Deportes | Río Cuarto

Abanderados del Imperio en las canchas del mundo

De pura cepa algunos, adoptivos otros, los deportistas riocuartenses han sabido representar a la ciudad en los escenarios más importantes del globo
Pablo Aimar es el gran referente actual del deporte riocuartense y su despedida con la camiseta de Estudiantes fue uno de los momentos más emotivos  de los últimos tiempos .  

Agustín Calleri formó parte de la mejor generación que dio el tenis argentino. Fue tres veces finalista de Copa Davis.

 

Macarena Ceballos, en natación, otra de las deportistas destacadas de la ciudad.

 

Victoria Miranda, también representa el presente y el futuro del deporte riocuartense.

 

Aunque parezca muy antiguo, eso a lo que hoy llamamos deporte no tiene tantos años. Es incluso más joven que Río Cuarto. El uso del vocablo “deporte”, para referirse a las actividades que hoy contiene, data del siglo XIX. Con Gran Bretaña a la cabeza, el Imperialismo europeo estaba en plenitud. Las clases acomodadas del Viejo Continente veían en la actividad física una de los elementos principales en la educación de los jóvenes. Bajo sus reglas, fueron dándoles forma a las disciplinas que hoy se practican alrededor del globo.

Desde su inicio el deporte se constituyó como una de las pocas actividades que conjuga las emociones, la política, la moral, la economía y las cosmovisiones de una sociedad. La manera en la que se vive el deporte en cada lugar dice mucho de quienes habitan en él. Los atletas se vuelven referentes de ese territorio y son considerados abanderados de sus valores.

Si hoy hiciéramos una encuesta en las redes sociales sobre quién es el referente deportivo más importante de la historia de Río Cuarto, el ganador no sería una sorpresa. Para la generación que hoy usa las redes sociales está muy fresco el recuerdo de Pablo Aimar retirándose en el Antonio Candini. Ese día la cancha rebalsó de gente y chicos y chicas pudieron cumplir el sueño de verlo jugar en vivo y en directo. Hasta Marcelo Bielsa se vino para el Imperio para compartir ese momento con el ahora técnico del seleccionado Sub-17 argentino.

Aquel encuentro de enero de 2018 le permitió a Aimar ponerle la firma a su condición de referente riocuartense. Hasta ese momento, su relación con la ciudad había sido a través de la TV. Si bien él remarca que sufrió en demasía el desarraigo que le tocó vivir desde muy chico, pasó la mayoría de su vida lejos ya sea en Buenos Aires o en Europa. De hecho, cuando pasa un tiempo por estos lados, no es fácil verlo por la calle. Su manera de ser hace que no se muestre mucho por las calles de la ciudad.

Su relación con la ciudad tiene mucho de sanguíneo. Hablar del fútbol de Río Cuarto es hablar de los Aimar. Su padre es símbolo de Banda Norte y Estudiantes y su hermano se despidió siendo capitán e ídolo del Celeste. Tan riocuartense es Aimar que nació en el mismo mes de la fundación del Imperio.

En esa misma encuesta imaginaria en Twitter, detrás de Aimar podría aparecer Agustín Calleri. El actual presidente de la Asociación Argentina de Tenis fue un integrante importante de la mejor generación de la disciplina del país. Llegó a ser Top 20, jugó finales de Copa Davis y Juegos Olímpicos.

El Gordo no recibió el mismo nivel de atención que Aimar y eso que -antes de empezar su carrera política- se lo veía cotidianamente luego de su retiro. Hacía las compras, jugaba al fútbol e iba a la cancha a ver a su Atenas cada vez que podía. Quizás, pagó un poco el precio de cierto triunfalismo que tiene el hincha riocuartense. Suele poseer una vara alta de exigencia, cuyo origen no está muy claro. Si no se es el mejor, siempre habrá algo para decir. En eso, el simpatizante local es complejo.

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Agustín Calleri fue tres veces finalista de Copa Davis.

Muchos de los millennials que votarían en la encuesta se sorprenderían de saber que hay un deportista riocuartense al que se lo comparó con Maradona. Claro está, Gino Molayoli jugó a las bochas mucho antes de que ellos hubieran nacido.

El Maradona de las bochas fue elegido el mejor jugador del siglo XX. Nació en 1931 y falleció en 2011. Vivió toda su vida en la ciudad, fue a las escuela Pías y comenzó a despuntar el vicio bochófilo en el “Palacio de los Deportes” (actual Central Argentino), donde su padre tenía la concesión. Ganó 72 títulos en distintos niveles representando a Río Cuarto y es un prócer para los cientos de riocuartenses que todos los fines de semana llenan las canchas de los clubes y los descampados para elegir lisas o rayadas.

Si no conocen a Molayoli, tampoco sabrán que Río Cuarto tiene a un doble medallista olímpico. Manuel Andrada formó parte del equipo argentino de polo que conquistó la presea de oro en los Juegos de Londres 1928 (como suplente) y Berlín 1936. El Gaucho es uno de los jugadores más reconocidos en la disciplina.

El polista tiene una característica muy especial que tienen muchos referentes de la ciudad, no sólo en lo deportivo. Andrada no nació en Río Cuarto, era oriundo de Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires. Cuestiones de trabajo lo trajeron hacia estos lados y decidió quedarse.

El Imperio fue primero una ciudad de frontera, después se convirtió en una ciudad de paso y con el correr de los años quedó ubicado en el corazón del país, circundado por rutas clave. Desde el comienzo, su población se conformó con migrantes de otros territorios del país. El nacimiento de la Universidad potenció esa característica.

Carlos Garro es un de los símbolos del automovilismo riocuartense, pero es otro de los “hijos adoptivos”. El Pájaro es de Villa del Carmen, en San Luis. Francisco Percello, segundo goleador histórico de la historia de Estudiantes y en uno de sus apellidos ilustres, nació en el barrio Las Flores de Córdoba capital. El máximo anotador de la historia de Atenas, Nicolás Gatto, es de San Luis.

Quizás el máximo símbolo deportivo de esa cualidad adoptiva que tiene la ciudad sea la familia Candini. Antonio Learte Juan Candini nació el 24 de junio de 1935 en Díaz, un pequeño pueblo del sur de la provincia de Santa Fe. Arribó a esta comarca en 1966 y a partir de allí el destino de su apellido quedó grabado en la memoria viva riocuartense. Tan es así que el estadio más grande de la ciudad lleva su nombre.

Su llegada a la comisión directiva de Estudiantes marca un quiebre para la institución de la avenida España. Su paso por el club fue transformador y no sólo en el ámbito del fútbol. El Celeste se convirtió en la institución deportiva más representativa de la ciudad. El León se codeó con los grandes de la capital provincial y jugó en Primera.

Macarena Ceballos, otra de las abanderadas del deporte riocuartense.

Sus formas muchas veces fueron criticadas. Pero también es cierto que, en ese contexto, había que jugar de determinada manera. En ese sentido, el debate es largo e interminable. Después que quiso ser intendente por el peronismo y no le fue tan bien. “No era un santo, pero lo acostaron. Como él lo había hecho muchas veces en otros terrenos. La jungla es eso, me dije”, escribió sobre Candini Osvaldo Wehbe en una de sus inolvidables semblanzas publicadas en este diario.

Su hijo, Gustavo, también dejó su huella en la ciudad. Es uno de los referentes históricos de Urú Curé. Fue jugador y luego formador. El certamen de divisiones formativas que La Lechuza organiza desde hace varios años lleva su nombre.

Victoria Miranda llegó a Las Leonas y es otra de las referentes del deporte de Río Cuarto.

Como las encuestas en Twitter sólo permiten cuatro opciones, seguramente se cometería la injusticia de dejar afuera a muchos nombres. Para compensarlo, se recurriría al impersonal “otros”, con el aditivo de la pregunta “¿Quién?”. Allí aparecerían muchos apellidos ilustres, como Tomás Modesti o Liborio Sosa.

De aquí a unos años, Victoria Miranda, Macarena Ceballos y Rosa Godoy entrarán en la discusión. Como lo ha hecho en el pasado, Río Cuarto seguirá viendo crecer a deportistas capaces de escribir leyendas.