Ambos Enfermeros, ambos Bomberos, Enrique Picchio (66) y Matías Picchio (29) me regalaron un poquito de su tiempo para contarme su historia de padre e hijo en el mismo camino de servicio.
Si bien Enrique ya está retirado, hasta antes de la pandemia se desempeñaba en la empresa Grassi en el servicio de ambulancias para traslados y cobertura de eventos, claramente un sector que dejo de ser demandado. Dice él que nunca deja de estar vinculado a la enfermería, actualmente forma parte de un equipo de trabajo para un laboratorio alemán cuya sede argentina está en Buenos Aires, allí controla y monitorea a pacientes con alimentación enteral y parenteral que hoy residen es hogares de larga estadía o en domicilios, sin embargo actualmente el seguimiento es virtual con las personas cuidadoras de esos pacientes.
“Hace un año y medio, aproximadamente, que ya no estoy en funciones, a su vez el mes que viene se van a cumplir 44 años que pertenezco al cuerpo de Bomberos de Río Cuarto, por supuesto a los 55 pasé a lo que se denomina actividad pasiva”, señala Enrique.
¿Cómo era su actividad de enfermero?
E: - Siempre me gustó la emergencia, no trabajé nunca en una clínica o en un hospital como enfermero, yo siempre iba arriba de las ambulancias. Sí estuve en hospital cuando estudié haciendo prácticas y cuando llevaba pacientes, pero a mí me gusta lo que es vía pública, accidentología y el rescate de personas, eso es para lo que estudié y me formé.
Primero ingresé a Bomberos y luego empecé a trabajar en ambulancias, ingresé como telefonista en una empresa de emergencias, era el que recibía el llamado desesperado, y después estudie enfermería. En el año 1989 me recibí de Enfermero en la Cruz Roja.
Unidos en la profesión
También en Cruz Roja estudió su hijo, Matías Picchio, y ambos se llevan 25 años de recibidos. Matías nació en San Luis Capital, allí se formó en la etapa educativa obligatoria y cuando decidió inclinarse por la enfermería también eligió formarse en Río Cuarto.
Enrique cuenta que a su hijo siempre le gustó esta profesión y cuando decidió estudiar esto, él lo apoyó totalmente. Además juntos compartieron su paso por Bomberos Voluntarios otra vocación que los une en la pasión por ayudar al otro.
¿Qué te acordás de tu papá como enfermero?
M: - Me acuerdo de sus laburos, yo cuando era chico me paseaba en brazos de sus compañeros que después fueron mis compañeros de trabajo también, por eso tenemos muchos recuerdos compartidos. Yo creo que todos los enfermeros empezamos haciendo vía pública, domicilios y después, al menos a mí, me surgió la posibilidad de estar en el sector hospitalario, donde podes adquirir otro tipo de conocimiento como el seguimiento de pacientes, cuadros clínicos, y ese tipo de aprendizaje.
Trabajé en el Hospital Regional de Río Cuarto durante unos cinco años aproximadamente, el año pasado estuve ahí hasta diciembre, cuando hice un descanso mental de lo que fue la pandemia. Finalmente hace unos meses decidí venir a vivir a un pueblo, a Villa Rumipal, soy más de este tipo de ambientes, me gusta más sierras y campo.
¿Cómo veías a tu hijo en plena pandemia en un hospital?
E: - Yo tenía el temor que tienen todos los padres, no solo cuando nuestros hijos trabajan en la función sanitaria, tenía el temor de que la enfermedad maldita esta lo afectara, ahí entra a jugar más la parte de padre e hijo que lo profesional, porque yo sé que él es una persona sumamente cuidadosa, pero el temor esta.
Sé que se cuida, más que yo tal vez, porque es muy meticuloso y detallista en eso. En la primera época cuando surgió todo esto y el virus aún no había llegado, estábamos encerrados, Matías llegaba del Hospital y me decía que no me acerque, que hablemos de lejos. Y yo decía; ‘caramba qué pasa acá’, y ese cuidado era el adecuado, siempre lo hizo así.
Matías sigue trabajando como enfermero en Villa Rumipal donde la situación epidemiológica no esta tan fácil. “Llevamos esto en la sangre, la vocación de servicio y de ayudar al otro, mi otra hija en médica veterinaria; parece que es algo de familia”, dice Enrique y agrega que hoy el enfermero está muy reconocido por la gente, “todo el mundo te demuestra su admiración, te dicen que es bárbaro lo que hacemos, nuestro sacrificio, la dedicación, la contención con el paciente y familiares, la ayuda entre profesionales. Pero económicamente está muy mal reconocida la profesión, no solo en Río Cuarto, en todos lados pasa lo mismo”.
¿Qué se dirían mutuamente?
E: - Siento que a mi hijo le gusta mucho lo que hace, la situación actual e incluso la respuesta social no es la mejor y la gubernamental menos, por eso hay situaciones en las que ellos se cansan, se vienen abajo, sin embargo sé que esto es lo que le gusta y precisamente antes que nada es su vocación. Siempre le digo que le meta para adelante y si tiene que buscar otros horizontes, adelante.
M: - Yo veo en él la primera escuela de enfermería que tuve, la que me enseñó todo, él me enseñó las bases y llevaré mi vocación a donde vaya, en el lugar donde que tenga que desempeñarme. Mi mensaje es darle gracias por eso, por haberme educado en esto, desde cuando lo acompañaba en el cuartel y ahora.
Ambos coinciden en hacer un llamado a la sociedad, a veces desagradecida. “Vemos gente sin barbijo, compartiendo el mate, y a mí me gustaría mostrarles cómo trabajan estos chicos. La dedicación que tienen, como trabajan entre ellos, como se ayudan mutuamente adentro de una clínica o de un hospital. También hay gente muy empática que se pone en el lugar del otro, pero hay mucha otra gente que no le importa”, concluye Enrique.
Por Fernanda Bireni

