Río Cuarto se ha caracterizado históricamente por ser una ciudad solidaria. Las particularidades de “pueblo grande” que se cuestionan por momentos también permiten una proximidad entre los vecinos que genera la necesidad de acompañar al que menos tiene o al que la está pasando mal. Quedaron grabados los esfuerzos de Oscar “Poroto” Ficco para recaudar recursos y ayudar a los combatientes de Malvinas; son leyenda viva los Estefanía desde el apoyo que brindan en su hogar a cientos de personas diariamente; se podrían enumerar miles de campañas de personas que requerían intervenciones quirúrgicas y todos aportaron su granito de arena para lograr juntar los fondos necesarios.
Resulta muy difícil evaluar el trabajo social sin caer en las intenciones que pueden estar ocultas detrás de cada acción. Seguramente hay quienes se movilizan ante injusticias que duelen hasta los huesos y ante la falta de determinación de quienes deben tomar medidas, encabezan proyectos colosales. Pero también están aquellos que disfrutan más de la cámara y la difusión de sus obras más que del proyecto en sí. Es una realidad universal que no le es ajena a Río Cuarto. Sin embargo, no nos anclaremos en este punto para el análisis de lo que pasa con relación a la ciudad y su carácter solidario.
Ahora bien, el abanico de propuestas para desarrollar actividades sociales es de lo más diverso y todo aporte resulta fundamental cuando son tantas las necesidades de la población, no todo está vinculado a la entrega de donaciones. Espacios que se abocan a problemáticas de salud y discapacidad, otros que enfocan sus esfuerzos en el desarrollo del arte o los deportes, aquellos que apuestan a la defensa de derechos y una innumerable cantidad de centros que se encargan de brindar contención desde la asistencia a los requerimientos básicos de todo vecino.
Desde Río Cuarto surgieron proyectos que lograron cambios a nivel nacional en cuestiones que desde hacía años necesitaban modificaciones, como lo fue la labor de organizaciones como NADia, que tras una década de lucha consiguió la aprobación de una Ley de Diabetes, que brinda cobertura a todas las personas que padecen la patología en suelo argentino. Del mismo modo, el entramado de agrupaciones que trabajan por la contención y desarrollo de personas con discapacidades es cada vez más sólido y se avanza en una ciudad más accesible para todos sus habitantes. Esfuerzos como los de Acipdim (Asociación Civil Identidades para Personas con Discapacidades Múltiples), Asdric (Asociación de padres con hijos con Síndrome de Down de Río Cuarto), la Fundación Santiago Yuni, el programa de Olimpíadas Especiales; la lista es inmensa, con miles de personas que dedican su tiempo de manera comprometida para los que lo necesitan.
Lo propio sucede con aquellos que entienden de la necesidad de acceso universal tanto al arte como el deporte. En general se enfocan en niñas, niños y adolescentes, pero las alternativas de aquellos que deseen sumarse a este tipo de espacios son de lo más variadas. El proyecto que lidera Juan Engert en el Ex Matadero con su preparación para boxeadores de todas las edades le ha valido el reconocimiento a nivel nacional, aunque muchas veces no recibe el adecuado apoyo a nivel local. Lo mismo sucede con el Rosario Fútbol Club, que da contención a miles de pequeños que quieren jugar al fútbol y no pueden hacerlo por falta de recursos, mientras que ha alcanzado un desarrollo notable junto con las familias de los jugadores. En el arte pasa lo mismo, con propuestas que abren sus puertas para que la pintura, la música y el teatro, entre otras propuestas, lleguen a todos. El Teatro Comunitario Del Galpón, Maroma, la murga Mulato Mulé, el proyecto de Orquesta Barrial y los cientos de talleres gratuitos que se dictan en todos los barrios de la ciudad son algunas de las iniciativas que promueven el desarrollo cultural para que llegue hasta a los más vulnerables.
En materia de lucha por los derechos, finalmente, es inevitable pensar en el trabajo de la Mesa de la Diversidad, que integra la Federación Argentina LGBT+ y participa en la comisión directiva con un vocal en representación de Córdoba, y se presentó como espacio clave para el logro de leyes como la de matrimonio igualitario y la de identidad de género. Del mismo modo, iniciativas como las que encaran desde Fundación Deuda Interna, que si bien no es originaria de nuestra ciudad cuenta con un movimiento importante para el acompañamiento de los pueblos originarios argentinos.
Asistencia social
Son más de 300 los merenderos y centros comunitarios que funcionan en Río Cuarto. Todos, en barrios periféricos y la mayoría son coordinados por los propios vecinos. Reciben a miles de personas de todas las edades y les brindan contención desde un plato de comida o una taza de leche. Algunos abren sus puertas todos los días, otros en algunas jornadas, pero todos coinciden en la misma vocación y trabajo a pulmón. Desde estos espacios se originan propuestas culturales y deportivas, talleres de formación para grandes y chicos, apoyo escolar, roperos comunitarios, incluso se realizan los festejos de cumpleaños de todos los vecinos.
En este espacio de actividades hay muchos centros que tienen una vinculación con partidos políticos, cultos religiosos o movimientos territoriales, responden a una línea de pensamiento y, si bien la obra es similar, se guían por proyectos que van más allá de lo puramente asistencial y consiguen recursos de diferentes organismos e instituciones. Aquí, una vez más se puede destacar el valor solidario del riocuartense, considerando que, a la hora de hacer un aporte con alimentos, ropa e incluso dinero, se trata de un ciudadano muy participativo, con un fuerte compromiso por el otro desde la asistencia.
Es algo que también se ha evidenciado ante catástrofes en otras ciudades o con campañas para ayudar a determinadas comunidades. Desde nuestra ciudad han salido decenas de camiones llenos de elementos para asistir a quienes la estaban pasando feo.
Lamentablemente, hablamos de tantos esfuerzos desde distintas áreas, pero hay que tener en cuenta que proporcionalmente son pocos los vecinos que hacen trabajo en territorio. Es decir, en Río Cuarto la gente es solidaria cuando se pide una ayuda con recursos, pero a la hora de aportar su tiempo la realidad es otra. El reclamo de la mayoría de las ONG está vinculado a cómo conseguir más voluntarios, personas que destinen un momento de su día a colaborar con las tareas que conllevan los proyectos. Iniciativas como la del Consejo Social de la Universidad Nacional o los encuentros coordinados por la Fundación Río Cuarto 2030 para aunar los esfuerzos de organizaciones pusieron en escena siempre este mismo punto: se necesitan más voluntarios.
Los privados y el Estado
Con el desarrollo de ideas como la de Resposabilidad Social Empresarial (RSE), muchas empresas de la ciudad contribuyen todos los meses con el trabajo de las organizaciones territoriales, con el aporte de insumos y recursos económicos que son fundamentales para el funcionamiento de esos centros. Si bien se trata de un aspecto ligado a lo administrativo, es necesario tener en cuenta que está la predisposición también de los empresarios a colaborar de manera solidaria.
Las organizaciones sociales cubren baches que deja el Estado, espacios que requieren de algún tipo de respuesta o contención y que no la consiguen desde organismos oficiales. Es por esto que el mismo Estado es el que debe asegurarse de hacerles el camino más sencillo, de facilitarles las herramientas para que puedan continuar con esta labor. Aquí un eje que aún requiere más trabajo, en la articulación entre ambas partes para que esa ayuda se concrete. No hay políticas públicas a largo plazo que respondan a esa situación sin que se modifique con el cambio de las banderas políticas que están a cargo de la gestión municipal.

