La percepción de la pandemia como una oportunidad
La pandemia de coronavirus está provocando en la Argentina los estragos que son de público conocimiento, con vidas humanas que se pierden y una parálisis económica que afecta transversalmente a la sociedad, más allá de que el impacto de la enfermedad por el momento sea menor aquí en relación con el de otros países.
En medio de la emergencia sanitaria, que se sumó a la crisis con la que ya venía lidiando el Gobierno desde su asunción el 10 de diciembre, las medidas de aislamiento social dispuestas para preservar la salud de la población complicaron los planes para avanzar hacia una necesaria reactivación del andamiaje productivo doméstico.
A propósito, la utilización de la capacidad instalada de la industria se contrajo aún más en marzo debido a la cuarentena, al igual que el consumo, mientras un reciente informe de la Universidad Católica Argentina (UCA) estimó que la pobreza trepó al 45 por ciento en el primer trimestre del año.
Como consecuencia de la parálisis en la actividad económica, la recaudación impositiva también se desplomó, con una reducción del orden del 30% para la Nación, del 40% para la provincia de Buenos Aires, por ejemplo, e incluso del 50% para los municipios.
De esta manera, y de acuerdo con la fuente consultada por esta agencia, por cada 100 pesos que antes ingresaban en las arcas municipales, hoy algunos intendentes bonaerenses del Conurbano perciben $40 para pagar salarios y servicios como la recolección de residuos: por ese motivo están gestionando un auxilio financiero de parte de la Gobernación.
Asimismo, los jefes comunales que se reunieron en estos días con autoridades provinciales le bajaron el pulgar, en principio, a una propuesta del mandatario Axel Kicillof de otorgar a los municipios créditos blandos, incluso a tasa cero: "Es una medida insuficiente; un camino sin salida", resaltaron.
Sin embargo, valoran que el Ministerio de Desarrollo Social de la Nación haya decidido duplicar en un mes la ayuda financiera que destina a los municipios bonaerenses para la compra de alimentos y demás insumos de primera necesidad: de 10 millones a 20 millones de pesos, según precisó.
El día después
Si bien la angustia y la incertidumbre se mantienen en niveles intensos, mientras se espera el pico de la pandemia hacia fines de mayo o principios de junio, en los últimos días comenzó a tomar fuerza una idea, una reflexión muy interesante, que también proliferó de manera transversal por la sociedad, incluida la clase política: la noción, o quizá la sensación, de que una luz de oportunidades se enciende al final del túnel.
Oportunidades de las más variadas especies, tanto individuales como colectivas, laborales y/o económicas como familiares e incluso vinculadas, por ejemplo, con los métodos educativos en el país.
"Nosotros vamos a construir el día después, del dolor saldrá una gran oportunidad para Latinoamérica", resaltó el presidente Alberto Fernández esta semana, en tanto el titular de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, consideró que la pandemia "puede ser una oportunidad para darles un nuevo rol a los Estados, mejorar los mercados internos y desarrollar las cadenas de valor internas en un mundo que va a estar cerrado".
Se presume que la vida sobre la faz de la Tierra no será igual inmediatamente después de esta situación sanitaria extraordinaria, y en la Argentina también debería ser diferente una vez terminada la cuarentena, la que bien podría servir para que la población en su conjunto aprendiera a valorar más la libertad, respetar los derechos y cumplir con sus obligaciones.
Sería importante también que la pandemia fuese vista como una oportunidad (inmejorable) para ponerse en el lugar del otro, confraternizar con el otro, atendiendo sus problemas y compartiendo sus reclamos: todos los días, a las 21, miles de personas aplauden a los profesionales de la salud por su tarea en la primera línea de combate del virus, pero no son nuevas ni por asomo las dificultades con las que tienen que lidiar a diario, en especial, en el sistema público.
Los inconvenientes relacionados con la falta de insumos y las condiciones edilicias y/o de salubridad en hospitales son de larga data, por más que hayan quedado mucho más expuestos en estos momentos de emergencia y de máxima preocupación social.
Para la clase política, el contexto tan particular por el que transita el país debería significar una oportunidad para asumir desafíos superadores, dejando de lado rencillas de ocasión para enfocarse realmente en la angustia de la gente y en promover acciones para el día después del confinamiento.
En este sentido, el ala kirchnerista del Gobierno, representada por ejemplo en el secretario de Derechos Humanos, Horacio Pietragalla, o en la directora de Asuntos Jurídicos del Senado, Graciana Peñafort, con su desafortunada frase sobre "con sangre o con razones" en el marco de la embestida de la vicepresidenta, Cristina Fernández de Kirchner, contra la Corte Suprema de Justicia, lejos estuvo de contribuir en los últimos días con la gestión de Fernández en momentos en los que la coyuntura demanda mesura y razonabilidad.
Mientras tanto, el Congreso sigue prácticamente sin funcionar, al igual que la Justicia, y la toma de decisiones permanece concentrada en el Poder Ejecutivo, encabezado por Fernández y Cristina.
Finalmente, la pandemia también abrió la posibilidad de estrechar vínculos familiares, delinear proyectos a corto y mediano plazo e incluso reflexionar sobre los métodos tradicionales de enseñanza en la Argentina. ¿Tan necesario es que los alumnos vuelvan a tomar clases presenciales en los colegios, indefectiblemente sentados durante horas frente a un pizarrón?
Emiliano F. Rodríguez
Agencia NA