El estudio de la Fundación Fada que revisa cómo se distribuye la renta agropecuaria entre el productor y el Estado mostró una mejora en septiembre frente a los números de junio. Es que mientras al cerrar el primer semestre el fisco se quedaba con el 61,9% de la renta, este mes el porcentaje cayó al 58,2%.
Ese movimiento no corresponde a menor presión tributaria, sino una recomposición en los valores de los granos y a una reducción en el precio de algunos insumos, especialmente de la urea, que había escalado fuerte por la guerra en Medio Oriente.
El Índice Fada refleja cómo se reparten los recursos entre el productor y el Estado una vez que se pagan los costos de producir. En este caso, más de la mitad de lo que le queda al productor, lo debe destinar al pago de impuestos.
Dentro de los impuestos, la mayor parte sigue siendo nacional y no coparticipable. Representan 55,6% del total de impuestos. En tanto, los nacionales coparticipables representan 35,7%, mientras que los provinciales explican 7,8% y los municipales 0,9%.
Si se observa por cultivos, la participación del Estado es del 60,7% en soja, 53,8% en maíz, 55,5% en trigo y 56,8% en girasol.
Guerra Rusia-Ucrania
Las tensiones geopolíticas entre Rusia y Ucrania y las cuestiones logísticas que se desprenden llevaron a que los precios internacionales de los granos suban. El trigo, por ejemplo, aumentó y quedó por encima del nivel de un año atrás. La soja también mostró una mejora, vinculada a cambios en las estimaciones de producción de EE.UU. y una mayor demanda de China.
Al mismo tiempo, la urea, que es un fertilizante clave y había hecho subir considerablemente los costos en mediciones anteriores, bajó con fuerza. El precio promedio pasó de US$ 730 por tonelada en junio a US$ 570 en septiembre. En septiembre se necesitan 2,9 toneladas de maíz y 2,4 de trigo para comprar una tonelada de urea. En junio se necesitaban 4 de maíz y 3,4 de trigo.
“La relación insumo-producto muestra cuánto esfuerzo necesita hacer el productor para comprar un insumo. Hoy, tanto para maíz como para trigo, se necesitan menos toneladas de grano que en junio para comprar una tonelada de urea”, explica Nicolle Pisani Claro, Economista Jefa Fada.
“En esta medición vemos cómo los movimientos del mercado internacional pueden modificar la renta agrícola. La mejora de los precios de los granos, junto con la baja de la urea, permitió que el resultado económico o la ganancia del productor mejore. Pero el Estado todavía se queda con una porción mayoritaria de esa renta”, agrega Antonella Semadeni, economista Fada.
La economista agregó que se dio “una doble influencia sobre la renta: mejora el ingreso por lo que se vende y se reduce el costo de un insumo clave”, explicó.
“Esta combinación explica la baja del Índice, pero no cambia el dato de fondo: aún con mejores precios y menores costos para algunos insumos, los impuestos representan más de la mitad de la renta agrícola”, remarcó Semadeni.
En ese contexto, el trigo es uno de los casos más claros. El aumento de su precio, combinado con la caída del valor de la urea, permitió que el cultivo mostrara un resultado positivo antes del pago de impuestos. En mediciones anteriores, en cambio, el margen era mínimamente positivo o incluso negativo. Sin embargo, los precios del trigo y el maíz todavía siguen por debajo de sus promedios de los últimos cinco años.
La renta agrícola promedio se distribuye actualmente en 58,2% de impuestos, 27,3% de costo de la tierra y 14,5% de resultado agrícola.

