En las tribunas de la Sociedad Rural de Río Cuarto no habrá finalmente candidatos a presidente, sin embargo eso no hará que los discursos previstos para el acto de apertura de la 89° Exposición no haya mensajes para quien resulte electo y asuma el 10 de diciembre.
El sector agropecuario viene insistiendo con una agenda que no termina de resolver vinculada a las retenciones, la brecha cambiaria y restricciones para exportar e importar.
Desde hace un tiempo que la distancia entre el tipo de cambio oficial y el paralelo representa un dolor de cabeza para los productores agropecuarios que cobran por el oficial y pagan insumos y bienes a través del paralelo.
Con una diferencia por encima del 100% entre ambas cotizaciones, la problemática se volvió la de mayor relevancia para el agro, incluso por encima de los derechos de exportación.
Este último punto es un histórico reclamo que no perdió vigencia porque más allá de las idas y vueltas, anuncios y revisiones, las retenciones continúan, especialmente en los principales cultivos, como soja, maíz y trigo.
Nacidas a la salida de la crisis de 2001 como una forma de robustecer los ingresos del Estado y al mismo tiempo aprovechando la escalada de precios internacionales de las commodities, las alícuotas variaron de acuerdo al momento, y hasta llegaron a desaparecer momentáneamente en el gobierno anterior, que después debió revisar la medida y retroceder.
Es otro factor clave que desde el sector productivo advierten como una razón central para explicar el estancamiento en el volumen de cosecha de la Argentina frente a otros ejemplos, como Brasil, que no detiene su ascenso.
El tema sumó una nueva polémica en los últimos días con las economías regionales, que iban camino a liberarse de la carga tributaria pero que esta semana se informó que algunas sí quedarán si retenciones, mientras otras sólo verán reducido el porcentaje.
Las restricciones en el comercio exterior encuentran también límites en la cadena cárnica y los cortes que obligatoriamente deben quedar en el mercado interno. Esa cadena encendió todas las alarmas cuando semanas atrás se analizó la posibilidad de cerrar directamente las ventas al exterior tras la abrupta suba de los precios en las góndolas. Finalmente esa decisión no se tomó. De todos modos, los eslabones viven un reacomodamiento de precios que se siente al final de la cadena, en las carnicerías, con una fuerte depresión del consumo. Sólo en lo que va del mes la carne aumentó 50%. Sin embargo, en la otra punta, al ganadero le sirvió para recomponer precios que permanecían alicaídos y que no brindaban posibilidad de invertir y crecer en el negocio. Ahora la cadena busca su equilibrio.
Estos ejes productivos y específicos, sumados al contexto electoral, económico y social que vive el país serán los temáticas medulares de los discursos de mañana.

