La voz llamaba la atención y me pedían que cantara solista, hay unas partes de la liturgia en las que canta un barítono o tenor y me permitían cantar. Conocí a José Crea, gran solista del teatro Colón que me enseñó los primeros pasos de la lírica a nivel de técnica vocal y foco de la voz. A partir de ahí, todo se fue dando paso a paso y me fue llevando”.
La encrucijada apareció al llegar a los 30 años: “Pensé que tenía que resolver algunas cosas y me vino una desesperación. Empecé a cantar de grande porque yo laburaba de otras cosas, hace más de 25 años que canto profesionalmente, pero antes trabajé 11 años de fletero entre otros oficios, y cuando pensé en eso empecé a probarme y a audicionar. La primera fue en la reapertura del teatro Avenida en la que actuó Plácido Domingo y necesitaban tenores. Yo estaba trabajando en unas mudanzas, llegué con mugre hasta la cabeza, canté el aria, me tomaron y me dieron una oportunidad muy grande. A los 34 años me fui a Europa y siguió todo. Al venir de otros trabajos nunca se me subieron los privilegios a la cabeza, sé lo que es levantarse a las 4 de la mañana para laburar. El canto es un trabajo privilegiado, puedo lograr lo que más quiero, que es comunicarme con la gente”.
Cambio de vida
En medio de ese trayecto, sucedió la Guerra de Malvinas, tras la cual, anotado en la lista de sobrevivientes, se vio obligado a reubicarse en el mundo de la música desde una perspectiva que, definitivamente, sería diferente, como lo es en todos los órdenes de la vida, tras aquella experiencia.
“Aquello me marcó en varias etapas, al principio era chico y no me daba cuenta. Con la madurez te das cuenta de que haber sobrevivido es una segunda oportunidad, lo que me dio un interés en lo espiritual. Como en toda tragedia hay vencedores y vencidos, gente que sobrevive y gente que se muere. Yo me salvé pero otros murieron, entonces ¿dónde está Dios? Busqué en las culturas orientales, si bien tengo una base cristiana. La guerra te muestra todas las cosas más sublimes y las más miserables. Es tremendamente trágico y fuerte que un ser humano liquide a otros por intereses. Podríamos vivir en paz pero hay algo que nos impide eso. No encontré la solución, pero en lo cotidiano busco eso y pienso que hay algo más allá del bien o del mal. En el medio hay guerras hay amores, desamores, encuentros, desencuentros, magia, ilusiones. Digamos que sobrevivir me dejó, además, la constancia de que todo es efímero y en ese sentido, como dice el tango, que “la fama es puro cuento”, hay que vivir pero sin creérsela, creo tener una gran conciencia de ello”.
Y esa experiencia, pasada por el tamiz de los años, lo reafirmó en el camino de la música con más fuerza que nunca: “Mi acercamiento a este arte es una herramienta para mí y para los demás. Esa calma que me ofrece en mi vida cotidiana, trato de transmitirsela al público a través de una pieza de cualquier índole. Al alma hay que flexibilizarla para conectar con el público y que se vaya distinto a cómo llegó. Siento la música como una herramienta para movilizarnos hacia algo mejor, por eso los países que más atención le prestan a la cultura son los que social y económicamente están más adelantados, no es una causalidad porque hace al desarrollo integral de las personas. El arte debería ser un plan de Estado, es transformación, hace al movimiento natural del espíritu. No tiene que molestar, puede inquietar hacia lo positivo, a cambiar un status quo que haya que cambiar, la contemplación tiene que llevar a otro movimiento”.
Entradas
Además de las actividades que se realizarán todos los días, entre el martes 2 y el domingo 7 de abril, en distintos escenarios y espacios públicos de la ciudad, las entradas a los conciertos de cierre de cada jornada, que se llevarán a cabo en el Anfiteatro del Parque Sarmiento y en el Teatro Municipal, se pueden adquirir en la boletería del Teatro Municipal: de lunes a viernes de 8.30 a 12.30hs. y de 16.30hs a 20.30hs y los sábados de 9 a 12.30hs.
Cuestan $ 100 (popular)-$ 200 (general)-$ 300 (numeradas con bucatas) si se compran entradas por evento, y se ha dispuesto un abono de $ 1000 que habilita para asistir todas las noches del Festival y, en todos los casos pueden adquirirse con tarjetas Bancor (Cordobesa/Visa/Mastercard) en 6 cuotas sin interés.

