En el año 2012 Santiago Yuni sufrió un accidente haciendo acrobacias en tela, tuvo como secuela una lesión medular, eso lo llevó a iniciar un tratamiento de rehabilitación en Buenos Aires, luego de aquellos primeros meses vuelve a Río Cuarto para continuarlo en su ciudad.
“En realidad nunca fue algo pensado armar este centro, fue espontaneo, fue y es un proyecto familiar, surgió de la relación que tenemos con el Lic. Picotto que es hoy nuestro socio. Él en ese momento atendía a Santiago y en una conversación, con la mirada a futuro porque sabíamos que Santiago iba a necesitar rehabilitación por mucho años, se dio la idea de este proyecto”, comienza contando su mamá, Verónica Pipino, hoy coordinadora del centro.
Desde el garaje
“Empezamos en el garaje de nuestra casa, con algunos pacientes, luego alquilamos un lugar y hoy tenemos la suerte de tener el espacio propio”, relata Verónica.
“Siempre soñé con un centro interdisciplinar. La rehabilitación no es solo una disciplina, necesita de varias terapias porque los pacientes son pacientes neurológicos que requieren ese tipo de atención. Siempre la idea fue traer lo mejor a nuestro centro, lo mejor a Río Cuarto y poder acercar el primer mundo a Río Cuarto trayendo referentes que tengan relación con la neurorehabilitación. Siempre pensando en algo integral”, agrega.
Germán Picotto es Licenciado en Kinesiología (MP 4787), hoy es Jefe del Servicio de Neurorehabilitación del Centro y sostiene que para él fue algo sorprendente emprender el desafío de formar este centro. “No tenía dentro de mis posibilidades la idea de crear un centro de rehabilitación. La propuesta siempre fue, y coincidíamos, en hacer algo distinto para Río Cuarto, algo que no había, aplicar todas las áreas de la neurorehabilitación en un solo lugar para que el paciente pueda contar con ellas sin tener que recurrir a traslados, con el fin de trabajar en equipo y que toda la información del paciente se maneje dentro del centro”, señala el profesional. Agrega que todo fue muy rápido, “cuando nos dimos cuenta ya estábamos alquilando un lugar. Me acuerdo al principio, Vero y Eduardo, su esposo, decían, ‘con diez pacientes vamos a estar bien’, cuando nos dimos cuenta ya teníamos más de 50 pacientes. Siempre tuvimos el apoyo de profesionales de Buenos Aires como el Dr. Lisandro Olmos y el Lic. Oscar Alzua, no solo al equipo si no a mi dándome un respaldo para manejar algo que era un desafío muy importante”. Además desde los inicios apoyaron y trabajaron en este proyecto las licenciadas Ana Armesto y Cecilia Molina.
“Llevamos 7 años, somos unas 30 personas trabajando acá de manera interdisciplinaria y al margen de trabajar permanecemos todos los días, 8 horas acá adentro brindando un servicio para comprometido para los pacientes”, señala Germán.
Cada tratamiento cuenta con la supervisión de profesionales de Fleni e Ineco, dos instituciones reconocidas a nivel nacional e internacional, “realizamos interconsultas y todos los tratamientos que llevamos adelante en el centro están supervisados por ellos. Esa relación también nos dio la posibilidad de traer a diferentes profesionales del extranjero como Peter Gorman, Claudia Angeli y Bettina Paeth; también pudimos visitar, hace unos años, el Hospital Puertas de Hierro en Madrid donde conocimos acerca de desarrollos en células madre, y el Hospital de Parapléjicos en Toledo para conocer los avances tecnológicos realizados hasta el momento, son experiencias de avances que pretendemos traer o mostrar a nuestros pacientes y sus familiares para que sepan cuáles son los desarrollos que hay en el mundo y qué conexiones podemos hacer. Eso fue muy importante durante estos años”, recuerda Verónica.
¿Qué significó haber traído el exoesqueleto?
VP: “Nunca se había hecho una prueba pública con el exoesqueleto en nuestro país, se hizo por primera vez en Río Cuarto y la verdad que fue una prueba sumamente importante, desarrollos como esos es lo que tratamos de mostrarle a los pacientes para que sigan incentivados en sus terapias porque son avances que hoy están al alcance de los pacientes, y ese es el objetivo de Neurocet, poder mostrar no solo nuestro trabajo, día a día, sino también lo que se implementa en Europa, en Estados Unidos, y en el primer mundo”.
GP: “Lo sorprendente del exoesqueleto fue que era la primera vez que una persona con una lesión medular caminaba fuera de un lugar cerrado, pudimos hacer dos pruebas en la Plaza Roca y en el Plaza Olmos de nuestra ciudad. Fue algo muy satisfactorio para nosotros porque preparamos al paciente para eso, para que sepa que tiene la posibilidad de mejorar su calidad de vida, más allá de la patología que tenga”.
Otro hecho relevante fue la construcción de este edificio propio
VP: “Nos llevó bastante tiempo, empezamos de cero con toda la normativa que requiere este lugar, implica trabajar con criterios de diseño universal para lograr espacios accesibles para todo tipo de pacientes, uno pretende seguir creciendo y complementarlo con otros servicios, sin embargo creo que nuestro objetivo está cumplido. Nuestro sueño era poder dejar en Río Cuarto algo que sea para la ciudad y la región, que toda la experiencia que hemos tenido nosotros como familia, con Santiago, el equipo que formamos cuya cabeza es Germán, dejar toda esta experiencia plasmada en un lugar que sea útil para muchos paciente más como Santiago”.
¿Qué balance podes hacer hoy?
GP: “El balance es muy positivo, tenemos entre 80 y 100 pacientes por mes, es un promedio que no pensábamos tener para Río Cuarto. Tenemos un equipo bien armado para que la necesidad que tenga el paciente se pueda resolver dentro de Neurocet. Siempre pensando en el crecimiento tecnológico y científico”.
¿Cómo surge la Fundación Santiago Yuni?
VP: “La fundación surge en paralelo al centro de rehabilitación, siempre pensamos ambas cosas, la realidad era que nos dábamos cuenta que si no teníamos un entorno accesible no se puede transitar en la vida. Nos dimos cuenta que la discapacidad no ponía el límite, sino que era el entorno mismo el que lo hacía. Nos pusimos a pensar cómo poder volcar toda la información que teníamos y la experiencia a la sociedad para que les sea útil. La fundación trabaja sobre dos ejes; el social y el educativo, desde lo educativo con charlas dadas en distintos contextos para concientizar a la población de tener entornos accesibles, desde la vereda hasta por ejemplo el Salón Blanco de la Municipalidad, no teníamos transporte público accesible, no teníamos veredas accesibles. Por supuesto necesitamos de la ayuda del Estado para lograr acciones concretas, como así también del sector privado, los comercios, los colegios.
Y desde lo social nos organizamos haciendo movidas, tratando de visibilizar, haciendo eventos y poniendo de manifiesto la necesidad de contar con esos espacio, por supuesto que la pandemia nos jugó un poco en contra porque siempre apuntábamos a eventos con gran cantidad de gente”.
¿Qué vínculos quedan luego de tantos años?
“Cuando uno atraviesa este tipo de experiencias, es muy fuerte todo lo que uno pasa, porque los vínculos fuertes que uno tenía en ese momento se quiebran siempre. Hay que tener mucha capacidad para acompañar y es muy duro porque es una realidad que se transforma de un día para el otro. De tener una familia, entre comillas, normal, llevando una familia ‘normal’, todo cambia y esos vínculos se quiebran, no los tenés más pero aparecen otros, esa es la ventaja del equilibrio de la vida.
En ese momento, atravesamos una situación bastante dura pero encontramos muchísima gente en el camino, como la gente de Fleni de Buenos Aires, ni hablar de todo el equipo de rehabilitación, amigos que siempre estuvieron, nuestra familia, Eduardo (Yuni) mi esposo y nuestros gemelos Nicolás y Gastón, ellos sí que fueron un vínculo inquebrantable, tanto como Germán (Picotto) que estuvo siempre con nosotros”.
Por Fernanda Bireni

