Río Cuarto, con un salto pendiente, un cambio necesario
A esta altura parece algo que sale de memoria. Con sólo echar un vistazo a la ubicación geográfica en el contexto nacional y valorar la producción reinante en la zona, el perfil económico de Río Cuarto cae por simple deducción: debe estar orientado a la agroindustria, a sumarle valor a su abundante producción primaria, tratando de densificar lo más posible esas cadenas. Sin embargo, ese objetivo no termina de cuajar y la sensación de las últimas décadas es que fue perdiendo terreno frente a otras ciudades que, aun con menos ventajas competitivas, lograron dar el salto.
Desde el desarrollo del Perc (Plan Estratégico del Gran Río Cuarto), el economista Gustavo Busso viene estudiando el caso. Y deja algunas definiciones de aquel trabajo que siguen en plena vigencia. Entre ellas advierte que es imperioso aprovechar la creciente producción primaria para reinvertir utilidades en la región y generar puestos de trabajo calificados; tomar al Gran Río Cuarto como un solo ejido urbano, más allá de estar dividido en tres áreas decisionales; tratar de agregar el mayor valor posible a los granos; explorar nuevos nichos como la industria del conocimiento o un mayor desarrollo en salud.
En una primera descripción, Busso destaca que Río Cuarto “es un aglomerado urbano de tamaño intermedio que está ubicado en una tercera jerarquía urbana a nivel nacional, luego de Buenos Aires y, más atrás, Gran Rosario y Gran Córdoba. Es importante porque se entiende como una ciudad intermedia que a su vez intermedia con subregiones porque es el núcleo urbano central del sur de la provincia y alrededores”.
En términos comparativos, el economista rápidamente traza una línea con Villa María y Villa Mercedes. “En esa comparación, lo que observamos es que aquí tiene poca importancia el empleo industrial y lo que existe está más vinculado a las cadenas agroalimentarias de comercio y servicios. Es poco industrial y por eso genera poco valor, en sí misma y en comparación con esas otras localidades”, alerta.
¿Por qué sucede eso?
Bueno, en el caso de Villa Mercedes, por políticas nacionales de promoción industrial. Hoy la vemos como una de las más industriales del país. Y la situación actual se explica lógicamente por la historia. En Río Cuarto no hay tres generaciones de industriales importantes, de una familia. A partir de los 70 a su vez hay una promoción industrial en San Luis que obtura posibilidades de industrializar Río Cuarto.
Sin embargo, hubo crecimiento económico en la ciudad, especialmente con el boom de la soja...
Tuvimos un crecimiento importante entre 2003 y 2011 acompañando el movimiento del país. Y fue necesario pero no suficiente para cambiar la estructura productiva de la ciudad. Se recompuso incluso durante ese crecimiento la débil industria que teníamos a inicios de este siglo pero sin cambiar la matriz productiva de Río Cuarto.
¿Qué faltó?
Ahí juegan problemas históricos de infraestructura y tampoco hubo políticas activas o no fueron constantes, en un contexto de una macro inestable. Pero no hubo una política sistemática para apuntalar nichos productivos, alguna especialización de la ciudad en términos industriales, que se sigue vinculando más a comercio y servicios.
¿Cuánto pesa la industria en la economía riocuartense?
Hoy es menor al 10%, donde los sectores más importantes son los alimenticios, pero cuando comenzás a escarbar se encuentran algunas pequeñas y medianas empresas y la mayoría son muy pequeñas empresas. Me parece que entonces hay que dejar algo en claro: pensar que Río Cuarto se puede transformar porque tiene una ventaja comparativa al disponer de muchos recursos naturales ya no es lo más importante. Lo que sí tiene que explotar es la dotación de recursos humanos que tiene con un nivel educativo creciente.
¿Y entonces?
Si miramos hacia adelante, tenemos una débil estructura productiva que se manifiesta en la pandemia, que tiene como contracara la estructura ocupacional. Y cuando se mira eso, se ve muy poco empleo formal porque hay pocas empresas grandes, y en particular industriales. Y la informalidad es alta, por eso la pandemia pegó fuerte en ciudades como la nuestra. Cosa que a otra escala se ve en países como México o Perú.
Miremos hacia adelante...
Si miramos un horizonte de 2030 o 2050, la pandemia nos pone con muchos dilemas que debemos abordar como riocuartenses y como Gran Río Cuarto. Un punto es que agreguemos más valor; es una vergüenza que sólo exportemos granos. Hay que ponerle valor porque los excedentes que se generan en la región se reinvierten acá, no sólo para generar más producción sino para diversificar la estructura productiva, ganar más productividad y economía de escala. El desafío que tenemos es el de abordar más las cadenas agroalimentarias, que son las más presentes. Y también como ciudad, entender que por la importancia de ser un nodo urbano tenemos un rol muy importante en lo referido a la salud, si se quiere como sistema productivo de salud, por el nivel de complejidad en la atención.
En esta pandemia quedó clara esa referencia regional...
Claro, porque hay que sumar los habitantes de la región. No perdamos de vista que la población está en proceso de envejecimiento y aumenta la demanda de los servicios de salud, incluso con mayor complejidad. El clúster de salud puede ser muy interesante para la ciudad y otros como el de la industria del conocimiento. Pero hay que seguir densificando las cadenas agroalimentarias que atraviesan la región. La política debería orientarse a que los excendentes se reinviertan aquí para generar empleo y la doble inclusión: laboral y social. Ese es el principal desafío de Río Cuarto y eso implica repensar las articulaciones no sólo entre el sector público y privado, sino con la economía social y pensar que la ciudad deberá encarar una transición energética, para ser más eficientes ambientalmente, como lo están haciendo todos los países del mundo.
Ahí hay otro nicho interesante para la ciudad: las renovables...
Ahí hay otro potencial de la ciudad porque debemos pensar un modelo sustentable ambientalmente y que incluya lo social. Para eso necesitamos estructura productiva que dinamice los recursos que tenemos pero que agregue valor. Eso requiere articulación entre el sistema de Ciencia y Tecnología regional y nacional, con el entramado productivo, el financiamiento y pensar en los nichos que debe explotar Río Cuarto. Con el campo solo no alcanza.
¿Qué necesitamos?
Creo que hay que redefinir la infraestructura productiva local, que es totalmente insuficiente. Y eso obliga a repensar el desarrollo urbano para ver el tipo de industria. Nos hacen falta más instrumentos como incubadoras de empresas de base tecnológica, parques tecnológico-productivos, por ejemplo. En su momento el Plan Estratégico del Gran Río Cuarto fijaba que había que pensar el aglomerado urbano como una totalidad porque es una realidad común dividida en tres ejidos decisionales. Y le podemos agregar a la Provincia y la Nación con sus áreas de influencia. Y ver cuál es la vocación productiva poniendo el desarrollo en el centro, con la inclusión social y la sostenibilidad ambiental. Pero hay que empezar por lo que tenemos, agregando valor a las cadenas agroalimentarias. Pensar en un desarrollo en serio obliga a plantearlo de abajo hacia arriba, con la participación de distintos actores e instituciones, con los intereses del territorio para generar riqueza e inversión. Y debe tener una mirada regional para integrar a todo el sur de Córdoba, y entender que somos todos parte de lo mismo.