El deterioro no es exclusivamente argentino. Los resultados internacionales también vienen mostrando dificultades y, después de las mejoras observadas hasta 2012, PISA registra retrocesos en numerosos países. Para Argentina, sin embargo, la caída se produce sobre niveles de desempeño que ya eran bajos.
Pero al poner la lupa sobre lo que ocurre con los chicos de 15 años que rindieron las evaluaciones, las investigadoras del Ieral de la Fundación Mediterránea, Laura Caullo y Guadalupe Galíndez, detectaron que hay grandes distancias entre los resultados de alumnos de diferentes niveles socioeconómicos. A priori podría ser algo previsible, sin embargo las diferencias son sorprendentes.
El informe destaca que hasta 2012, la distancia entre el 10% de los estudiantes con mejores resultados y el 10% con los peores se había reducido. Parte de esa reducción se explicó porque mejoraban quienes estaban abajo mientras perdían puntaje quienes estaban arriba. Después de 2012, los resultados cayeron en ambos extremos, pero con mayor intensidad entre los estudiantes de peor desempeño. La brecha volvió así a ampliarse en un contexto de deterioro general.
Pero la información que acompaña la evaluación permite mirar también algunas de las condiciones y trayectorias con las que los estudiantes llegan a los 15 años.
“No permite establecer una causa única detrás de los puntajes, pero sí identificar asociaciones relevantes”, advierte el informe de Caullo y Galíndez.
Un punto central que destacan las investigadoras es la repitencia. A los 15 años, el 17,7% de los estudiantes había repetido al menos una vez durante la primaria o la secundaria. Detrás del promedio hay una brecha socioeconómica considerable. “La proporción llega al 28,7% entre los estudiantes del cuartil de menores recursos y baja al al 6% entre los del cuartil superior”.
Otra dimensión que se encargan de destacar es la asistencia. El 27,8% de los adolescentes argentinos declaró haber faltado a clases al menos una vez durante las dos semanas anteriores a la evaluación. Más de uno de cada cuatro.
El ausentismo tiene un claro componente socioeconómico. Entre los estudiantes del cuartil de menores recursos alcanza el 33,8%. Sin embargo, no se limita a los sectores vulnerables. En el cuartil de mayores recursos también había faltado el 19,2% de los estudiantes. Es decir, casi uno de cada cinco. De todos modos la brecha es amplia entre ambos grupos.
Asistencia y resultados
“Lo más interesante aparece cuando se relaciona la asistencia con los resultados. Los estudiantes que habían faltado obtuvieron puntajes inferiores a los de quienes no lo habían hecho. La diferencia promedio fue de 31 puntos en Matemática, 36 en Lectura y 39 en Ciencias. La asociación, además, permanece cuando se comparan estudiantes dentro de cada nivel socioeconómico”, explican Caullo y Galíndez.
En las tres áreas, la brecha entre quienes faltaron y quienes no lo hicieron es mayor en el cuartil socioeconómico más alto. En Matemática llega a 37 puntos, frente a diferencias de entre 18 y 20 puntos en los tres cuartiles inferiores. En Lectura alcanza 43 puntos y en Ciencias, 45.
El informe pide “interpretar estos números con cautela”. PISA permite identificar asociaciones, pero no aislar el efecto causal de faltar a clases. Una ausencia puede estar vinculada con problemas familiares, enfermedad, dificultades escolares, trabajo u otras circunstancias que también inciden sobre el desempeño. Por lo tanto, no corresponde afirmar que faltar a clases provoque por sí mismo una determinada pérdida de puntaje.
“Lo que sí muestran los datos es que la asociación entre ausentismo y menores resultados no desaparece en los niveles socioeconómicos más altos. Estar formalmente dentro del sistema educativo es una condición necesaria, pero no dice todo sobre la forma en que se transita la escolaridad”, agregaron. El nivel socioeconómico, de todos modos, sigue marcando diferencias muy grandes. En Matemática, los adolescentes del cuartil inferior obtuvieron 342 puntos,frente a 421 entre los del cuartil superior. Son 79 puntos de distancia. Las desigualdades de origen no sólo se reflejan en los puntajes, sino también en algunas características de las trayectorias escolares. Los estudiantes de menores recursos repiten y faltan con mayor frecuencia.