“Me detuvo un policía que es vecino del barrio. Me trató con mucho respeto y yo no me opuse nunca a nada. Pero lo que se vive ahí adentro es horroroso, nunca pensé que iba a estar en esa situación”, dijo.
Le tocó estar en un pabellón “de conducta” a donde van los internos menos conflictivos. “Dentro de todo, se podía vivir, pero pasan situaciones horrendas, me llevaría un día entero contarlas”.
Relató que en cada pabellón hay un jefe. Era uno de los internos que le había asignado un custodio con la misión de que no se despegara de Gambero.
“Apenas entré, les comenté lo que había vivido pero no me querían creer, pensaban que era alguien mandado por la Policía, un soplón o un investigador encubierto para averiguar lo que pasaba ahí adentro. Por eso, había uno que no se despegaba de mí ni un minuto, ni siquiera para ir al baño”, comentó.
Detalló que ni siquiera le permitían cerrar la cortina de su celda. “Estaba vigilado las 24 horas, al lado de personas asesinas de verdad”.
Gambero se quebró cuando mencionó el apoyo que recibió desde su familia. “Gracias a ellos pude atravesar todo esto. Te despertabas todos los días sin saber lo que te iba a pasar. Si vas a quedar en medio de un tumulto, a lo mejor por culpa de un tercero quedás en medio de un quilombo”.
Gambero no quiere profundizar en lo que vio dentro del penal para ahorrarse problemas. “Adentro hay mucho consumo de drogas, hay toda una conexión de cosas que vos como periodista a lo mejor ya te imaginás y que existen verdaderamente. Ese es el tema que los maneja todo el tiempo y los ayuda a estar encerrados. Al último ya ni quería salir de la celda para no tener problemas, esperaba que me otorgaran la libertad porque nunca me correspondió estar preso”, remarcó Gambero.

