El colorido y la exuberancia de los gladiolos los convierten en flores fundamentales en floristería, en la que todo ramo que se precie llevará alguno de ellos.
Los gladiolos alcanzan una altura de entre 60 y 180 centímetros. Se desarrollan a partir de un tallo subterráneo llamado cormo, que es parecido a un bulbo pero con forma redondeada y algo achatada.
Sus hojas son ensiformes, abrazándose mutuamente en la base, rígidas y erectas recorridas de numerosas nerviaciones paralelas. Los tallos del gladiolo están recubiertos de hojas en su
porción inferior y sosteniendo flores reunidas en espiga. Los colores de las flores son muy variados.
Hay que tener especial cuidado con la tierra que se utilizará para sembrar estas flores. Es mejor que en el terreno elegido no se haya usado el año anterior para el mismo cultivo, ya que las plagas suelen cebarse con estas plantas.
El suelo tiene que ser rico en humus y bien drenado, ligeramente ácido. La temperatura ideal del suelo oscila en torno a los 10-14 ºC, por encima de los 30 grados suele ser perjudicial.
Para su cultivo, hay que comprar en viveros algunos bulbos, de 2 a 3 centímetros y que sean de una apariencia contundente. Los alargados suelen germinar mejor que los aplanados. La plantación se realizará sobre un lecho de arena, con una separación de unos 30 centímetros entre las hileras.
El riego debe ser abundante para que empape bien las raíces y conviene hacer hincapié durante los primeros diez días de plantación.
Luego volver a regar intensamente cuando aumente el tamaño de la base de las vainas de las hojas. Para el abono, hay que recurrir a compuestos ricos en materia orgánica.
Cuando la planta alcanza los 15 centímetros de altura, el abono será cada tres semanas. La humedad ambiental deberá estar comprendida entre el 60-70%.
Los insecticidas, cada dos semanas, evitarán que las flores sean pasto de pulgones y orugas. Entre cuatro y seis semanas después de plantarlos aparecen las primeras espigas que darán
lugar a las flores. Esta planta requiere de mucha luz.
De hecho florecen mejor si reciben doce horas de luz solar. Con la falta de luminosidad, suelen quedarse ciegas y no pueden ofrecer su mejor color.
Por eso, en el caso de los invernaderos hay que aportar luz artificial si hay carencia de sol.
Si se desea cultivar gladiolos para flor cortada, destinada a ramos y decoración del hogar, se puede optar por cultivar al aire libre o en túneles de plástico. En el primer caso, conviene
enterrar bien los bulbos, a unos 8 centímetros, con el fin de que cuando florezcan el peso de las flores no vuelque a la planta.
Para la conservación, una vez cortada la flor, siempre deberá estar en posición vertical.
Con la intención de sembrar el año siguiente, será conveniente arrancar los bulbos una vez podados los tallos. Hay que arrancarlos lo antes posible, si no, se pudrirán. Si el tiempo es cálido, se puede realizar al aire libre. Lo ideal es que estén a 25 ºC.
Variados colores
El gladiolo florece en tonos cálidos de color rosa, salmón, amarillo, rojo, fresco tonos de lila y lavanda-azul y blanco pacífico. Florecen abiertas de abajo hacia arriba con los pétalos agitados, semiáridos, o llanos. Los gladiolos se agrupan desde miniatura a tamaño de gigante. Más grandes, más populares.
Para asegurarse de comprar los mejores bulbos, verifique que sean duros y sin agujeritos. Si al presionar la base se hunde, es que no está en buenas condiciones.
Diez centímetros de espesor es lo mínimo que debe tener de tierra vegetal el césped para poder vivir.
Cuanto más tierra vegetal tenga, contra los preconceptos, será mucho mejor.
Para un mejor cultivo de los gladiolos conviene aplicar de 2 a 4 pulgadas de mantillo orgánico para ayudar a prevenir las malas hierbas y conservar la humedad.
Antes de plantar, añadir fertilizantes o abono al suelo, convendrá aplicar fertilizantes con alto contenido en potasio, cuando el crecimiento es de 1/3 de la altura final. Habrá que mantener el fertilizante fuera de los tallos de la planta.
Para mantener en perfecto estado las plantas es necesario eliminar las flores gastadas mediante la poda.
Con relación a las plagas, hay que controlar la podredumbre, pudrición del tallo, el moho gris, virus tosa y amarillos que la pueden atacar. También los ácaros y pulgones.
Para la plantación de los bulbos, hacerlo de 3 a 6 pulgadas de profundidad en la primavera, dependiendo del tamaño de los bulbos. Plantar en grupos de siete o más en un jardín perenne en las filas o en un jardín de corte.
¿Cómo elegirlos?
Para tener en cuenta en el momento de comprar, elegir las flores firmes, regordetas, centradas en lo alto de los bulbos, con hojas lisas y sin manchas o zonas oscuras.
Para conservar los cormos y cultivar varios años el gladiolo, renovándose sobre el cormo anterior, cuyos restos permanecen en la base del nuevo hay que saber que esta estructura está formada por varios nudos, de cuyas yemas axilares se forman nuevos cormos.
Con la llegada del otoño hay que encargarse de cavar y almacenar cada bulbo, que estarán preparados para ser cavados en torno a 6 semanas tras la floración.
Por esta época las hojas comienzan a amarillear y morir. Luego habrá que ubicarlos en un lugar luminoso, cálido y bien ventilado para que pierdan el exceso de humedad.
Antes de almacenarlos definitivamente es conveniente rociarlos con un insecticida, asegurándose de que entre los bulbos no haya ninguno que presente síntomas de enfermedad, ya que podría acabar con todos los sanos.

