Luego de una histórica campaña que cerró con 28 millones de toneladas de trigo en el último ciclo y lluvias que aportaron buen caudal de agua a partir de marzo, las expectativas asomaban como positivas nuevamente para la siembra de la campaña fina hasta que el inicio de la guerra en Medio Oriente catapultó los costos productivos, especialmente de los fertilizantes y del gasoil. Sin un precio que acompañe al alza, la ecuación económica del cereal ingresó en una nebulosa y muchos productores volvieron a sacar cuentas y afinar los números para ver si valía la pena o no apostar por el trigo este año. Y entonces el problema comenzó a ser el calendario, porque la ventana de siembra ya se abrió y no queda margen para demorar. Por eso el anuncio de la baja de retenciones del 7,5% al 5,5% intentó ayudar a la decisión de sembrar. No resulta significativo, pero para muchos podría ser el empujón que esperaban.
La baja de retenciones cubren sólo un tercio de la suba de costos del trigo
Mientras los fertilizantes y el gasoil dieron un salto en el último trimestre por la parálisis en el estrecho de Ormuz, las estimaciones de siembra de la fina mantenían dudas. El anuncio intenta convencer a los productores

