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Bioarquitectura en condiciones extremas

Al pie de la cordillera de los Andes, en el valle de Uspallata (Mendoza), un estudio de Villa General Belgrano proyectó una vivienda que resiste sismos y climas extremos. Obtuvo el primer premio en un concurso de la Red ProTierra

Una vivienda materializada con técnicas de bioarquitectura por un estudio de Villa General Belgrano obtuvo el primer puesto en la edición 2019 del concurso “Construcción sostenible con tierra” que impulsó la Red ProTierra, organización que reúne a un conjunto de profesionales, constructores y universidades de todo el país, y que se vincula con la Red iberoamericana ProTerra.

La propuesta desarrollada por el estudio Hombre de Barro, que comparten los arquitectos Ignacio Serrallonga y Christian Lico, fue pensada íntegramente con la utilización de componentes que arrastraran la menor huella de carbono posible y que puedan cumplir con las solicitaciones sismo-resistentes requeridas en una región con importante actividad, tal como lo es el valle de Uspallata, en Mendoza.

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Así, en la precordillera de los Andes, se diseñó esta vivienda para una familia de la ciudad de Mendoza con el fin de convertirla en refugio durante los fines de semana.

“Como disparador de la idea generadora se tomaron elementos de la representación artística de la cultura originaria, de hace más de seis mil años, así como también imágenes del Cerro Tunduqueral. La geoforma del cerro alimentó la génesis de la propuesta, desde lo funcional a lo perceptual”, explican los promotores de la obra.

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Y comentan: “La propuesta de diseño bioclimático se enfocó en buscar una orientación plena hacia el norte, levantar los techos hacia ese punto cardinal y bajarlos hacia el sur, para así tomar la mayor radiación solar posible en invierno y usar la masa térmica de tierra de su envolvente para complementar el sistema de aclimatación, y hacia el sur protegerse de los vientos helados que bajan de la cordillera”.

Su ubicación geográfica determinó condiciones particulares en el proyecto, ya que es zona de alta actividad sísmica y posee la clasificación más elevada en el plano nacional de riesgo sísmico (zona 4).

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Un dato relevante es que durante la primera etapa de construcción, la estructura soportó con éxito un fuerte sismo de 6.5º Richter sin registrar incidencias.

Por otro lado, se consideró el clima de esa región, que presenta días de gran amplitud térmica y temperaturas invernales que superan los 15° bajo cero o días de viento zonda que superan los 40° en verano y el otoño.

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La estrategia de aclimatación se orientó hacia el aprovechamiento de medios pasivos, por eso la orientación norte con un partido arquitectónico longitudinal este-oeste exponiendo la mayor superficie de la construcción a la radiación solar, el material tierra que en espesores de 35 centímetros constituye un excelente amortiguador de la amplitud térmica usual en estas latitudes, un lecho de piedra adosado a la fachada a modo de zócalo acumulador y convector de calor, y las múltiples aberturas que permitan el ingreso de luz y calor al interior.

La vivienda se materializó entre enero de 2016 y agosto de 2018, sobre una superficie total de 127 metros cuadrados, de los cuales 107 metros cuadrados se constituyeron como superficie cubierta.

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“Como elemento activo se construyó una estufa rusa de tierra, con horno y cámara de aire, por la que está conectada al sector cocina y posee la ventaja de acumular el calor y entregarlo al interior con retardo de su inercia térmica que ronda las 10 a12 horas”, cuentan los arquitectos.

Proceso constructivo

Los techos se desarrollaron con el concepto de cubierta invertida, con pendientes de entre el 10 y 15%, usando geomembrana de alta densidad de 600 micrones de espesor como aislante hidrófugo (previa aislación térmica y mecánica), y luego la terminación de piedra de río en granulometría 1-3 y 1-5, sobre otra barrera mecánica.

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“Éstas cubiertas tienen buenas prestaciones ante lluvias copiosas o nevadas, así como también ante los fuertes vientos, ya que son pesadas comparativamente a otras opciones similares. Su superficie es rugosa por lo que no genera succión y fundamentalmente implican bajo mantenimiento”, añaden. Respecto de las aguas residuales, fueron diferenciadas en grises y negras, y tratadas por filtros de áridos y fitodepuración.

“El hecho de reconocer que la arquitectura implica el uso de recursos de la naturaleza y poniendo conciencia sobre la responsabilidad del ser humano en esta acción, se pone atención sobre la huella de carbono que sintetiza cuánto tomamos de esa naturaleza en pos de cubrir la ejecución del hábitat, en relación también a las formas de vida actuales. Esa visión comienza y acompaña toda la instancia de proyecto, y consecuentemente define los aspectos formales y materiales de la propuesta”, resaltaron.

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Lico y Serrallonga cuentan además que el concepto rector fue la ductilidad y el movimiento, que a través del diseño constructivo se plasmó en una cubierta de doble curvatura, soportada por un esqueleto de postes de madera de eucalipto, que es bien fibrosa, armando un sistema orgánico sismo-resistente.

“Esto se complementa con la técnica utilizada para envolventes, la quincha, para lo cual se arman entramados de madera en 2 direcciones entre columnas, cumpliendo la normativa Cirsoc 601. A eso se suman fundaciones de hormigón armado en una viga cinta que amarra todas las columnas y soporta los muros de sobrecimiento”, describieron.

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Para agregar: “Por los requerimientos de rigidización de la estructura esqueleto, que restringía los grandes ventanales para incorporar radiación solar, es que surgen tantas perforaciones en la envolvente a modo de múltiples ojos por los que ingresa luz y calor, y aporta personalidad a la propuesta”.

Sobre los envolventes, agregan que se utilizó la tierra en espesores de 35 centímetros como elemento de amortiguación térmica, que fue obtenida de la excavación del dormitorio que se materializó semienterrado, mezclada con fibras vegetales de trigo, cultivado y enfardado en el loteo sin uso de agroquímicos.

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“La piel de la casa emerge del mismo medio, solo transformando su forma y función. La terminación es de revoques gruesos de arcilla y arena y los finos en base a arcilla, cal, estiércol de vaca y arena fina (albuminato)”, sostienen.

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Finalmente, se resalta el hecho de que tanto el proceso proyectual como la etapa constructiva fueron desarrollados y conducidos a distancia, con una modalidad semi-presencial de la conducción durante su obra, avizorando que es posible también con estas técnicas y sistemas ampliar el radio de acción local o regional y cubrir requerimientos en cualquier punto geográfico con el mismo rigor que una construcción convencional.

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