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Parkinson: una enfermedad compleja que desafía a la medicina y pone el foco en la calidad de vida

En el marco del Día Mundial del Parkinson, el neurólogo Víctor Lovell (M.P. 12042) analiza una patología neurodegenerativa que afecta a millones de personas en el mundo. Síntomas iniciales poco visibles, tratamientos que avanzan pero no curan, y el rol clave de los hábitos saludables marcan el pulso de una enfermedad que aún guarda interrogantes

La enfermedad de Parkinson continúa siendo uno de los grandes desafíos de la medicina moderna. Se trata de una patología neurodegenerativa progresiva que, tal lo explica el neurólogo Víctor Lovell, ocupa el segundo lugar en frecuencia dentro de este grupo, detrás del Alzheimer. A pesar de los avances científicos, su origen exacto todavía no está completamente definido, lo que limita las estrategias de prevención y cura definitiva.

“Es una enfermedad que genera trastornos motores, sensitivos y del sistema nervioso autónomo, y que en aproximadamente un 40 por ciento de los casos puede presentar deterioro cognitivo”, señala el especialista.

Embed - Dr. Víctor Raúl Lovell

Esta multiplicidad de síntomas hace que el Parkinson no sea una enfermedad uniforme, sino que se manifieste de manera distinta en cada paciente.

Uno de los principales desafíos en torno al Parkinson es la detección precoz. Lejos de comenzar con el clásico temblor, los primeros signos pueden ser sutiles y confundirse con otras condiciones o incluso con cambios propios del envejecimiento.

Entre las manifestaciones iniciales, Lovell destaca la pérdida o disminución del olfato, trastornos del sueño y síntomas depresivos. También pueden aparecer alteraciones en la deglución, que derivan en acumulación de saliva y otros cambios que no siempre despiertan sospechas inmediatas.

“Muchas veces estos síntomas son indistinguibles de otras patologías. Recién con el tiempo comienzan a aparecer los signos motores más evidentes”, explica el profesional en su consultorio de Clínica Villa Dalcar.

Es en esa etapa cuando se hacen visibles los rasgos más característicos: lentitud en los movimientos (bradicinesia), rigidez muscular, pérdida de la expresión facial y temblor. Sin embargo, no todos los pacientes presentan el mismo patrón. “En algunos predomina el temblor, en otros la rigidez. Es una enfermedad muy variable”, agrega.

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Aunque suele asociarse principalmente a los trastornos motores, el Parkinson también afecta otras funciones del organismo. Entre ellas, el sistema nervioso autónomo, lo que puede provocar dificultades digestivas, problemas urinarios o alteraciones en la vida sexual.

Además, pueden aparecer dolores articulares y musculares, especialmente en piernas, brazos y hombros. “No son el síntoma principal, pero forman parte del cuadro y afectan la calidad de vida”, indica Lovell.

Esta complejidad obliga a pensar el Parkinson como una enfermedad integral, que requiere un abordaje multidisciplinario.

¿Se puede prevenir?

Una de las preguntas más frecuentes gira en torno a la prevención, sin embargo, la respuesta sigue siendo incierta. “Todavía no podemos hablar de prevención concreta, porque no conocemos una causa claramente definida”, afirma el neurólogo.

Existen investigaciones sobre factores genéticos que podrían predisponer a la enfermedad, aunque en la mayoría de los casos no se trata de una patología hereditaria. Solo en situaciones puntuales —generalmente con aparición temprana y antecedentes familiares— puede observarse un patrón más claro.

También se han estudiado posibles factores protectores, como la vitamina E. No obstante, los resultados no han sido concluyentes. “La vitamina E presente en los alimentos podría tener algún efecto, pero no hay evidencia sólida que respalde su uso como tratamiento o prevención”, aclara.

En este contexto, las recomendaciones se alinean con las de otras enfermedades crónicas: llevar una vida saludable, mantener actividad física regular y controlar factores de riesgo como la presión arterial.

Tratamientos

En la actualidad, el tratamiento del Parkinson está orientado principalmente a controlar los síntomas. El fármaco más utilizado sigue siendo la L-dopa, que actúa compensando la falta de dopamina en el cerebro.

“La L-dopa mejora notablemente la movilidad, aunque no tiene tanto efecto sobre el temblor. Pero es importante entender que no cura ni detiene la enfermedad”, subraya Lovell.

El tratamiento farmacológico suele requerir múltiples dosis diarias, lo que condiciona la rutina del paciente. Además, como toda medicación, puede generar efectos secundarios.

En casos seleccionados, se recurre a tratamientos quirúrgicos, como la estimulación cerebral profunda. Este procedimiento consiste en implantar dispositivos que actúan sobre áreas específicas del cerebro para mejorar los síntomas motores. Sin embargo, tampoco elimina la necesidad de medicación.

Por otro lado, existen líneas de investigación en terapias celulares, aunque aún se encuentran en etapas experimentales.

El impacto del Parkinson en la vida cotidiana varía significativamente entre pacientes. “Hay personas que, después de varios años, mantienen una vida activa, incluso practicando deportes. Y otras que en poco tiempo presentan un deterioro importante”, explica el neurólogo.

La progresión de la enfermedad puede limitar la movilidad, la autonomía y la participación social. A esto se suma la dependencia de la medicación y sus efectos colaterales, lo que también repercute en el entorno familiar.

En este sentido, el acompañamiento integral resulta clave, no solo desde lo médico, sino también desde lo emocional y social.

Hábitos saludables

Uno de los pilares fundamentales en el manejo del Parkinson es la actividad física. “Debe formar parte del tratamiento junto con la medicación. Por separado, ninguna de las dos cosas es suficiente”, enfatiza Lovell.

Existen disciplinas que han demostrado beneficios específicos, como el tango o el tai-chi, que contribuyen a mejorar el equilibrio, la coordinación y la movilidad. Estas prácticas, además, aportan un componente social y emocional que resulta especialmente valioso.

En el Día Mundial del Parkinson, el mensaje de los especialistas combina cautela y esperanza. Si bien aún no existe una cura, los avances en investigación continúan abriendo nuevas posibilidades.

“El objetivo es lograr que la enfermedad no se desarrolle, pero para eso necesitamos entender mejor sus causas”, concluye Lovell. Mientras tanto, el enfoque sigue centrado en mejorar la calidad de vida de los pacientes, promover el diagnóstico temprano y fomentar hábitos saludables que, aunque no previenen la enfermedad, contribuyen a un mejor transitar de la misma.

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