Regionales
Pecchio: “Toqué timbre y ahí mi familia se enteró de que estaba vivo”
Osvaldo Pecchio, excombatiente de Ucacha, pudo regresar con un grupo a las islas el año pasado.
Señala que fue “un reencuentro muy íntimo” con aquella geografía donde quedaron muchos compañeros conocidos.
En plena contienda su destino fue un lugar cerca de Puerto Argentino. Llegó allí el 2 de abril y estuvieron en combate casi permanente. “Desembarcamos y enseguida nos mandaron a Pradera del Ganso, un campo donde no había nada, sólo una escuela. Entramos en combate y fue todo muy bravo”. En la tarea de proveer municiones, a Pecchio le tocó arrastrarse en pleno ataque tratando de evitar balas enemigas y encontrándose con cuerpos de soldados argentinos ya muertos.
Recuerda que en el último enfrentamiento “nos metimos en las trincheras y luego de seis horas de combate tuvimos que entregarnos. Estábamos cercados, con muchos compañeros muertos y heridos agonizando”, dice con un nudo en la garganta.
Aquel 25 de abril cumplió los 19 en las islas y sus compañeros le regalaron un caramelo y dos galletitas.
El doloroso regreso
Terminada la guerra y después de 15 días prisioneros los dejaron en libertad en Montevideo: “De un crucero ruso pasamos a varios buques de la Cruz Roja que nos llevaron a La Plata, donde nos dieron ropa nueva. Después de unos días nos llevaron a Sarmiento, Chubut, para a la semana dejarnos ir. De regreso a Ucacha, me encontré en Río Cuarto con Jorge González, que también volvía. Cuando llegué a mi casa y toqué timbre recién ahí se enteró mi familia de que estaba vivo”, rememora Osvaldo.
Lamenta que de ese modo, sin notificación oficial, fue que muchas familias se enteraron de que sus hijos habían caído en la guerra.
Señala que fue “un reencuentro muy íntimo” con aquella geografía donde quedaron muchos compañeros conocidos.
En plena contienda su destino fue un lugar cerca de Puerto Argentino. Llegó allí el 2 de abril y estuvieron en combate casi permanente. “Desembarcamos y enseguida nos mandaron a Pradera del Ganso, un campo donde no había nada, sólo una escuela. Entramos en combate y fue todo muy bravo”. En la tarea de proveer municiones, a Pecchio le tocó arrastrarse en pleno ataque tratando de evitar balas enemigas y encontrándose con cuerpos de soldados argentinos ya muertos.
Recuerda que en el último enfrentamiento “nos metimos en las trincheras y luego de seis horas de combate tuvimos que entregarnos. Estábamos cercados, con muchos compañeros muertos y heridos agonizando”, dice con un nudo en la garganta.
Aquel 25 de abril cumplió los 19 en las islas y sus compañeros le regalaron un caramelo y dos galletitas.
El doloroso regreso
Terminada la guerra y después de 15 días prisioneros los dejaron en libertad en Montevideo: “De un crucero ruso pasamos a varios buques de la Cruz Roja que nos llevaron a La Plata, donde nos dieron ropa nueva. Después de unos días nos llevaron a Sarmiento, Chubut, para a la semana dejarnos ir. De regreso a Ucacha, me encontré en Río Cuarto con Jorge González, que también volvía. Cuando llegué a mi casa y toqué timbre recién ahí se enteró mi familia de que estaba vivo”, rememora Osvaldo.
Lamenta que de ese modo, sin notificación oficial, fue que muchas familias se enteraron de que sus hijos habían caído en la guerra.
