“Ha sido un juicio justo, ojalá la sentencia también lo sea”, dijo ayer a Puntal Oscar Barrera, uno de los abogados querellantes que representan a niños y adolescentes sordos abusados sexualmente en el Instituto Provolo, de Mendoza.
En la mañana de hoy, un tribunal de esa provincia dará el veredicto a los curas Nicola Corradi (83), Horacio Corbacho (59) y al exjardinero de la institución para hipoacúsicos Armando Gómez (49).
Barrera junto con su colega Leandro Lanci representan a cinco víctimas. No son las únicas, otras están representadas por distintos letrados. Unos y otros organizaron ayer una mateada frente a los Tribunales mendocinos para compartir la vigilia de un fallo emblemático pues, por primera vez, integrantes de la orden religiosa con sede central en Verona podrían recibir fuertes condenas por abusos sexuales, maltratos y corrupción de menores.
En su alegato, Barrera pidió la pena de 50 años de cárcel para los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho y de 30 años para el empleado del instituto Armando Gómez.
La Fiscalía solicitó algo menos porque los acusados no tenían antecedentes penales: 45 años para los sacerdotes y 22 años y 6 meses para el jardinero. En tanto que las defensas reclamaron la absolución de todos los acusados.
Después de largas semanas de un juicio histórico, Barrera evaluó que los testimonios de las víctimas y de sus compañeros en el Provolo resultan fundamentales para llegar a una sentencia condenatoria.
También resaltó la “sistematicidad” de los abusos y “la probada situación de vulnerabilidad” en la que estaban las víctimas, dentro de un centro “arcaico y contrario a las convenciones de derechos humanos”. Sobre ese punto, el querellante explicó que los alumnos eran obligados a expresarse con el sistema oralista y con malos tratos “y así eran privados de su cultura y de su lengua originaria”.
Barrera recalcó que esa situación afectaba la dignidad de estas personas y que junto con las amenazas y engaños que propiciaban los victimarios generaron un temor general que impidió que los abusos salieran a la luz durante años.
Fue justamente un 25 de noviembre, tres años atrás, cuando las víctimas sacaron a la luz el horror al que fueron sometidos. Así lograron destapar uno de los secretos más vergonzantes de la Iglesia católica en Argentina.
En el ojo de la tormenta
Ya en Italia el centro educativo para hipoacúsicos llevaba años envuelto en sospechas de abusos. Corradi, de origen italiano, había sido denunciado antes de radicarse en el país, pero logró zafar porque cuando se tomaron los testimonios a las víctimas los casos estaban prescriptos.
Fue en Argentina donde Corradi debió dar explicaciones ante la ley por lo que aconteció años atrás en la sede mendocina del Provolo.
Alejandro Fara
Redacción Puntal
Barrera junto con su colega Leandro Lanci representan a cinco víctimas. No son las únicas, otras están representadas por distintos letrados. Unos y otros organizaron ayer una mateada frente a los Tribunales mendocinos para compartir la vigilia de un fallo emblemático pues, por primera vez, integrantes de la orden religiosa con sede central en Verona podrían recibir fuertes condenas por abusos sexuales, maltratos y corrupción de menores.
En su alegato, Barrera pidió la pena de 50 años de cárcel para los curas Nicola Corradi y Horacio Corbacho y de 30 años para el empleado del instituto Armando Gómez.
La Fiscalía solicitó algo menos porque los acusados no tenían antecedentes penales: 45 años para los sacerdotes y 22 años y 6 meses para el jardinero. En tanto que las defensas reclamaron la absolución de todos los acusados.
Después de largas semanas de un juicio histórico, Barrera evaluó que los testimonios de las víctimas y de sus compañeros en el Provolo resultan fundamentales para llegar a una sentencia condenatoria.
También resaltó la “sistematicidad” de los abusos y “la probada situación de vulnerabilidad” en la que estaban las víctimas, dentro de un centro “arcaico y contrario a las convenciones de derechos humanos”. Sobre ese punto, el querellante explicó que los alumnos eran obligados a expresarse con el sistema oralista y con malos tratos “y así eran privados de su cultura y de su lengua originaria”.
Barrera recalcó que esa situación afectaba la dignidad de estas personas y que junto con las amenazas y engaños que propiciaban los victimarios generaron un temor general que impidió que los abusos salieran a la luz durante años.
Fue justamente un 25 de noviembre, tres años atrás, cuando las víctimas sacaron a la luz el horror al que fueron sometidos. Así lograron destapar uno de los secretos más vergonzantes de la Iglesia católica en Argentina.
En el ojo de la tormenta
Ya en Italia el centro educativo para hipoacúsicos llevaba años envuelto en sospechas de abusos. Corradi, de origen italiano, había sido denunciado antes de radicarse en el país, pero logró zafar porque cuando se tomaron los testimonios a las víctimas los casos estaban prescriptos.
Fue en Argentina donde Corradi debió dar explicaciones ante la ley por lo que aconteció años atrás en la sede mendocina del Provolo.
Alejandro Fara
Redacción Puntal

