Para los jueces, los indicios no dejan dudas que Medina es el asesino de Muñoz
Es la “única, necesaria e ineludible conclusión”, dijeron. Dieron por acreditado que se conocían de niños y que la tarde del crimen el acusado salió “a mil” detrás de la mujer. Agregan que en el local quedó la campera que había encargado y faltaba su ficha de cliente
“Todos los indicios, en forma ineludible, señalan a Sergio Aldo Medina (49) como autor del crimen de Claudia Muñoz (51)”.
Esa fue la conclusión a la que arribó, en forma unánime, la Cámara Primera del Crimen de Río Cuarto ayer, cuando hizo públicos los fundamentos de la sentencia que condenó a Medina a 15 años de cárcel, por el homicidio de la comerciante riocuartense.
Los motivos del fallo que levantó tanta polvareda en la ciudad eran esperados con singular expectativa por los deudos de Muñoz y por los familiares del albañil condenado, pues unos y otros creen tener sobrados motivos para oponerse a lo que resolvió el tribunal integrado por los camaristas María Virginia Emma, Daniel Antonio Vaudagna, Natacha Irina García y ocho jurados populares.
Para la familia de la comerciante asesinada de 33 puñaladas el 9 de mayo de 2017, semejante despliegue de violencia y saña justificaba ampliamente una condena a prisión perpetua. Por lo tanto, la resolución de la Cámara se quedó corta en cuanto a la pena porque dejó de lado los agravantes de “femicidio” y “ensañamiento”.
Para quienes insisten en la inocencia de Medina, no hubo una sola prueba en el juicio que lo coloque en la escena del crimen, el probador de la pilchería Mil Sol, de calle San Martín 2074, donde hallaron el cadáver de Claudia.
Sostienen ellos que el acusado debió ser absuelto y liberado en forma inmediata. Uno de los caballitos de batalla de tal argumentación fue la postura que tomó el propio fiscal de Cámara, Julio Rivero, quien reconoció en su alegato que (pese a que estaba convencido de que el autor del crimen era el hombre apocado e inexpresivo que estaba sentado en el banquillo) no tenía ni siquiera un indicio que lo llevara a pedir una condena. “Sin pruebas no hay manera de pedir condena, si no seríamos acusadores a ultranza”, había dicho Rivero, sin sospechar lo que pasaría la noche del veredicto.
Carlos Medina, hermano del acusado, habló esta mañana con Buen Día Río Cuarto:
No hay “duda razonable”
Entre una y otra versión, los 296 folios de la Resolución número 13 de la Cámara Primera afirman que los indicios analizados durante el juicio confluyeron en una “única, necesaria e ineludible conclusión”: Sergio Medina es el autor del homicidio de Claudia Muñoz.
La sentencia aseguró que la univocidad de los indicios “no admite hendidura alguna para el ingreso de una duda razonable al respecto” y agregó que una duda “sólo podría sostenerse a partir de un análisis parcial y sesgado de esos elementos probatorios” que omita una “valoración conjunta e integrada de la totalidad de los señalados datos indiciarios”.
¿Cómo enlazaron esos indicios? El tribunal detalló que, a partir de la prueba incorporada al debate, quedó probado que el día del hecho, Medina fue al negocio de Claudia Muñoz y la mató (asestándole 33 puñaladas) con un cuchillo monofilo que llevaba. Afirmó que en el mostrador del local se encontró una campera de caballero del mismo talle de Medina, que coincidió con el encargo que él había hecho. La Cámara, además, valoró que faltaba la ficha de registro de compras de Medina.
Se comprobó no sólo que era cliente, sino que era conocido de la víctima desde niños y que el día del hecho salió caminando “a mil” detrás de ella, sostuvo el escrito. En base a la prueba fílmica y a los relatos de testigos, el fallo reconstruyó el itinerario seguido por Sergio Medina y por Claudia Muñoz, en los instantes previos al hecho, y -según los magistrados- coincidieron en tiempo y lugar.
En la sentencia, se destaca que todas las defensas intentadas por Medina fueron investigadas y desvirtuadas en base a la prueba producida durante el debate y que las otras hipótesis de autoría fueron descartadas después de investigaciones exhaustivas.
Testigo nuevo (¿o embarrador?)
En la sentencia, el tribunal desestimó la hipótesis introducida en la causa por el testigo nuevo José Luis Salinas. El muchacho delgado y de cabello rojizo que afirmó haber visto a Claudia Muñoz ingresar al local Mil Sol con un joven no identificado, momentos antes del crimen.
En dos careos efectuados durante el juicio se pudo comprobar que la descripción de la ropa de la víctima y las referencias a sus movimientos previos no coincidían en nada con los detalles brindados por otros testigos que también vieron a Claudia Muñoz en los momentos previos a su deceso, los cuales habían sido corroborados con prueba independiente, afirmó la sentencia.
“Todo lo anterior les priva absolutamente de verosimilitud a los dichos de José Luis Salinas y permite vislumbrar la mendacidad de su contenido, consideración en base a la cual el fiscal de Cámara solicitó, en sus conclusiones finales, la remisión de antecedentes al fiscal de Instrucción de esta ciudad que por turno corresponda por la posible comisión del delito de Falso Testimonio”, enfatizó el tribunal.
En cuanto a la calificación legal del crimen, el tribunal consideró que en la causa no se acreditaron “los indicadores de desigualdad que colocan a la mujer en una situación de inferioridad y la hacen pasible de violencia a manos de un hombre”, ni se han verificado las condiciones del ensañamiento. Por estas razones, encuadró la conducta en el delito de homicidio simple.
Los rostros de la desazón
Pocas veces la difusión de los fundamentos de una condena despertó tantas expectativas como las que generó el fallo que envió a prisión a Medina.
Lo habitual es que sólo los abogados se acerquen al despacho de Tribunales para conocer los porqués de una decisión judicial. Pero ayer fue la excepción.
En las escalinatas del imponente polo judicial, había mujeres y hombres con remeras oscuras y leyendas que exigían la liberación de quien fuera señalado como el autor de más de 33 puñaladas a una mujer indefensa.
Entre la treintena de rostros, había algunos fácilmente reconocibles, como el del hermano del detenido, Juan Carlos Medina. “El gobernador dijo que si hay un error se puede corregir; bueno, hasta ahora no se ha corregido porque si no mi hermano no seguiría ahí adentro”, señaló uno de los impulsores de las protestas callejeras.
A pocos metros de él estaba el esposo de Claudia Muñoz, Juan Carlos Debia, quien dijo que después del juicio intentó abstraerse de las marchas que se montaron. “No sé ni qué día se hicieron ni cuánta gente fue, porque no me importa”, recalcó.
Sobre los rumores en su contra que siguen tejiéndose en las redes sociales, Debia dijo que no frecuenta esas redes, pero algunos conocidos le hacen llegar los comentarios que lo salpican. “Yo estoy muy tranquilo, a mí me investigaron y sé muy bien quién soy”, dijo el viudo y recalcó que después de estudiar con detenimiento los fundamentos, lo más probable es que hagan un recurso de casación para intentar que se agrave la pena contra Medina.
“Nosotros creemos que la prisión perpetua y no otra es la pena que le corresponde”, remarcó.
Ahora, tanto el querellante como los defensores (y hasta el mismo fiscal si así lo cree) disponen de un plazo legal para empezar a darles forma a los recursos de casación que buscarán torcer los alcances del fallo.