Regionales |

Recorren Brasil en bicicleta en una travesía hasta Colombia

Se trata de la laboulayense Romina Dellafiore, quien junto con Leonel Esquilache, de Rufino, llevan 1.700 kilómetros de viaje. Ahora van por su primer objetivo: llegar al Amazonas

Hace unos dos meses, Romina Dellafiore, una laboulayense de 28 años, está viviendo su sueño de recorrer Brasil en bicicleta. Junto con Leonel Esquilache- oriundo de Rufino- llevan 1.700 kilómetros de viaje y se encaminan a llegar hasta el Amazonas, que es el primer objetivo de la travesía. Si bien el destino final es Colombia, los jóvenes cicloturistas no descartan animarse a extender el periplo.

“Con Leonel nos conocimos desde chicos porque nuestros pueblos están muy cerca, así que siempre mantuvimos el contacto. Pero este verano nos volvimos a encontrar en Santa Catarina porque yo estuve trabajando allá y él ya vivía ahí. Allá surgió la idea de  salir a recorrer Brasil en bici”, relató Romina en diálogo con Puntal.

Si bien el plan se gestó los primeros meses de 2019 en tierras cariocas, la ciclista retornó a Argentina al final de la temporada de vacaciones para dejar todo listo y emprender la aventura. En abril se reunió con Leonel para partir desde San Sebastián, en el Estado de San Pablo.

-¿Cómo se les ocurrió la idea de la travesía en bici?

-Surgió porque siempre me gustó viajar, aunque siempre me moví por nuestro país. Por su parte, Leo ya vivía en Brasil. Él salió de Santa Catarina con un amigo, Eugenio. Ellos dos son buzos y su idea era recorrer todo el litoral de Brasil, conociendo los lugares más lindos de buceo. Yo me sumé en San Sebastián, como a 700 kilómetros de donde ellos habían salido. Yo estoy estudiando profesorado en Artes Visuales y mi idea era conocer otras culturas, otro tipo de arte, para que cuando vuelva pueda retransmitir a mis alumnos todo lo que aprendí.

-¿Cómo fue el inicio del viaje?

-Llegué a San Sebastián y ahí empecé a buscar una bicicleta, yo me fui sin una. Al principio fue difícil conseguir, eran todas muy caras, o no se ajustaban a nuestras necesidades, porque tenían que tener porta equipajes para poner las alforjas. Hasta que conocí a Ismael, un cordobés que viajaba con su esposa en bicicleta. El recorrió durante 8 años Latinoamérica. Fui a ver su bici y estaba casi armada, sólo un poco oxidada y con algunas cuestiones para arreglar. Así, de a poco fuimos armando nuestras bicis en el camino, gracias a mucha gente que nos ayudó. 

- ¿Cuánto llevan recorrido y cuál es el destino final?

-Llevamos recorridos casi 1.700 kilómetros, en los cuales pasamos de todo. Lluvias, tormentas y muchas veces no encontrábamos dónde dormir. Pero siempre a último momento aparecía una luz de algún lado que nos ayudaba a poder comer, bañarnos y dormir. La idea es siempre ahorrar en lo que es hospedaje porque es muy caro al cambio nuestro. Tenemos una aplicación en el teléfono que es de cicloturistas y de viajeros que nos ayuda a conseguir hospedaje. Sobre el destino de nuestro viaje es primero el Amazonas. Vamos a Belém do Pará y después a Manaos en una balsa. El viaje dura 7 días recorriendo el río Amazonas y si Dios quiere finalizaremos  en Colombia. De todos modos, creo que el día que lleguemos a Colombia vamos a buscar otro destino porque es una hermosa aventura.

-¿Cómo llevan la experiencia del viaje? ¿Cómo costean los gastos?

-La familia es un gran apoyo psicológico para nosotros, siempre están ahí al lado del teléfono. Hay días en que extrañamos mucho, días de largas conversaciones para decidir si paramos o no paramos, o si volvemos. Pero se nos van presentando personas en las plazas, cuando estamos sentados viendo lugar dónde dormir o comer. Aparecen personas que nos ofrecen su casa, la habitación de sus hijos, nos dan un lugar en su patio. Nos dan un plato de comida, lugar para ducharnos. La ayuda de la gente es lo más importante. Creo que muchos se sorprenden cuando nos ven viajando en bicicleta. Lo que rescato es que los más humildes son los que más nos ayudan. Y la historia de cada persona..., hay muchos con miles de problemas pero igual nos dan una mano, a pesar de que nos dicen que estamos un poco locos. Pero creo que quedarnos en nuestra zona de confort también es un poco loco, porque nos privamos de conocer otras cosas. Sobre los gastos, llevamos con nosotros un cine con cortometrajes infantiles y vamos pueblo por pueblo preguntando si en alguna plaza o centro cultural nos dejan la proyección para pasar la gorra y con eso mantenemos nuestros gastos de comida.  Además pintamos murales, hacemos voluntariado en hostels y artesanías en tela. Ahora pensamos hacer algo con materiales reciclados del mar, con plástico o con bolsas.

-¿Qué reflexión pueden dejar a quienes tienen deseos de vivir un viaje similar?

­-No hay que pensarlo mucho, hay que salir. La vida es una sola y el mundo es muy grande, con tantas cosas para descubrir. Todo lo que queremos y necesitamos está ahí afuera. Es como estar en casa viendo lo que pasa afuera. Pero hay una sola forma de encontrarnos con lo que realmente somos. Vivenciando y descubriéndonos delante de las mil realidades que hay. Para el que quiera viajar en bici, que lo haga, que cargue lo que crea necesario y que salga donde sea y los kilómetros que sean. Ninguno de nosotros era ciclista y acá estamos, siendo. Y con el que se anime seguramente en el camino nos vamos a encontrar.