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La increíble historia del único argentino que triunfa en Pixar

Forjó su carrera desde cero, pasó por pequeños trabajos en el exterior y terminó aportando su creatividad a producciones emblemáticas del cine animado. Su recorrido muestra cómo la perseverancia, la formación y las oportunidades correctas pueden abrir puertas impensadas en la industria más competitiva del mundo

Gastón Ugarte es el nombre detrás de una de las trayectorias más improbables —y más inspiradoras— de la animación mundial. Es el único argentino que logró formar parte de Pixar Animation Studios, el corazón creativo donde nacieron películas como Toy Story, Coco, Intensamente y Lightyear. Su recorrido no empezó en grandes academias ni en polos tecnológicos, sino en los cuadernos del colegio, cuando todavía intentaba descifrar qué hacer con su vida.

Hoy, convertido en director de arte de una de las compañías más admiradas del planeta, Ugarte mira hacia atrás y reconoce que el camino jamás fue lineal. Su historia comenzó como la de tantos adolescentes que dibujaban compulsivamente en las horas libres, pero con una diferencia: decidió investigar cómo podía trabajar en animación en un país donde, en aquel momento, casi no existían referencias ni formaciones específicas.

La primera puerta se abrió por accidente. A partir de una recomendación escolar, viajó a Estados Unidos en un intercambio cultural. La familia que lo hospedó —en particular, la “mamá postiza”, profesora de biología— tenía un contacto en una universidad de arte. Ese contacto, a su vez, lo vinculó con una persona de Disney. Fue ahí donde Ugarte descubrió qué pedían los estudios internacionales y, por primera vez, entendió un camino posible: si quería trabajar en animación, debía prepararse para un oficio técnico, complejo y profundamente colaborativo.

Se recibió en 2002 y comenzó como casi todos: con trabajos pequeños, proyectos sueltos y largos períodos de incertidumbre. Nada hacía pensar que terminaría en Hollywood. Su primer gran salto llegó desde Nueva York, donde una empresa lo contrató para trabajar en producciones audiovisuales durante un par de años. Ese entrenamiento le abrió la puerta más inesperada: Sony Pictures lo convocó para sus películas animadas. Allí pasó dos o tres proyectos que le dieron, por fin, el roce cinematográfico que necesitaba.

La oportunidad mayor —la que cambió su carrera para siempre— llegó en 2006. Pixar lo llamó. No fue magia ni casualidad: había cuatro años de trabajo sostenido, de aprendizajes técnicos, de frustraciones y de pequeñas victorias detrás de esa convocatoria.

Desde entonces, Ugarte formó parte del equipo que imaginó algunos de los mundos más reconocibles de la animación moderna. Como director de arte, su rol consiste en crear los escenarios, las texturas y los ambientes que sostienen la historia. “Cada película requiere un ejército de gente. En mi equipo de sets somos unas 25 personas por proyecto, cada una con disciplinas diferentes. La clave está en la colaboración y en el aprendizaje constante. Estamos todo el tiempo aprendiendo cosas nuevas”, explica en una entrevista con Perfil Córdoba.

Ese “ejército” trabaja durante años sobre cada producción, ajustando colores, materiales, climas y estilos visuales. Nada queda librado al azar. Una sombra en la mesa de Coco, una pared en Luca, un reflejo en Lightyear o el dormitorio de Intensamente 2: todo pasa por equipos como el suyo.

La irrupción de la inteligencia artificial también golpeó su industria y lo obligó a repensar procesos. “Es un tema disruptivo en la industria. La implementamos para hacer más eficiente la producción, pero cuidando que no reemplace el trabajo de nadie. La ética es central: la tecnología debe ser una herramienta, no un fin”, señala.

A pesar de haber construido su carrera en Estados Unidos, Ugarte sigue mirando a la Argentina con sorpresa. Le impresiona el boom de productoras pequeñas que hoy trabajan para gigantes globales. “Me impresiona la cantidad de trabajo que hay, hoy por hoy, en este rubro. Antes los chicos no podían vivir de esto en Argentina y tenían que emigrar e irse a otros lados. Quizás la pandemia fue un puntapié importante para todo el outsourcing que se está haciendo ahora desde Argentina hacia el mundo. Es increíble”, cuenta.

De hecho, sostiene que hoy existen “un montón de estudios chiquitos, casi boutiques, en toda Argentina que trabajan para Disney y para empresas de Estados Unidos y de otros países”, y atribuye ese fenómeno a una combinación de talento, conectividad y nuevas formas de producción remota.

Esa expansión también está ligada a cambios educativos. Castelli subrayó que la formación profesional ya no puede limitarse a enseñar técnicas: “Para nosotros es muy importante poder transmitirle a los estudiantes que ellos son emprendedores, que diseñen sus ideas y que pueden desarrollar su propio negocio. Para eso, los estudiantes deben cursar materias obligatorias vinculadas con la práctica profesional”, afirma. Esas prácticas incluyen 250 horas reales de trabajo en empresas, estudios jurídicos, contables o espacios creativos.

Ugarte coincide: la industria necesita profesionales capaces de adaptarse. “Allá —por Estados Unidos— las empresas van a buscar talento a las universidades. Hay como un colchón que conecta el estudio con la primera experiencia laboral”, explica.