Por Mateo Formia.
La tradición periodística objetivista, ahora dinamizada, hace pensar que lo frustrante de escribir en un espacio - tiempo acotado, más por lo cultural que por una suerte de destino ingobernable, es perder aquellos detalles de la vida misma. No sé si habrá algo parecido en la poesía o en los distintos círculos del arte. Estos parecen moverse con otras reglas. De igual manera, dentro de este filtro de realidad, resulta un desafío poder generar evocaciones en el lector que sean lo más completas y fieles posibles a la versión original y única. Versión que no conoce de sacerdotes, ni misericordia. Ni de estructuras, ni reescrituras. Versión pura, caótica y hermosa.
Esta página, con sus cuatro columnas y sus dos fotos, se pondrá a prueba en el intento de retratar este episodio de la vida (casi como un universo infinito en sí mismo) de la poeta local Camila Corradi. Tiene 18 años y es la ganadora de la convocatoria “Novísimes” del Festival de Poesía Ya! realizado entre el 3 y el 12 de febrero de este año. Camila se presentó el sábado pasado en el Salón de Honor del Centro Cultural Kirchner (CCK) con una lectura íntima y sentida de sus textos. Novísimes es un espacio dedicado a darle visibilidad a los y las jóvenes poetas del país.
Camila publicó su primer libro titulado Cría Bruta durante la Feria de Editoriales Independientes del 2022. Un poemario de gritos lagrimosos, amarronados y rojizos por el yugo de la tierra y la sangre, que salen secretados y a borbotones por cualquier resquicio. En el CCK, Camila presentó algunos poemas seleccionados de Cría Bruta y de Alondra, su actual proyecto. “Todavía no caigo…”, cuenta Camila en la previa de su presentación, y continúa “tengo mucha manija… es la primera vez que viajo sola, sin nadie.Lo que es hacer el check- in, llegar a Buenos Aires, todo solita y a la vuelta lo mismo… siento mucha adrenalina y curiosidad”.
- ¿Cómo viviste todo ese proceso de presentarte y de ganar la convocatoria?
- Todo tiene un nivel de mística muy elevado. El 2022 también fue mi primer año de universidad. El último parcial de la materia Lengua y Literatura Clásica era también el último día para presentarse en la convocatoria. A la vez, tenía placas y gastroenteritis. Pasó el tiempo, y el día del examen final de esa misma materia, a mi padre le agarra un preinfarto… lo tenían que operar, osea yo entraba al examen sabiendo que tenía que salir y llamar a mi hermana para saber cómo había salido la operación. Rindo, con todos los nervios… y apruebo. Pura felicidad. Cuando salgo de rendir veo que tenía un mail del CCK, pero trato de no ilusionarme. ”Hay suplentes también, no sabés si ganaste, flaca” me decía a mí misma. El mail decía que tenían que comunicarse conmigo. Mi padre, a todo esto, aún no había entrado al quirófano. Cuando estoy volviendo a mi casa en bondi, me llaman del CCK y me avisan que había ganado la convocatoria. En ese momento estaba en éxtasis. Llego a mi casa escuchando “Lunes por la madrugada” porque “más allá de toda pena, siento que la vida es buena”. Yo estaba en una… sentía que podía ganar la quiniela ese día. Llego y me dicen que la operación de mi padre había salido mal… pero él está bien ahora, por suerte.
- ¿Cómo es tu relación con la poesía?
- Yo escribo poesía desde que soy chiquita, aunque en ese momento no la leía. Escribía, tal vez, copiando a las letras de canciones. Después cuando se abrió la Casa de Poesía Betty Medina Cabral arranqué muchos talleres literarios. Ese fue el último año del secundario. Ahí es cuando se afinó la búsqueda poética, básicamente porque empecé a leer poesía. Fui a un taller donde la profe, Meli Gnesutta, nos traía poetas distintos todas las semanas. Empecé a aprender un montón, sobre cómo se escribe poesía y lo que me sensibiliza para escribirla también.Escribir siempre fue una cuestión catártica para mi. Cría Bruta nace de eso. Ni siquiera era consciente de que estaba escribiendo un libro. Yo era una piba que tenía sus poemas dando vueltas como cualquiera. Tuve la suerte de que un colectivo con gente muy copada los haya elegido para publicarlos. Además de tener una instancia de clínica y de edición donde poder pulir esos textos y generar un concepto o una atmósfera particular. A Cría Bruta no lo descubrí sola. Me parece extraordinario que tengamos poetas tan grosas en la ciudad, que den talleres en la Casa de Poesía y que si vos querés tomar uno de sus talleres podes hacerlo. Se juntan esas cosas de admiración y amor al mismo tiempo. ¿Qué sería de mí sin estas chicas que me acompañaron?
- ¿Qué significa participar dentro del Poesía Ya!?
- Cuándo presentamos Cría Bruta en la Feria de Editoriales Independientes tenía toda esa emoción de estar por primera vez en un ambiente de escritores. Era una escena muy graciosa para mí… yo ahí con editores y escritores teniendo conversaciones medio intelectualoides. De repente no sos una friki haciéndote ciertas preguntas o teniendo crisis con tus procesos de escritura, sino que son cuestiones comunes a todos. Yo estaba fascinada. Y bueno, ir al Poesía Ya! es como ir a revivir eso pero en un círculo mucho más grande, dónde hay muchos más frikis como yo. Escritores, lectores y mucha gente nueva con la que podemos compartir y rosquear intereses y preocupaciones. Me parece hermoso. Estamos en grupos de WhatsApp haciendo la previa del festival, donde hacemos elecciones de poemas con los compas, preparamos lecturas, nos ayudamos. Es toda una rosca poética constante que no sé.., me encanta. Estoy en mi salsa.
- ¿Tenés algún proyecto en el que estés trabajando ahora?
Ahora tengo un proyecto de poemario que se llama Alondra, donde intervienen cuestiones más de procedimiento. Es una búsqueda más consciente, de cómo la razón funciona como soporte de la escritura. Alondra es un pájaro, y también se les dice así a las personas madrugadoras. Me parece muy hermosa incluso fonéticamente. Alondra nace de ciertas preguntas que comencé a hacerme a partir de redescubrir el epígrafe de Cría Bruta: “el dolor habla lengua animal”, un verso del libro Lengua Montaraz de Belén Zavallo. ¿Por qué la animalidad aparece como un recurso poético?, empecé a preguntarme. Me di cuenta que los textos que consumía, también usaban a la animalidad. Darío Zeta dice que la animalidad opera como una alteridad, que depositamos en la animalidad aquello que se diferencia de la hegemonía del deber ser capitalista heterosexual, cis, blanco. Así como la mujer o el negro es un otro, el animal también es un otro. Por eso lo usamos, para hacer hablar a ese otro que no tiene tanto lugar en el sistema que vivimos. Entonces, cuando me encuentro con la palabra Alondra empiezan a salir poemas con un yo lírico que sigue, observa o se diferencia de un pájaro. Yo hablo de la animalidad a través de esa Alondra.
- En el CCK vas a leer textos de Cría Bruta y de Alondra. En esta revisión de tus escritos ¿Con qué Camila te encontraste?
- Con Cría Bruta, me pasa que es una voz que ya no uso. Es un libro que habla solo. A veces voy a esos lugares porque es lo que me sale: el de evocar secreciones o que aparezcan rasgos sangrientos… es todo muy gore pero lírico a la vez. Sin embargo, hay algo que está dicho en Cría Bruta, que ya no puedo seguir diciendo. En Alondra hay una nueva voz. Por eso en el CCK, me recomendaron generar una atmósfera que marque la diferencia entre ambas voces. Que se note que son dos yo líricos, cada uno con su personalidad, con puntos de contacto pero distintos entre sí. La coordinadora de Novísimes me dijo que hay como dos fuerzas en los poemas que presenté: en Alondra está la fuerza de los Celeste y en Cría Bruta, la de lo terrenal. Me pareció una lectura muy amable.
- Es imposible no entrar en crisis con la escritura propia, ¿no?
-Hubo un momento en el que me arrepentí de haber publicado Cría Bruta, imaginate. No volví a abrirlo por un tiempo, le daba la espalda. Después nos reconciliamos, pero tenemos esos encuentros. Creo que esto pasa porque todo texto está inacabado. Hay muchos autores que dicen que a los textos los completa el lector. Yo no paro de toquetear mis poemas, volvería todo el tiempo sobre ellos para modificarlos. Es como cuando nos preguntamos “¿Por qué era amigo de este?” o “¿Cómo pude salir con esa persona?”. Los textos son registros de esos momentos en la vida. Si esa revisión la hacemos sobre nosotros mismos constantemente, mira si no nos va a pasar lo mismo con nuestros textos.

