Lucas Aguilera habló tras estar preso en Libia: "Los primeros días se presentificó la muerte"
El graduado de la Universidad Nacional de Río Cuarto que fue detenido en Libia durante una misión de ayuda humanitaria a Gaza describió las condiciones de su encierro y el impacto psicológico que le dejaron esas semanas
Lucas Aguilera llegó a Estambul después de 30 días detenido en Libia, adonde había viajado en el marco de una misión de ayuda humanitaria destinada a Gaza. Desde Turquía, donde fue recibido tras su liberación, el graduado de la Universidad Nacional de Río Cuarto habló sobre lo que vivió y describió una experiencia que, según sus propias palabras, le pareció una eternidad.
"Los primeros dos diez días fueron un infierno", contó en diálogo con Puntal AM. Los primeros tres días los pasó en lo que él mismo calificó como una celda posiblemente clandestina, vinculada a los servicios de inteligencia: un espacio de dos por dos metros con una letrina y un surtidor, sin luz y sin agua. "Ahí se presentificó la muerte directamente", afirmó.
Tras una huelga de hambre que el grupo llevó adelante, las condiciones mejoraron parcialmente: los trasladaron a una celda de cuatro por cuatro metros donde cuatro hombres compartían una letrina. Aguilera destacó que al menos en ese espacio podían hablar entre ellos, después de diez días de incomunicación total.
La primera comunicación con el exterior llegó a través de la cancillería italiana. Aguilera intentó hablar con Noelia, la madre de su hijo, pero la emoción se lo impidió. "No fue una comunicación, fue una descomunicación", dijo, "porque no paraba de llorar yo y no pude intercambiar opinión."
Tortura psicológica y acusaciones cambiantes
El riocuartense subrayó que si bien no hubo maltrato físico, la dimensión psicológica del encierro fue devastadora. A los 15 días, una jueza se presentó en la cárcel para anunciarles que necesitaba 30 días más de investigación. Luego les informaron que ese plazo podría extenderse a dos o incluso tres meses. "Psicológicamente fue una tortura", resumió.
Las acusaciones también mutaron a lo largo de la detención: primero los señalaron como terroristas, después como inmigrantes que intentaron ingresar a Libia por la fuerza, y finalmente como integrantes de una asociación ilícita por conformar un convoy ilegal, cargo que en ese país puede implicar dos años de prisión.
Aguilera rechazó cada una de esas caracterizaciones. Señaló que tiene el pasaporte con el sello de ingreso a Libia y que su actividad se limita al militantismo social. "Lo único que tenían que hacer era dejarnos pasar", sostuvo.
La liberación y el rol de Turquía
La salida llegó de manera abrupta. El día anterior a la liberación, el grupo había acordado iniciar una nueva huelga de hambre. Al día siguiente les avisaron que se iban. Los integrantes italianos, el uruguayo y el tunecino partieron ese mismo día; Aguilera y los argentinos salieron al día siguiente en un avión con destino a Estambul. El gobierno de Turquía tuvo un rol central en las gestiones que permitieron el rescate.
Antes de cerrar la comunicación, Aguilera mandó saludos a Río Cuarto, ciudad donde vivió varios años y que, dijo, extraña mucho.