La temporada 1999/2000 de la Liga Nacional B tuvo como gran protagonista a Río Cuarto. Acción Juvenil atrajo a multitudes a la cancha de Banda Norte al realizar una campaña histórica. La ciudad se encolumnó detrás del equipo que dirigía José Luis Pestuggia y comandaba Fabián López adentro de la cancha. La caída en la definición ante Vélez no empañó aquel año brillante.
Diego Mosconi era uno de los foráneos que integraron aquel plantel y en diálogo con El Deportivo recordó la camapaña del club de la Hipólito Yrigoyen.
-Pasaron 20 años de un hecho que, para los que éramos niños y lo vimos como espectadores, era ver a toda una ciudad detrás de un equipo. Se llenaba el Coloso de Banda Norte para verlos a ustedes. ¿Qué recuerda de todo ese proceso?
-La verdad es que siempre lo recordamos con los chicos, de una manera muy especial. En Río Cuarto nos trataron a todos con mucho cariño y con mucho afecto. Los que veníamos de afuera nos sentimos como parte de la ciudad, parte de un equipo que tenía a todo Río Cuarto atrás. Nos sentimos muy cómodos y muy felices a lo largo de ese proceso. La verdad es que fue un año tremendo.
-No sé si eran las expectativas marcadas en el inicio, pero los resultados se fueron dando de una manera muy interesante, partido a partido, serie tras serie. Recuerdo esa serie tan cerrada con Instituto, al cual terminan ganándole muy bien. ¿Eran conscientes de lo que estaban logrando? ¿Era ese el objetivo o todo se fue dando partido a partido?
-Yo creo que José Luis (Pestuggia) tuvo todo muy en claro desde que comenzó a formar el equipo. Más allá del presupuesto que manejaba siempre cada comisión, pero de a poco nos fuimos ensamblando como equipo. Tuvimos un arranque un poco dudoso, recuerdo, pero rápidamente nos fuimos conectando y sabiendo cada integrante del plantel qué hacer dentro de la cancha y la verdad es que después tuvimos una serie de partidos ganados que nos permitieron entrar en confianza. El público acompañaba muchísimo y sentíamos esa energía adentro de la cancha. Se fue dando todo para tener el éxito que tuvimos en ese año.
-El riocuartense suele ser un público muy futbolero, pero en ese entonces la gente se prendió con el básquet. ¿Cómo lo veía usted al acompañamiento? ¿Imaginaba que se iba a dar algo así?
-En un principio la verdad es que no. No conocía yo Río Cuarto, más allá de haber jugado algunos provinciales en contra, cuando estaba en otros equipos. Pero la verdad que se dio todo muy de golpe. Fue un acompañamiento muy grande. Hasta la gente del fútbol se sumó. Yo recuerdo tener una muy buena relación con Mario Velázquez, que era el cinco de Estudiantes en ese momento. Yo iba a la cancha de fútbol y él venía a la de básquet. Se fue dando todo de golpe. Yo creo que a partir de un par de partidos que ganamos y a partir de lo que el equipo daba en la cancha, se fue contagiando el público, nos fuimos contagiando nosotros, se fue contagiando la ciudad y la verdad es que fue maravilloso.
-¿Cuál fue el secreto de ese equipo?
-Cada integrante del equipo tenía en claro qué era lo que tenía que hacer. Era un equipo sin egoísmos. Sumado a que Pestuggia lo armó muy bien, en base a que lo teníamos al Chino (Fabián) López y dependíamos mucho de lo que él generaba. Tuvimos claro que el juego pasaba por él y que nosotros debíamos aprovechar los caminos que él nos abría. Sabíamos con claridad quién tenía que pasar la pelota; quién, defender más duro; quién, rebotear y quién, aportar puntos. Fue un equipo muy inteligente, muy aguerrido y con mucha personalidad. Eso nos llevó a jugar una final.
-¿Ese Vélez con el que pierden en la definición era superior?
-Cuando en una final te ganan tan bien como nos ganó ese Vélez, es que el rival es superior. Fue un plantel el de ese equipo superior a nosotros, por lo menos en esa serie. Hubo detalles en el juego que quizás podrían haber cambiado la historia, pero en general fue superior a nosotros. No tuvimos ese impulso para robar un juego de visitante, ese que te da la chance de poder hacerse fuerte de local.
-¿Cómo analiza aquella manera de jugar?
-Viendo el básquet actual, yo creo que hoy los chicos son atléticamente distintos. Es otro el entrenamiento. Son mucho más rápidos y fuertes. En su momento, en el tiempo en el que jugábamos nosotros no se iban muchos jugadores afuera. Si vos hacés un repaso de los equipos y jugadores que había en ese Nacional B, te das cuenta de que el nivel era tremendo. Incluso nosotros lo teníamos a Fabián López, que regalaba dos categorías, porque era un jugador de Liga A. Cuando vos ves los nombres te das cuenta de lo duro que era. Había muchos que ya habían estado en la Liga Nacional y otros que después fueron figuras. Está el caso de Carlos Delfino, que con 17 años vino con Unión de Santa Fe.
-Una lástima que no haya podido continuar ese proyecto…
-Como pasa en la mayoría de los clubes que lo hacen a pulmón. Hay que estar sumamente agradecido de lo que se pudo hacer. De la dirigencia que estuvo en ese momento. Yo soy un agradecido de lo que hemos recibido de la ciudad, mucho más de lo que merecíamos.

