Opinión | Río Cuarto

¿St. Louis? Los 150 kilómetros que rodean a Río Cuarto

En la última semana se debatió en la ciudad sobre la gran oportunidad que tiene la región para desarrollarse sobre la base agrotecnológica. ¿Qué ingredientes entusiasman incluso a quienes ven el escenario desde el exterior?

Campo, industria y tecnología, lo que reclama la receta del desarrollo para que la zona de Río Cuarto sea referencia global.

 

Apenas comenzó a abrirse definitivamente la puerta de salida de la pandemia, y recién llegado a la ciudad, el gerente de un importante banco no salía del asombro por el movimiento económico y productivo que ofrecía la zona. “Este es otro nivel de actividad, muy superior incluso al de muchas de las capitales provinciales, especialmente del sur”, comentó mientras repasaba sobre su escritorio una serie de contactos clave de empresarios de la región que pensaba visitar para iniciar vínculos y proponerles que se sumen a operar con la entidad que conducía. Desde que llegó, nunca dejó de participar de la exposición de la Sociedad Rural de Río Cuarto. Tiene especial debilidad por el campo y la agroindustria. “Estoy como en Disneylandia acá!”, suele comentar con sus interlocutores.

Casi en la misma línea, un referente nacional del complejo agroindustrial como Mariano Bosch, el CEO de Adecoagro, un gigante que comenzó comprándole 75 mil hectáreas a Gregorio “Goyo” Pérez Companc en octubre de 2002, se declaró enamorado de “esta región de Córdoba por su especial espíritu emprendedor” y el desarrollo de cadenas del agro. Bosch consiguió que un grupo de inversores “le compre” una serie de ideas productivas que a la postre resultaron exitosas. Le creyeron e invirtieron millones de dólares en los campos de Pecon Agropecuaria. Fue la piedra basal de Adecoagro, que nunca detuvo su expansión. Ese amor por esta región fue determinante para poner un pie en la industria manisera, de la que se considera un admirador. Adecoagro hoy tiene su planta en Dalmacio Vélez y campos en producción en la zona. Bosch cree que la Argentina debería replicar lo que se ve entre Río Cuarto y Villa María. Ese tramo de la ruta 158 tiene justamente una de las grandes agroindustrias nacionales: Aceitera General Deheza, un monstruo productivo de capitales regionales liderada por Roberto Urquía y que junto con Arcor, de la familia Pagani, son los dos faros que luce Córdoba con orgullo en su historia industrial.

Frente a AGD, en la misma General Deheza, Gastaldi Hnos se levanta con su molino harinero y su producción manisera. Otra referencia de envergadura.

Carnerillo y Cabrera son enclaves inevitables de la producción manisera, la gran economía regional cordobesa que exporta casi toda su cosecha a la Unión Europea. Es decir, cumple con los estándares de calidad más elevados del mundo.

En menos de 15 años se construyó también “el triángulo del etanol de maíz” que comenzó en Río Cuarto con Bio4 y siguió con AcaBio en Villa María y ProMaíz en Alejandro Roca. La historia de Bio4 es la de un grupo de 30 productores de maíz que, con la ley de biocombustibles aprobada en 2006, se lanzaron a dar un paso industrial y crearon la planta que pusieron en marcha a fines de agosto de 2012. AcaBio es la expresión de la Asociación de Cooperativas Argentinas que hoy es la productora número 1 de alcohol de maíz del país. El caso de ProMaíz fue la resultante de la asociación entre AGD y Bunge. No es casual la ubicación de esas tres plantas, ya que se elevaron en medio del corazón maicero nacional, más alejado de los puertos y por lo tanto con una elevada tendencia a agregar valor local por la fuerte incidencia del flete. Las tres aportan el equivalente a más del 5% de las naftas del país. Vale recordar que el etanol corta con un 12% obligatorio y un 15% opcional a las naftas. Del primer porcentaje, la mitad lo aporta el etanol de maíz y la otra mitad, el de la caña de azúcar, de Tucumán, Salta y Jujuy. Ahora, el sector espera que el porcentaje crezca de la mano de un proyecto de ley que viene amagando desde el año pasado y no logra formalizarse.

La lista de iniciativas agroindustriales es interminable. Pero como telón de fondo hay una región altamente productiva. Un reciente informe de la Bolsa de Comercio de Rosario mostró cuál es el principal departamento de la Argentina en producción de granos: Río Cuarto. Es el líder por lejos en maíz. Es un gran competidor en soja. Y la zona lidera con el 90% de la producción de maní. Pero además, en términos ganaderos, es de suma relevancia con casi 610 mil cabezas de ganado, sólo superado en Córdoba por San Justo, donde la lechería suma miles de cabezas en los tambos. A nivel nacional sólo lo superan 4 departamentos: Ayacucho y Olavarría en Buenos Aires; San Cristóbal y Vera en Santa Fe.

En los últimos días, en el marco de la AgTech Week, más de 2.500 personas se reunieron para pensar el futuro partiendo de ese telón de fondo productivo. Pero para eso hay un ingrediente más: el aporte de la tecnología, en tiempo de IA, que viene no a sumar sino a multiplicar el potencial existente. Hay decenas de iniciativas de base tecnológica en Río Cuarto y la región que quieren aportar su grano de arena para elevar la productividad de todo ese virtuoso ecosistema. Detrás, están los pilares de la ciencia y la investigación: el entramado creciente de universidades liderado por la UNRC.

También se suma -y vale destacarlo- el sector público, que ve en este universo una posibilidad cierta de crecimiento con desarrollo. Eso implica que puede generar un efecto simpatía e incluir a muchos que hoy creen que están lejos de este universo, pero que en realidad pueden encontrar desde múltiples formaciones y habilidades, su forma de acoplarse.

Porque, si todavía alguien no lo percibió, un destacado protagonista del mundo de las finanzas globales, el formoseño Nicolás Aguzín, ex JP Morgan y presidente de la Bolsa de Hong Kong, también participó de AgTech Week y remarcó que “el agro ya no es lo que se ve desde la ruta, hoy es una industria de datos”.

En ese camino está entonces la clave para que los 150 kilómetros alrededor de Río Cuarto se consoliden como un foco global de desarrollo de base agrotecnológica, sin nada que envidiarle a polos resonantes hoy como Saint Louis en el estado de Missouri, o el Medio Oeste estadounidense completo. Los ingredientes están, sólo falta acertar con la receta.