Policiales
Por traficar droga en la cárcel, un preso fue condenado a 6 años de prisión
El interno de la Penitenciaría Nº 6 accedió a un juicio abreviado este martes tras reconocer los cargos. Sumado a la pena que arrastra, ahora deberá purgar 6 años y medio entre rejas.
José Daniel Luna, el interno que fue llevado a juicio por haber sido sorprendido en varias ocasiones con droga que sería destinada al tráfico dentro del Servicio Penitenciario Número 6, fue condenado este martes a 6 años de prisión que, sumado a otra sentencia que arrastra, se elevará a un total de 6 años y 6 meses.
Luna fue acusado de tenencia de drogas con fines de comercialización agravada por haber sido sorprendido dentro de un centro de detención, y accedió a un juicio abreviado tras reconocer los cargos que se le incriminaban.
El historial de delitos
El primer llamado de atención para el interno se produjo el 7 de febrero de 2017. Ese día, a las 7 de la mañana, los guardias estaban requisando una de las celdas del Pabellón 8 donde se alojaba Luna junto a otros presos. Allí se incautaron un envoltorio con 3,5 gramos de marihuana y otro que tenía dos “tizas” y 10 envoltorios de cocaína con un peso total de 18,1 gramos.
Todo eso, según la fiscalía, estaba dentro un exprimidor de naranjas. “Dichas sustancias estupefacientes eran tenidas por Luna dentro de su ámbito de custodia, para su posterior comercialización al menudeo en el interior de la unidad carcelaria”, fue la conclusión de Pizarro.
El 31 de julio de 2017, también durante la requisa que se hace a primera hora de la mañana, los guardias encontraron en la celda diez del Pabellón número 7 (la que ocupaba Luna junto a otro interno) un envoltorio de nailon con 10 gramos de marihuana, oculto en un paquete de arroz que estaba debajo de una cama.
En esa misma celda volvieron a encontrar estupefacientes el 13 de agosto de 2017. Ese día, en horas de la tarde, se hizo otro control de rutina y se incautaron dos envoltorios de nailon que contenían cocaína con un peso total 3,4 gramos.
Ese paquete, según manifestó el fiscal Pizarro, se hallaba oculto en el abrojo de una ojota que pertenecía a Luna.
El último hecho delictivo que se le atribuyó al interno data del 19 de diciembre de 2017. A las 7.15 de ese día, cuando los guardiacárceles hacían otra de sus rondas de inspección en las celdas, volvieron a encontrar droga, esta vez en la celda once del Pabellón 7, es decir, en el lugar donde se albergaba Luna, en compañía de otro interno.
De acuerdo a la descripción de la Fiscalía Antinarcotráfico, se encontró en esa celda un envoltorio de nailon con 14 gramos de marihuana, que se hallaba anudado en uno de los extremos de la sábana que utilizaba el preso.
En todos los casos, la conclusión del investigador fue que la sustancia en poder de Luna estaba destinada al narcomenudeo dentro del edificio de Avenida Sabattini 2.652.
Entre las pruebas que lo comprometen, se encuentran las declaraciones testimoniales de los agentes de la Policía Antinarcotráfico, pero también fueron indagados otros internos y están las actas de secuestro que se confeccionaron en cada uno de los controles de rutina, desgrabaciones de escuchas telefónicas así como también la lectura del contenido de los mensajes de teléfonos celulares.
La reproducción de las comunicaciones vía Whatssap que se habrían concretado entre el teléfono celular que Luna tenía dentro de la cárcel y otros aparatos ubicados dentro del Servicio Penitenciario aluden claramente a la intención de realizar “transas” dentro del penal.
Se menciona a la droga con diferentes términos. Por ejemplo, se denomina “flor” a la marihuana, y también se habla del “bagayo”, “alita”, entre otras palabras de la jerga.
La primera vez que el interno Luna fue indagado por la Policía, negó su responsabilidad en los hechos y se abstuvo de seguir declarando.
Luna fue acusado de tenencia de drogas con fines de comercialización agravada por haber sido sorprendido dentro de un centro de detención, y accedió a un juicio abreviado tras reconocer los cargos que se le incriminaban.
El historial de delitos
El primer llamado de atención para el interno se produjo el 7 de febrero de 2017. Ese día, a las 7 de la mañana, los guardias estaban requisando una de las celdas del Pabellón 8 donde se alojaba Luna junto a otros presos. Allí se incautaron un envoltorio con 3,5 gramos de marihuana y otro que tenía dos “tizas” y 10 envoltorios de cocaína con un peso total de 18,1 gramos.
Todo eso, según la fiscalía, estaba dentro un exprimidor de naranjas. “Dichas sustancias estupefacientes eran tenidas por Luna dentro de su ámbito de custodia, para su posterior comercialización al menudeo en el interior de la unidad carcelaria”, fue la conclusión de Pizarro.
El 31 de julio de 2017, también durante la requisa que se hace a primera hora de la mañana, los guardias encontraron en la celda diez del Pabellón número 7 (la que ocupaba Luna junto a otro interno) un envoltorio de nailon con 10 gramos de marihuana, oculto en un paquete de arroz que estaba debajo de una cama.
En esa misma celda volvieron a encontrar estupefacientes el 13 de agosto de 2017. Ese día, en horas de la tarde, se hizo otro control de rutina y se incautaron dos envoltorios de nailon que contenían cocaína con un peso total 3,4 gramos.
Ese paquete, según manifestó el fiscal Pizarro, se hallaba oculto en el abrojo de una ojota que pertenecía a Luna.
El último hecho delictivo que se le atribuyó al interno data del 19 de diciembre de 2017. A las 7.15 de ese día, cuando los guardiacárceles hacían otra de sus rondas de inspección en las celdas, volvieron a encontrar droga, esta vez en la celda once del Pabellón 7, es decir, en el lugar donde se albergaba Luna, en compañía de otro interno.
De acuerdo a la descripción de la Fiscalía Antinarcotráfico, se encontró en esa celda un envoltorio de nailon con 14 gramos de marihuana, que se hallaba anudado en uno de los extremos de la sábana que utilizaba el preso.
En todos los casos, la conclusión del investigador fue que la sustancia en poder de Luna estaba destinada al narcomenudeo dentro del edificio de Avenida Sabattini 2.652.
Entre las pruebas que lo comprometen, se encuentran las declaraciones testimoniales de los agentes de la Policía Antinarcotráfico, pero también fueron indagados otros internos y están las actas de secuestro que se confeccionaron en cada uno de los controles de rutina, desgrabaciones de escuchas telefónicas así como también la lectura del contenido de los mensajes de teléfonos celulares.
La reproducción de las comunicaciones vía Whatssap que se habrían concretado entre el teléfono celular que Luna tenía dentro de la cárcel y otros aparatos ubicados dentro del Servicio Penitenciario aluden claramente a la intención de realizar “transas” dentro del penal.
Se menciona a la droga con diferentes términos. Por ejemplo, se denomina “flor” a la marihuana, y también se habla del “bagayo”, “alita”, entre otras palabras de la jerga.
La primera vez que el interno Luna fue indagado por la Policía, negó su responsabilidad en los hechos y se abstuvo de seguir declarando.