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Entre el rockstar, el subibaja del dólar y la Ley Bases

El presidente Milei pasó por Córdoba y desde allí volvió a convocar a un acuerdo que sigue esquivo, por falta de pericia oficial. En el Congreso siguen las dilaciones de la Ley Bases, que suma incertidumbre y mete ruido hasta en el dólar

La última semana fue la fiel muestra de que a Javier Milei, por ahora, la realidad no le termina de impactar. Hay una suerte de disociación entre el Presidente y los efectos de las decisiones que tomó en este primer tramo de su Gobierno, que va rumbo a cumplir medio año.

Acaba de sufrir una primer corrida del dólar que llegó a inquietar porque de los casi $ 1.100 que cotizó durante varias semanas, con leves oscilaciones, en 72 horas llegó a $ 1.300. El salto, analizado desde distintos ángulos, tuvo sin dudas un cúmulo de combustibles: la nueva baja de tasas sin lugar a dudas que es una central; pero las demoras en el Congreso para obtener la Ley Bases, una vez más, llevó a potenciar la incertidumbre sobre la capacidad o no del Gobierno de gestionar en las cámaras legislativas. De nuevo volvió a escena, como a comienzos de año, la cintura de los actores del gabinete y de sus espadas legislativas para avanzar y tener su primer triunfo. Hasta acá, perdió durante las extraordinarias y logró dar un paso en Diputados. Pero no termina de anotarse el triunfo porque el Senado es otra historia, y requiere más sintonía fina. Esta semana finalmente, el Gobierno espera tener dictamen y llevar la discusión al recinto para aprobar, con modificaciones, el texto que llegó de la Cámara Baja. Eso, volverá el trámite a la cámara de origen.

En la calle, la actividad económica sigue toda para abajo, sin demasiado para entusiasmarse. Es más, hay coincidencias generalizadas de economistas y empresarios de que aún no hay indicios de recuperación a la vista; de que empiece la segunda pata de la “V”. Por ahora sigue la pendiente descendente. Es más, en las últimas horas se sumó la preocupación adicional de las industrias, que en Córdoba suman más de 4 decenas, que sufrieron la interrupción en el suministro de gas. Venían con baja en los niveles de producción y ahora debieron dejar de consumir gas natural porque no alcanza para todo el sistema y la prioridad lógica la tienen los usuarios residenciales. Los contratos interrumpibles recibieron la llamada para que frenen el consumo a cero. Algunos podrán reemplazarlo con otro tipo de combustible, siempre que la planta lo tenga previsto, pero en ese caso, a otro costo.

En la calle, la actividad económica sigue toda para abajo, sin demasiado para entusiasmarse.

En paralelo recuerdan también que las dificultades para importar no desaparecieron, más allá de que se eliminaron las habilitaciones que existían en el cierre del gobierno anterior por la escasez de dólares.

Pero el principal problema que acusa la industria es el freno de la demanda, la caída de la actividad económica que se mantiene. Todas las ramas están con menor producción, incluso las más elementales, como la de Alimentos y Bebidas. Esto, naturalmente tiene como paso previo al eslabón del comercio, que vende menos y necesita reponer menos. Y en un paso más, el origen está en el bolsillo de gran parte de la población, que se achicó considerablemente desde diciembre a esta parte.

El Gobierno tiene esperanza de que la desaceleración inflacionaria empiece a acomodar algo este último elemento. La idea allí es que los salarios empiecen a mejorar por encima de la inflación. De todos modos, para recuperar el terreno perdido, como se espera que esa mejora pueda ser muy paulatina, habrá mucho terreno por delante. Hay ingresos que perdieron hasta 25 o 30 puntos contra la inflación desde diciembre. Tal vez la cuenta ahora les sea favorable en 3 o 5 puntos por mes. Al menos, ese es el deseo.

Pero no todo es tan lineal en economía y menos cuando esa economía es argentina. En ese caso hay que tomar todo con pinzas. La semana pasada la corrida del dólar impactó en precios. Nada nuevo, más allá de que el vocero presidencial, el economista Manuel Adorni, haya dicho que son cosas distintas. Tampoco es nuevo ese argumento. Lo dijo Prat Gay, antes Kicillof, y muchos otros también. La desvinculación de los saltos en el tipo de cambio con los precios es siempre una afirmación oficial. En los hechos, siempre se comprueba lo contrario.

No fue la excepción la semana pasada ya que las consultoras que monitorean precios de forma online advirtieron que hubo una aceleración en los valores de los productos.

El Gobierno espera que mayo cierre con una cifra en torno al 5% de inflación mensual y mantener la baja después del 8,8% de abril.

El Gobierno tiene esperanza de que la desaceleración inflacionaria empiece a acomodar algo los ingresos.

Sobre ese punto, el presidente Milei volvió a “levantar” a su ministro de Economía, Luis Caputo, a la categoría de “rockstar” el sábado en Córdoba, cuando llegaron para los festejos centrales del 25 de Mayo que terminaron reemplazando el frustrado “Acuerdo de Mayo”, que intentaba ser un punto de partida sobre 10 puntos de políticas públicas que iban a firmar los gobernadores y el Presidente. Todo eso se desmoronó junto con la demora de la Ley Bases.

¿Es posible que haya logros en la economía real sin Ley Bases? El Gobierno, de alguna manera solapada, presiona con que las mejoras necesitan de esas herramientas. Pero allí muestra serias falencias para obtenerlas. Mientras, empezó el ruido de cambios de gabinete y hasta la advertencia de Milei de que todos sus ministros están bajo la lupa, algo que por supuesto sumó ruido a una semana que pasó entre recitales y actos.

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