Cambió los cerdos por las ovejas, armó una red de esquila en el sur y va por la venta formal de carne
Rosa Dellafiore es una apasionada de las ovejas: “Es mi trabajo y mi pasión”, repite. Desde el sur provincial fue el motor de un entramado que ya empieza a mostrar resultados uniendo productores
Rosa Dellafiore es productora agropecuaria del sur provincial, de la zona de Laboulaye, y tenía su actividad centrada en los cerdos, hasta hace unos 10 años. Su vida era la producción porcina, y más específicamente le atraía la genética y la inseminación.
Pero un giro en su vida personal la llevó a aplicar también un cambio de rumbo en su actividad productiva: reemplazo los cerdos por las ovejas y hoy es una referencia en el sur cordobés, no sólo por lo que hace con los ovinos en su campo, sino porque tranqueras afuera comenzó a tejer un entramado que ya tuvo su primer fruto: una red de esquila para aprovechar algo que en muchos casos era desperdicio en el sur provincial, como la lana. Pero eso no es todo, porque en el horizonte está la idea de formalizar la cadena de la carne ovina en la zona, delimitada por Río Cuarto, Huinca, Villa Mercedes y Canals.
Pero la propia Rosa Dellafiore, que actualmente es vicepresidenta de la Sociedad Rural de Laboulaye, se encarga de describir su recorrido, los logros y lo que queda por delante en diálogo con Tranquera Abierta.
¿Cómo nace su vínculo con los ovinos?
En realidad yo arranqué con la producción de cerdos, con la cría de porcino. Pero luego, por varias circunstancias personales, cuestiones económicas, empleados, ví que no podía seguir más. Pero como no me quería ir del campo, porque el campo para mí es mi lugar, dije: “¿Por qué no arrancar con ovejas?” Y bueno, así fue.
¿Cómo fue ese comienzo?
Arranqué con 300 ovejas, pero después me fui achicando. Además, tenía de todas las razas, de todo tipo, aunque siempre tuve en mente de hacer el Hampshire Down, que es el que tiene cara negra. Entonces con el tiempo fui achicándome, incorporando carneros nuevos puros y hoy tengo 70 ovejas, todas producción propia. Las madres son todas de ahí del campo, y ahora me compré un carnero nuevo y ya estoy a un paso de mi sueño que es ser cabañera.
¿Esa es la meta?
Sí, pero no cabañera para ir a las exposiciones; mi misión es para que el productor de mi zona tenga un lugar para ir a comprar buena genética. Ya pasaron 9 años. Y al principio estaba muy identificada con los cerdos, entonces me fui a la Sociedad Rural y les pregunté si no me podía hacer cargo de la parte ovina en las exposiciones. Y así empecé a conocer cabañeros y más productores. Además, siempre participé en el Inta, en la Sociedad Rural de Laboulaye, donde hace 4 años que soy parte de la comisión directiva. Estuve como secretaria y hoy soy la vicepresidenta. Además, en mi campo siempre se hacen jornadas, algunas con participación de la Universidad de Río Cuarto, los chicos han ido a hacer prácticas también. Se hicieron jornadas teóricas y prácticas donde participan escuelas agrotécnicas, productores, y después empecé a formar parte de la red ovina del sur de Córdoba, que es donde está la Universidad de Río Cuarto, el INTA, y las sociedades rurales de Río Cuarto, Mackenna, Villa Mercedes, San Luis, Laboulaye, Huinca y Canals.
¿Qué hacen desde esa red ovina?
El año pasado salimos a dar charlas. Íbamos a las escuelas agrotécnicas o para productores. Vamos con un grupo de veterinarios, de ingenieros.
¿Y ahí contaban las experiencias propias?
Claro, también. En mi caso es algo especial, porque a la producción siempre la manejé yo con mis hijas que me ayudan. Tengo un hombre que me ayuda pero el manejo de sanidad, los nacimientos, todo lo hacemos nosotras. Bueno, entonces iba a dar esas charlas, contando mi experiencia como productora ovina, y también contando de los perros.
¿Cómo es eso?
Es que hace ya tres años que crío los perros pastores Maremmanos, que son para cuidar las majadas.
¿Y cómo es el inicio con esos perros?
La historia es así. Esos perros son caros. Pero yo soñaba con tener uno, pero nunca llegaba. Y un día vi a una gente de Tandil que vendía y le escribí. Pero era imposible, no podía. Pero le escribo a la señora creyendo que ella era productora ovina y además le mando un video de lo que hacíamos acá con mis hijas. Y me contesta y me dice “vos tenés que tener un perro Pastor Maremmano”. Le expliqué que en ese momento no podía. Pero me dijo, “vos lo vas a tener, ¿qué querés, macho o hembra? Nosotros te lo regalamos”. Y me contó que ella en realidad era artista y su esposo abogado y que cuando sean viejitos, les iba a tener que regalar algunas ovejas. Me dieron un macho y cuando se hizo grande, me lo pidieron para servir de varios lugares; entonces les pedí permiso para que no crean que yo quería comercializar con el perro que me habían regalado. Lo único que me pidieron era que sea con una perra Maremmano puro. Ahora hay perros míos en Río Negro, Catamarca, Los Cocos, San Luis. En Catamarca era para una escuela y lo regalé.
¿Y qué hacen en el campo?
Ellos a la tardecita ya se van con las ovejas. Yo después que los tuve nunca más un zorro, nunca más un puma. Los he visto hace poco enfrentarse con chancho jabalí también. Lo mismo que si incorporamos un animal nuevo a la majada, hasta que ellos no se aseguran que no es peligroso para la majada, no se quedan quietos.
¿Cómo empieza la idea de la ruta de la esquila?
Arranqué con esto de la ruta de la esquila y de la lana hace mucho, sola. Y casi por casualidad. Fue un esquilador a casa y pensé en avisarle al otro vecino y al otro... Y así se fue haciendo. Entonces les iba preguntando a cada uno de los productores si necesitaban esquilador. Y fuimos armando un recorrido. Y este año lo hicimos con la lana. Nada más que eso se me fue de las manos porque se juntó todo el sur de la provincia.
¿Juntaron toda la lana del sur?
Se juntó lo de todos los pueblos. Me conecté con productores de Mackenna, Huinca, Canals, Jovita. Bueno, todo el sur. Y lo hicimos desde la Rural de Laboulaye como un servicio al productor.
¿Esa conexión con tantos productores dio forma a una suerte de cooperativa para la lana?
No, no. Lo único que hacemos es el lazo entre la barraca y el productor. No manejamos dinero ni nada por el estilo. En Laboulaye se convocó a los productores de la zona a que llevaran la lana a la Sociedad Rural. Venía la barraca, cargábamos y después se le pedía a cada productor el CBU y la barraca les pagaba directamente. La idea es que en algún futuro podamos empezar a hacer otras cosas. La lana ahora se va en bolsones, pero a lo mejor algún día con este proyecto podemos empezar a dar mano de obra, seleccionar la lana, enfardarla y ahí nos va a permitir sacar mayor precio.
Agregarle valor...
Exactamente. Con los colegios ya lo hemos logrado porque, por ejemplo, en Villa Rossi se logró que los chicos hicieran aislante con la lana. Hay mucho por hacer y que por ahí no se hacía por desconocimiento y porque quizás tampoco se armó una movida como esta, que se armó sin pensar. Y que además permite sorpresas, porque hace poco me contactaron porque en un pueblito tenían 12.000 kilos de lana y nadie sabía.
Y después está el capítulo de la carne ovina...
Sí, hay un montón de cosas. Eso lo tenemos por delante, y es un gran desafío que lo tenemos que hacer. De hecho, en la Sociedad Rural de Laboulaye se hicieron degustaciones y promoción de carne ovina. En Mackenna hicimos dos., para que la gente conozca. Porque la verdad que uno habla de carne ovina y la gente piensa en un cordero a la llamas.
Y a fin de año...
Sí, exacto. Pero nosotros en esas degustaciones mostramos comidas que hicimos con la oveja de refugo, que es la de última parición, o un carnero. Hicimos hamburguesas, empanadas, albóndigas.
¿Cómo se avanza en ese camino?
Es un desafío que venimos trabajando, pero viendo que hay tantos productores, tenemos que seguir haciéndolo, profundizándolo, y la mejor manera es capacitando.
Volviendo a la lana, esto que recogen ahora, ¿antes los productores del sur la tiraban?
Para tener una idea, el año pasado llevaron la lana de tres años.
¿La guardaban?
Claro, estaba guardada. Porque no había comprador. Pero también hubo lastimosamente productores que ya la quemaron, la tiraron. No es mucho lo que se obtiene porque esquilar una oveja hoy sale 6 mil pesos, y a la lana te la pagan 400 pesos por kilo. Son 800 pesos en total porque son 2 kilos, 2,2 kilos los que te da una oveja. Seguís perdiendo plata. Pero la esquila es algo que lo tenés que hacer sí o sí por el bienestar del animal.
En definitiva hay una pérdida, pero menor...
Exactamente. Pero por otro lado, al juntarnos logramos mejor precio en la esquila. Incluso hubo esquiladores de mi zona que se enojaron conmigo porque vinieron otros de afuera con mejor precio. Antes nos cobraban $8 mil por cada animal y conseguimos que lo hicieran por $5 mil. Y también mejoramos el precio de la lana porque el año previo nos pagaban $200 y el año pasado logramos hasta $450. Por eso, si a esa lana, además, pudiéramos seleccionarla y enfardarla, vamos a seguir mejorando.
¿Ese es el corazón de la ruta de la esquila que se formó?
La ruta de la esquila y la lana, sí. Así la denominamos nosotros. Yo diría que hoy es todo el sur de la provincia. Porque también es cierto que en muchísimos campos hay ovejas porque la gente los tiene por costumbre, por tradición, para comerse un cordero de vez en cuando. Están los que tiene el dueño del campo, para consumo propio, para regalar un cordero, o también en muchos casos lo he escuchado, que es para darle, si tienen muchos empleados, le dan como comida. También están los empleados que con el permiso del dueño de campo tiene sus ovejas y que venden. Y después estamos nosotros, los que somos ya criadores, que nos gustan los reproductores. En mi caso te vendo cordero y ahora ya hace un año empecé a vender reproductores. Porque para mí las ovejas son mi trabajo y son mi pasión.
Quedó atrás lo del cerdo, definitivamente...
Sí, yo veo un chancho y chau. De los cerdos, por ejemplo, me gustaba mucho la parte reproductiva. Me especialicé en la extracción de semen, en preparar el semen, en hacer las inseminaciones, atender los partos. Después, cuando me separé, me fui a trabajar a un criadero y ahí me enseñaron todo. Bueno, hasta ahí llegaría. Me gustaría volver a esa etapa, pero después de ahí para adelante, ya no. Es muy esclavo, porque son diferentes comidas, es más sucio. La oveja es un animal dócil. Yo las manejo con una lata de maíz y a mí me da paz. Para mí, mi trabajo es mi pasión; y trato de transmitirlo.
¿Y como negocio qué tal es?
Hay que pensar que en dos meses ya tenés un cordero para la venta y hoy un kilo de cordero lo deben estar vendiendo en 10.000 pesos. Hay que calcular un cordero de unos 10 o 12 kilos, al pie de la madre, que no gastás nada. Tampoco se necesita mucha mano de obra. Hay que tener una buena sombra, y si tenés un campo agrícola podés usar los rastrojos. Hoy es un buen negocio. Creo que en el sur de Córdoba por ahí nos falta tener un frigorífico. La comercialización es un punto clave en que tenemos que empezar a trabajar.
Formalizar la cadena...
Es que la mayoría vendemos, como decimos, la faena bajo el árbol. En las instituciones hay que empezar a trabajar sobre eso.
Y esta cuestión de que sea un buen negocio, ¿está alentando a que haya más productores?
Creo que sí. Y si a todos esos productores que se juntaron en torno a la lana los empezas a incentivar, algún día podemos pensar en vender sus corderos en pie, por ejemplo. Pensar en cargar un camión. Es trabajo y hay que hacerlo.
Alguien se tiene que animar a abrir el camino...
Yo me animé y me gusta. Y además te permite conocer mucha gente. Y además se contagia a otra. Una vez dimos una charla y cuando bajo del escenario me vino a hablar un hombre que tenía un tambo y me remarcó la pasión que le había puesto a la historia. Se entusiasmó tanto que dejó el tambo y se puso con las ovejas de lleno. Era de Mendoza, pero tenía el tambo por acá en la zona de Río Cuarto, cerca de las sierras.