Opinión | Primavera | Gobierno |

Una primavera sin flores para el Gobierno de Milei

Más allá del optimismo del Presidente y sus principales ministros económicos, el Indec se encargó de mostrar otra cara del contexto actual. La actividad económica coquetea con la recesión y los ingresos siguen perdiendo frente a los costos de los hogares

El Gobierno no cambió el marcado optimismo sobre su capacidad de conducir la economía hacia escenarios más propios del primer mundo, como Suiza o Alemania. Incluso ese rasgo del propio presidente Javier Milei, sus ministros de Economía, Luis Caputo y de Desregulación, Federico Sturzenegger, hasta podría confundirse con un sesgo de exceso de confianza.

Una frase de Milei en Nueva York, tras su participación en la ONU, hasta podría ayudar a esa confusión, cuando dijo que “Argentina es la nueva tierra prometida”.

Caputo aportó en esa línea, al destacar que aún ante shocks externos la posición del país es inmejorable por tener “una cobertura o hedge natural, porque el mundo demandaría más lo que Argentina tiene”. Y fue el Presidente el que explicó ese fenómeno con un ejemplo: “Al subir el petróleo por el conflicto bélico hay un crecimiento de la inflación en el mundo y suben las tasas, lo que podría complicar el financiamiento en los mercados.Pero lo que no se ve ahí es que nuestra balanza comercial va a cerrar este año con 25 mil millones de dólares a favor. Entonces, los dólares que no tenemos por el lado financiero los vamos a tener desde la balanza comercial por la energía”. Desde ese punto disparó luego una de las frases de la semana: “Hoy los dólares nos salen por las orejas; y nuestro problema es que si compramos tantos dólares, se nos escape la tasa de inflación”, remarcó Milei.

Sin salirse del eje discursivo de abundante optimismo, Sturzenegger pasó por la Bolsa de Comercio de Córdoba donde expuso en un auditorio ampliamente amigable sobre el rumbo económico. Y allí remarcó que en la gestión de Milei se crearon 500 mil puestos de trabajo, se redujo fuerte la inflación y los salarios acumulan 5 meses consecutivos ganándole a la inflación.

Fue a las pocas horas de que el Indec confrontara de pleno con la pintura de los funcionarios. De hecho, el Instituto de Estadísticas tuvo un septiembre invernal al publicar el informe del mercado laboral con un crecimiento de la desocupación; el Estimador Mensual de Actividad correspondiente a julio con una caída fuerte del 2,9%; y lo completó este jueves con los números crecientes de pobreza e indigencia. No aportó nada en favor del discurso primaveral.

Pero en paralelo corrió otra semana en la que los mercados reflejaron al menos cierta inquietud sobre los efectos de esas estadísticas negativas. Al parecer los mercados miran más los datos duros que las semblanzas y pronósticos optimistas. Porque luego de coquetear alrededor de los 400 puntos, el Riesgo País pasó rápidamente por encima de los 600 como consecuencia de la caída de los bonos argentinos. Esa tendencia negativa de los papeles muestra, obviamente, mayor tendencia a desprenderse que a comprarlos. Quienes tienen esa conducta parecen no estar escuchando a los funcionarios.

Lo cierto es que en un contexto en el que la verdad de lo que se dice perdió terreno frente a los que se quiere creer, los datos sirven al menos como ancla para aproximarse a lo real. Y en eso, la definición de Sturzenegger sobre los salarios, como mucho es una media verdad. Es que la comparación puede tener varias aristas. Primero, ¿se toma el indicador general de los salarios o los formales en particular? ¿Se los compara contra el IPC o contra las canastas?

Esto último es clave y explica con certeza el crecimiento de la pobreza y la indigencia. Es que desde comienzos de año las canastas suben más fuerte que el IPC. Eso ocurre porque la canasta contempla consumos habituales de las familias, desde los alimentos hasta el conjunto de bienes y servicios incluidos en la vida diaria. El IPC es mucho más abarcativo del conjunto de precios de la economía. Ahora bien, la pobreza y la indigencia en Argentina está fijada por las canastas, y en el caso de la Canasta Alimentaria (línea de indigencia), el incremento del último año fue del 39,6% mientras que la Canasta Total (pobreza) tuvo un alza del 38,3%. De allí que muchos sientan que sus salarios siguen perdiendo sin pausa, más allá de los dichos del ministro de Desregulación: los costos de los hogares estuvieron muy por encima de los ingresos. El mayor incremento dentro del mundo de los salarios fue el de los informales (que no son los mejores salarios) con un 34,4% en 12 meses. Pero los trabajadores privados registrados tuvieron una recomposición promedio del 29,7%, siempre según el Indec; lejos de la evolución de las canastas. Por eso el proceso golpea más a las clases medias y medias bajas.

Vale recordar que el IPC de agosto arrojó un acumulado anual del 33,5%. Ese acumulado en julio fue del 33,8% y en junio, del 33,5%. Fueron los tres más altos de los últimos 12 registros (y los tres últimos), los que muestra también la resistencia del proceso inflacionario, el principal capital económico de la gestión.

Por último, y frente a esa realidad, la situación económica de vinculación directa sigue sin avances. Con ingresos perdiendo terreno el mercado interno no reacciona y comercios e industrias siguen en retroceso. La foto de los locales vacíos y las noticias sobre empresas que cierran o van a concurso, se multiplican. Y es el fuerte contraste que cada vez más se observa ante el desenfrenado optimismo de los funcionarios, que vienen del “comprá campeón” y “los mejores 18 meses”.