Río Cuarto | pandemia

"Hay personas que mezclan las cuestiones sanitarias con intereses partidarios"

El reconocido divulgador científico analizó el contexto de pandemia, la desinformación y el rol de los medios, el impacto de la incertidumbre y los descuidos de la ciudadanía en lo que son las nuevas olas de casos por el coronavirus
 

Un libro titulado “La vida en suspenso” reúne a numerosos pensadores de la actualidad que analizan el impacto de la pandemia del Covid-19 desde distintas aristas. Entre ellos, se destaca el doctor en Ciencias Biológicas Diego Golombeck, quien trabaja el contexto actual desde “Pa(n)ciencia. La gestión de la pandemia y la espera”. El director del Instituto Nacional de Educación Técnica dialogó con Puntal sobre las actitudes de la ciudadanía ante el coronavirus, el rol de los medios y el lugar del Estado.

En un fragmento de su artículo, Golombeck cita a George Soper y su ensayo “Las lecciones de la pandemia”, donde indicaba: “La pandemia que ha dado la vuelta al mundo no tiene precedentes. Ha habido epidemias más mortales, pero han estado más circunscriptas; ha habido epidemias casi tan distribuidas como esta, pero han sido menos funestas. Las inundaciones, hambrunas, terremotos y erupciones volcánicas han escrito historias de destrucción humana muy terribles como para ser comprendidas, pero nunca antes ha habido una catástrofe tan repentina, devastadora y universal. Lo más sorprendente sobre esta pandemia es el completo misterio que la ha rodeado. Nadie parecía saber dónde estaba la enfermedad, dónde comenzó o cómo detenerla. Las mentes ansiosas están preguntándose si todavía vendrá una nueva ola”. Lo curioso es que, a pesar de la actualidad del texto, el ensayo fue escrito en 1919 tras la llamada “gripe española”, y aún así es muy vigente con el coronavirus.

- A meses de que iniciara la pandemia del Covid-19, en todo el mundo el ser humano vuelve a cometer los mismos errores que le hacen repetir situaciones extremas, ¿qué análisis se puede hacer de este fenómeno?

- Nos enfrentamos a un desafío mayúsculo, al que en épocas modernas no nos habíamos enfrentado. Estábamos muy cómodos en ese aspecto, es decir, históricamente algo así como una guerra que barriera con toda una cultura, una peste que acabara con un porcentaje importante de la población mundial no era cosa de todos los días, pero era común en relación con los tiempos contemporáneos, justamente por el avance de la ciencia, de la medicina, las mejoras en la calidad de vida, los tratamientos, las vacunas y la mejoría en términos sociales. Si bien sigue siendo un mundo absolutamente desigual, y hay inequidad por donde lo mires, es mucho menos de lo que ha sido históricamente para la humanidad. En su texto “Los ángeles que llevamos dentro”, Steven Pinker sostuvo, antes de la pandemia, que estábamos en una época única para la humanidad, con el mayor porcentaje de paz entre las naciones de la historia, con avances tecnológicos, en la alimentación, y no nos dábamos cuenta. Esta situación nos hace evidenciar la fragilidad que tenemos dentro de un ecosistema.

En este sentido, Golombeck indicó que aquí es dónde hay que aprender, “nos podemos jactar de la enorme movilidad, de la caída de las barreras y de las fronteras, de la globalización y de las redes, pero eso nos hace ver que tienen un lado B, el otro lado del espejo, que cuando algo no se puede controlar es más probable que se descontrole a nivel mundial”.

- En su artículo hace referencia a una enseñanza de 1919 sobre la gripe española, que se descuidó durante la pandemia del coronavirus y parece irónico que, a meses de haber cometido esos errores, volvemos a tropezar con la misma piedra. Se observan situaciones preocupantes en la costa o en las sierras cordobesas, con una rebeldía tonta de la gente.

- Esto se podría referir desde los llamados “sesgos cognitivos”, cómo vemos el mundo en términos culturales y biológicos, como una serie de anteojeras que nos hacen verlo de una cierta manera, y es muy difícil salir de esa mirada. En este caso, está el sesgo del “a mí no me va a pasar”. Como “dicen que el cigarrillo mata, pero mi tía Hortensia fumaba dos atados al día y vivió hasta los 90”. Nos cuesta mucho entender el mundo estadísticamente y nos basamos en casos puntuales que generalizamos. Puede ser que haya alguien que esté todo el día sin barbijo y no le pase nada, pero es un caso que nos nubla la vista y nos anula el entendimiento. Por eso, nos cuesta tanto, en especial a los jóvenes. Dado a que hay un mayor grado de asintomáticos entre ellos, es más difícil que puedan parar la pelota y decir: “Ojo, no todos somos sintomáticos, e incluso podemos contagiar a otros”.

Entre los puntos que analiza Golombeck destaca ejes que son “guardianes” de la conducta humana, como por ejemplo, el miedo, la solidaridad y la autoridad, esta última, prácticamente desautorizada en los cuestionados episodios de la playa o las sierras con la figura de la Policía. “Lo que sucede es que el tiempo nos juega en contra. En un comienzo de la pandemia, hubo un respeto a la autoridad que se fue relajando, a la autoridad sanitaria, la política, la de seguridad, que ante una incertidumbre absoluta de no saber qué va a pasar se tendió a escuchar lo que decían personas con un cierto traje de autoridad, por el lugar que ocupan o la trayectoria que tengan”, sostuvo el especialista, quien consideró que con el paso del tiempo esto se volvió más difícil. En este sentido, advirtió que los regímenes que mejor anduvieron fueron los más autoritarios.

- ¿Qué sucede con la figura del miedo? ¿También se diluye con el tiempo?

- Susanita, en una de las tiras de Mafalda, decía: “Por suerte, el mundo queda tan, tan lejos”, como que todo lo malo y algo de lo bueno, ocurre lejos. Pero esto nos golpeó cerca, a la vuelta de la esquina. El tiempo también lo diluye. Pero lo que no diluye es la incertidumbre, que se ha mantenido y los medios contribuyen a la mala comunicación. Nuestro cerebro construye modelos del mundo, de cómo va a funcionar a corto plazo y, en algunos casos, a mediano y largo plazo. Cuando esos modelos no coinciden con la realidad, hay un choque: “Pensé que iba a pasar esto, pero en realidad ocurre lo otro”. A eso lo llamamos incertidumbre, y no nos gusta nada. Nos pone mal, nos estresa. Eso se ha mantenido, creíamos que no iba a durar tanto. Desde los Estados, se trata de minimizarlo lo más posible, porque estamos en una situación incierta en todo el mundo y no lo hemos podido lograr. La incertidumbre nos deja paralizados.

- ¿Qué impresión le genera el descreimiento de las vacunas, influenciado por pensamientos de carácter político partidario? Esto sumado a un preocupante movimiento antivacuna, que ya viene con largo andar.

- Son cuestiones paralelas e igualmente preocupantes. Aquí, nos tenemos que guiar por cuestiones científicas y sanitarias y por la gente que sabe de esto. En general, hay movimientos fraudulentos antivacunas, con total premeditación, como lo fue el trabajo científico de hace muchos años que indicaba que ciertas vacunas estaban vinculadas con un aumento en los casos de autismo, que fue publicado en una revista muy importante. Ese trabajo se demostró que era falso, era un fraude, y se retiró. Para la revista nunca existió, sin embargo, ya se había dado a conocer y sigue haciendo mucho daño en la actualidad. Esto desnuda que hay que cambiar la forma de comunicar cuestiones sanitarias como la vacuna. Ante lo que la gente lee en las redes sociales, no se puede convencer sólo con el peso de la ciencia, debemos buscar otras estrategias para que la gente entienda lo que son las vacunas en general. En particular, ahora lamentablemente hay personas que mezclan cuestiones sanitarias y epidemiológicas con cuestiones de interés personal, partidario o ideológico. Hay que basarse en evidencias, y éstas demuestran que tenemos organismos regulatorios que son reconocidos en todo el mundo y que se basan en datos, no en encuestas u opiniones. No obstante, está contaminado por opiniones.

- Ha sido impactante el nivel de desinformación que se manejó, ¿qué responsabilidad le toca a los medios?

- Es muy lamentable, porque por un lado las personas que informan muchas veces no están capacitadas para hacerlo, no se ha recurrido a los periodistas científicos, que son los más formados para hacer de bisagra entre el mundo de las ciencias y el público en general, y se lleva al discurso científico a un discurso de campanas. En el periodismo esto puede suceder, que haya dos campanas, pero en las ciencias no: hay evidencias o falta de evidencias. No ha sido un tratamiento justo el que se ha dado en cuanto a la difusión de la enfermedad, de la epidemiología o de los eventuales tratamientos preventivos. Es algo insensato, que roza una cuestión penal. Está muy mal y debería estar más regulado.

- En relación con las desigualdades con las que nos enfrentamos a la pandemia, ¿cree que se ha tenido en cuenta la situación de quienes no tenían recursos como para mantenerse en su casa protegiéndose del virus?

- Por un lado, la pandemia desnudó lo que ya sabíamos, que se venía agudizando en los últimos años hacia 2019, con una desigualdad muy grande, con grandes niveles de pobreza y poco acceso al empleo digno, que son clarísimos, pero la pandemia visibilizó más y a mucha gente le hizo abrir los ojos. Por otro, creo que más allá de muchas acciones dispersas que ha habido, si uno hace el listado de las acciones de gobierno, tanto nacional como de muchas provincias, ha sido impactante. En lo que refiere a alimentos, ayudas económicas, acceso a cuestiones educativas, acceso a formación laboral, ayuda a empresas, creo que es impactante. Incluso hay que recordar, en nuestra visión tan endogámica, tan centrípeta de mirarnos sólo a nosotros como si fuéramos distintos al resto del mundo: en todos los países se avanzó con el mismo tipo de medidas, y aquí fue profundo lo que se hizo. No creo que tengamos que lamentarnos de lo hecho por el Gobierno, porque fue mucho y llegó a los lugares a los que se necesitaba. ¿Se requiere más? Obvio, porque tenemos niveles de pobreza estructural muy grandes, más allá de la pandemia.

- ¿Qué expectativas hay para enfrentar estas nuevas olas de casos?

- En principio, se debe destacar, además del accionar del personal de salud que fue extraordinario, todo lo que hizo el sistema científico. Es un experimento inédito lo que ha ocurrido en el mundo, y en Argentina en particular, que es que la enorme mayoría de científicos estemos pensando en una sola cosa: ¿Cómo podemos aportar para este problema? Desde las ciencias naturales, las sociales, y han aparecido cosas más que interesantes, sobre todo a nivel diagnóstico, se han desarrollado herramientas novedosas que son muy efectivas. Desde ese punto de vista, uno tiene la esperanza de que se va a poder salir adelante.

Finalmente, el especialista consideró que “al mismo tiempo, hay una reconfiguración de las cosas. Cuando se tiene una pandemia de este tipo se puede solucionar, pero siempre previendo lo que va a venir, de hecho, no soy experto en epidemiología, pero sospecho que este virus requerirá con el tiempo una vacunación anual, o bianual, igual que lo que pasa con la gripe, con las personas en riesgo que se tienen que vacunar todos los años”, dijo Golombeck sobre este posible escenario en el que deberemos seguir cuidándonos como con otras enfermedades. Y completó: “También habrá que analizar con perspectiva las consecuencias de la globalización absoluta, que bienvenida sea en términos de repartir las riquezas y beneficios de las redes de conocimiento, pero que sea cuidada teniendo en cuenta que estamos moviendo ecosistemas que históricamente no se movían, nos hace pensar en cómo seguirá moviéndose el mundo con una globalización que se fortalecerá”, indicó.