“En la jornada se brindó una charla y luego un taller con los padres, referido a las conductas problemáticas en el desarrollo del autismo, con modalidades diferentes, porque la realidad de pensar un tema tan amplio como lo son los trastornos del espectro autista (TEA), con una población con la que no trabajábamos”, indicó Baetti en diálogo con Puntal, mientras que aseguró que “fue importante no abrir falsas expectativas o confundir a los padres, porque no siempre la sintomatología de los niños es igual. Las presentaciones del autismo son muy diversas y la complejidad es muy amplia, por lo que es importante ser cuidadoso para contener y formar a las familias sin obturar las redes con las que cuenten”.
- ¿A qué se refieren cuando hablan de “conductas problemáticas”?
- Primero hay que entender la conducta como una forma de comunicación y poder analizar esa conducta para poder encontrar la manera de comunicar que tiene la persona con autismo y reemplazar una conducta que es inadecuada en lo social para darle una estrategia de comunicación más adecuada. Se trata de modificarla para que sea socialmente aceptada y que cumpla con la finalidad que tiene para la persona que la padece. Muchas veces se trata de entender la conducta como desde agresividad o salir corriendo, por ejemplo, y se la interpreta con un significado totalmente erróneo. Por esto, hablamos sobre qué tienen estas conductas de las personas con el espectro autista.
“Entendemos que no hay soluciones mágicas, porque no es que si un niño muerde se debe hacer una intervención determinada, las recetas no existen”, afirmó y precisó que se debe tener en cuenta cada caso en particular y observar la funcionalidad de cada conducta: “Se debe hacer el análisis para poder intervenir adecuadamente”, destacó.
- Además del trabajo con profesionales y el entorno de la persona con TEA, sería clave una formación para el resto de la sociedad pensando en su sensibilización sobre la temática.
- Hay un modelo educativo que nos ha atravesado como cultura, que plantea el “portate bien”, pero hay que ver qué significa “portarse bien”, en la cancha, en el ginecólogo, en una sala de espera o en un concierto. Hay modelos que creemos que el otro entiende, pero si no explicitamos específicamente qué esperamos del otro es muy difícil de entender para mucha gente que no sabe lo que es la conducta en general: en niños o personas con una dificultad neurológica, por ejemplo. Realmente se lo interpreta desde lo personal y no nos atrevemos a mirarlo desde la persona, qué le pasa al otro. Por ejemplo: si hay alguien nadando en una pileta y de pronto empieza a mover los brazos, puede pensarse que se está ahogando, pero si vemos que al lado hay alguien jugando con él con una pelota se puede pensar que le está pidiendo un pase. Siempre la conducta tiene un significado para la persona en referencia al contexto.
Mirar alrededor
En su análisis, la especialista consideró que es necesario aprender a mirar “un poco más allá de las conductas de las personas, la clave es mirar lo que sucede alrededor”, enfatizó.
- Por lo tanto, ¿es fundamental generar sensibilidad en la ciudadanía para este contacto con el otro?
- Totalmente, es vincularnos entre nosotros y aprender a mirar más allá de la persona. Si bien ha habido una mayor concientización en los últimos años, no creo que se trate solamente de personas con TEA, sino que se debe pensar en toda la ciudadanía y no seguir segregando a lo que queremos incluir. Se debe entender que todos somos distintos y no se puede pensar en las personas con TEA, las que tienen discapacidad, las que tienen obesidad, las personas insulinodependientes, sino pensar qué le pasa a esa persona y en qué puedo facilitarle un mayor bienestar.
- ¿Considera que hay en el país personal capacitado para el trabajo con esta temática?
- Hay una herramienta que se llama “Análisis funcional de la conducta” que se aplica para muchas condiciones y como una estrategia educativa, que se aplica en muchos lugares del mundo con fines pedagógicos, terapéuticos y de diagnóstico de funcionalidad de la conducta y cuenta con muchos profesionales que lo trabajan. Se trata de un cambio de paradigma en cuanto a desde qué lugar miro y analizo. Si uno piensa en que un niño muerde, no se está diciendo nada, pero posiciona al profesional sobre desde qué lugar está mirando, porque no es lo mismo que decir que el niño, cuando está enojado y no recibe lo que quiere, la muerde a la mamá. Allí hay que analizar qué conducta tiene la madre y qué conducta tiene para ese niño.
Luis Schlossberg. Redacción Puntal