Nacionales | Provincia | silla | santiago

Honrar la vida: historias de esperanza en la pandemia

Un peregrino que recorrió 270 kilómetros en silla de ruedas para rendir honor a la Virgen del Valle, los residentes del hogar de ancianos que derrotaron al coronavirus y festejaron con una chacarera en Santiago del Estero, y la sorprendente recuperación de una mujer en Misiones son algunas de las historias esperanzadoras que dejó la pandemia.

El joven tucumano Héctor René Barrionuevo (28) recorrió 270 kilómetros en silla ruedas desde su provincia hasta Catamarca para rendirle honor a la Virgen del Valle.

Pese a la pandemia, y con la certeza de que no podría regresar a Catamarca debido a las restricciones de ingreso a la provincia, se empeñó en cumplir con su promesa y encontrarse con la imagen de la Virgen de la que es devoto.

René contó que su devoción por la Virgen nació porque siente que ella le dio la posibilidad de “vivir”, contra todo pronóstico médico, ya que nació a los siete meses de gestación y tiene los tendones cortos.

“Debido a esto ando en silla de ruedas, muevo las piernas, camino con el andador, pero para hacer distancias largas uso la silla”, explicó el joven peregrino.

“Hace 7 años, días antes del 8 de diciembre (Día de la Inmaculada Concepción), recorro 270 kilómetros empujando las ruedas con mis brazos; durante el trayecto no subo a ningún vehículo y me acompaña siempre mi familia. Desde que salgo de Tucumán hasta que llego a La Gruta de Virgen del Valle tardo 5 días parando en algunos lugares para descansar, comer e hidratarme”, relató.

Este año, debido a las restricciones sanitarias, René no pudo ingresar en Catamarca, pero desde la Catedral Basílica Nuestra Señora del Valle enviaron hasta los límites de la provincia a un cura con una imagen de la Virgen del Valle a su encuentro.

Finalmente, el joven destacó: “Era imposible no ir, porque este año Catamarca me hizo un regalo inolvidable: escribieron mi nombre en el manto de la Virgen y me dibujaron a mí con mi silla”.

************

En Santiago del Estero, 13 residentes de un hogar de ancianos se contagiaron, atravesaron juntos la enfermedad y a los 14 días festejaron su recuperación de un modo “bien santiagueño”: bailando chacarera.

Todo comenzó en noviembre, cuando se reportó un caso positivo en el hogar de Ancianos Mama Antula, en la ciudad de La Banda, por lo que se hisopó a todos los trabajadores y a los residentes. Dos empleados y 13 de los 40 adultos mayores resultaron casos positivos.

Los contagiados fueron trasladados al Nodo Tecnológico de la provincia (uno de los centros de aislamiento) “de forma preventiva para evitar que los demás abuelos se contagien”, comentó a Télam la directora del Hogar, Lucía Witte.

Allí, enfermeros, médicos y miembros del Ejército los cuidaban y seguían su evolución. “Los dos primeros días mis viejitos estaban enojados y querían volver al hogar, para ellos el factor emocional es fundamental, pero todos contribuyeron a que se adapten, se sientan cómodos, cuidados y generaron amistad”, manifestó Witte.

“Los empleados del hogar también estuvieron allí acompañando y realmente la tarea que hace todo el personal de salud es de héroes, no sólo porque trabajan recargados, sino por todo el empeño, esfuerzo y amor que ponen”, añadió.

Witte consideró: “Fue una experiencia increíble para los que trabajamos en el hogar y en el Nodo, hemos logrado coordinar acciones conjuntas y nuestros abuelos se recuperaron de forma extraordinaria”.

Cuando les dieron el alta “expresaron su alegría bailando, armaron carteles de agradecimiento y querían expresarse”. “Verlos entrar a todos en el hogar fue algo maravilloso, que se recuperen fue una enorme alegría que no tiene comparación”, precisó.

El video de ese día se viralizó en la provincia y Witte dijo: “Muchas veces pensamos en los abuelos como personas quietas o medidas en su expresión, pero ellos necesitan sentirse vivos y para eso deben ser libres, vivir, enojarse, reírse, expresarse”.

Santiago Ruiz Díaz, uno de los residentes del hogar, expresó que siempre estará agradecido por el cuidado: “Este hogar es muy precioso, todos son muy buenos, nos han atendido muy bien, mi corazón se parte de alegría”.

Ahora se recuperan de las secuelas: “Se les debilitaron los músculos, se sienten cansados, estamos esforzándonos para que vuelvan a ser los mismos, sobre todo con mucha contención emocional y amor”, remarcó finalmente Witte.

************

En Misiones, la historia de una mujer de 73 años provocó un sentimiento de esperanza en medio de la tristeza que trajo la pandemia.

Lucía Cabral había ingresado con un grave estado de salud en el hospital Ramón Madariaga de la ciudad de Posadas, el pasado 2 de diciembre, donde esa misma noche fue declarada muerta por los médicos del nosocomio.

Pero, para el asombro de todos, cuando la estaban por trasladar a la morgue, Lucía empezó a mover apenas sus extremidades, por lo que se constató que tenía signos vitales muy débiles.

El jefe del área clínica de emergencia del Hospital Madariaga, Guillermo Vignau, había explicado a los medios locales que, como “no se registraron latidos después de un período largo de reanimación y con un electrocardiograma plano no se observan latidos, fue declarada muerta”.

Si bien es materia de investigación, lo cierto es que volvió a la vida y dejó el nosocomio.

Télam pudo dialogar unos minutos con Lucía, quien precisó que se siente “muy bien” y expresó sus deseos: “Que Dios acompañe siempre a todos y que este año sean más unidos, quieran más a los que tengan sus mamás y a su familia, así como yo, que no soy rica de plata pero soy millonaria del amor de mi familia, de mis hijos, de mis nietos, bisnietos, a quienes amo. Yo pensaba no volver más, pero acá estoy”.

Carolina Quián, su hija, dijo a Télam que “es una paciente con hipertensión, diabética, tenía un pequeña arritmia y tiroides”. Alrededor del 2 de diciembre, Lucía tuvo convulsiones que derivaron en su internación.

“Cuando estaba ingresando en el hospital convulsionó enfrente del médico y la internaron; la entubaron, estaba en un coma inducido porque las convulsiones eran muy fuertes y su presión estaba muy inestable”, contó.

Por la noche, le informaron el deceso de su madre. Carolina fue a verla: “Me acerqué, su cuerpo estaba sin vida y estaba fría, le dije que la amaba”.

Sin embargo, cuando empezó a hacer los trámites la doctora volvió a llamarla para informarle que, en efecto, su madre todavía vivía.

Carolina resume que la evolución de su madre fue rápida, día tras día mostraba mejoras “increíbles”.

El miércoles 23 de diciembre Lucía cumplió 74 años y su familia planeó un festejo “en cuotas” para que todos pudieran estar y disfrutar de ella.