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"Se intenta recordar el hecho y que los jóvenes sepan qué es lo que pasó en la fábrica"

El documental "Esquirlas", de Natalia Garayalde, representa a Córdoba en el Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos. La película se hizo con registros caseros que ella grabó junto con su hermano en los sucesos de 1994, cuando tenía sólo 12 años

“Cuando tenía 10 años, mi papá compró una Sony 8mm. 'Para guardar los recuerdos familiares', dijo. Eran los 90 en Río Tercero”, dice en el inicio del documental Natalia Garayalde, haciendo referencia a aquellos momentos en los que todavía se registraban situaciones agradables en la localidad vecina.

Garayalde, comunicadora social oriunda de Río Tercero, ha conseguido destacadas repercusiones en los principales festivales de cine con su documental “Esquirlas”, un registro de la experiencia de la localidad vecina ante las explosiones de 1994, que marcaron no sólo a su población sino a toda la provincia. En diálogo con Puntal, la cineasta se refirió al proceso de trabajo que implicó la película, hecha a partir de filmaciones caseras que ella misma había grabado cuando tenía sólo 12 años.

“Con mi hermano teníamos una cámara que usábamos como una prótesis. Teníamos una familiar, pero jugábamos con ella todo el tiempo y ese dispositivo se convirtió en una herramienta para registrar un hecho histórico”, asegura la realizadora.

Desde hoy y hasta el 2 de junio, se llevará a cabo el 19° Festival Internacional de Cine de Derechos Humanos (FICDH), organizado por el Instituto Multimedia DerHumALC (IMD) y con una edición completamente online, con el eje puesto en la identidad migrante bajo el lema “Raíces en Movimiento”. La película de Garayalde representará a Córdoba con su análisis sobre lo que fueron las explosiones de la fábrica y el actual uso de químicos oculto para la ciudadanía de Río Tercero.

“El documental habla de las explosiones de la Fábrica Militar, empieza con ese hecho trágico y luego genera algunas preguntas sobre los modos de producción actuales en Río Tercero, sobre todo con el polo químico que está compuesto por las tres fábricas”, sostuvo la realizadora, que destacó que es una propuesta realizada principalmente por filmaciones familiares, pero también cuenta con videos caseros de sus vecinos, que también registraron el momento y colaboraron con ella para el proyecto, más archivos de medios periodísticos.

Garayalde resaltó que, después de más de 25 años de los hechos, “hay una gran necesidad de recordar los hechos, más considerando que recién hubo sentencia firme de la Corte Suprema de Justicia hace unos días, después de la muerte de Carlos Menem, fue un hecho casi impune porque sólo se condenó a militares de rangos muy bajos”. Aseguró que, si bien hubo períodos en los que se vivió cierto olvido, “ahora se intenta recordarlo y que las nuevas generaciones sepan qué pasó” ahí.

- ¿Cómo recordás los hechos de aquel día?

- Es lo que incluyo en la película, archivos familiares que con toda la familia registramos la casa destruida, la escuela, el barrio. Ese día yo estaba en el primario, en el barrio cercano a la fábrica, y cuando explotó no sabíamos qué había pasado. Yo tenía 12 años y no tenía idea de lo que se producía cerca de mi casa, pero me enteré de todo de manera dramática. Ese día fuimos con la familia de una amiga a las 9 de la mañana y recién por la tarde nos juntamos con nuestros padres.

- Es algo particular que a esa edad se hayan dado cuenta de registrar todo.

- Lo que pasa es que con mi hermano teníamos una cámara que usábamos como una prótesis. Teníamos una familiar, pero jugábamos con ella todo el tiempo, y ese dispositivo se convirtió en una herramienta para registrar un hecho histórico. En ese momento no éramos demasiado conscientes, pero quedó. Con mi hermano imitábamos a los periodistas que visitaban por primera vez Río Tercero, de hecho hay una escena en la que mis viejos eran entrevistados por un canal de Buenos Aires y nosotros lo registramos. A partir de eso también hicimos otras entrevistas, imitando ese lenguaje, de usar la cámara como un juego a un modo de entender el mundo adulto, preguntarle qué estaba pasando.

- ¿Qué posibilidades brinda participar de un encuentro como el Festival de Cine de Derechos Humanos?

- Lo que primero quisimos hacer fue un documento histórico que quedara para recordar, pero luego se fue dando todo. Trabajo con un equipo en el que la productora va mandando la película a distintos festivales, incluso cuando está en uno nos llaman para otro, se genera un circuito en el que la película camina sola. El documental ya estuvo en Corea, en Suiza, y estará próximamente en México, nos han llamado de varios lugares y es impresionante cómo en este proceso de atravesar fronteras se sigue entendiendo el mensaje, algo de lo que yo no estaba segura que ocurriría fuera de Argentina. Se ve que toca la película un nervio sensible y se entiende el horror de lo que pasó, sumado a la preocupación de la situación actual de la ciudad, que es una zona de riesgo.

“En las tres fábricas químicas: Atanor, Petroquímica y el Sector Química de Fabricaciones Militares, hay producción de químicos que son muy tóxicos para el medioambiente y casi no hay informes del impacto socioambiental”, explica Garayalde.

- ¿Qué realidad actual denuncia “Esquirlas”?

- En las tres fábricas químicas: Atanor, Petroquímica y el Sector Química de Fabricaciones Militares, hay producción de químicos que son muy tóxicos para el medioambiente y casi no hay informes del impacto socioambiental. Me pasaron uno de 1986, a partir de una entrevista que tuve con el subdirector de la fábrica, pero para llegar a eso estuve mucho tiempo dando vueltas. Hay una cuestión muy hermética que no te permite acceder a información de lo que se produce puertas adentro. De hecho, en un momento fui a filmar las fábricas desde afuera y los guardias de todos me fueron a echar. La idea es que se empiece a difundir qué se produce para que la población elija si quiere tener eso acá o no. Está también la fuente laboral, claramente, porque Río Tercero creció alrededor del polo, eso no se puede desconocer, pero se lo puede hacer de un modo más responsable con el medioambiente y con la salud de la población que está alrededor de este polo.

Como voz en off de un registro de la fiesta de Año Nuevo de 1994, Garayalde asegura que hasta ese año todavía le gustaba el olor de su ciudad. “Fue el último año en el que me animé a dormir sola”, precisó la realizadora. “Todos estábamos pasándola genial, pero después nada fue igual”, completó. Los fuegos artificiales con los que se celebró el Año Nuevo de 1994 se funden con las explosiones que hicieron retumbar el cielo de Río Tercero y que han marcado la historia del sur cordobés.

Desde mañana, y de manera online, se podrá seguir el festival, que contará con diversas realizaciones documentales de todo el mundo, incluida la de la comunicadora de Río Tercero.

Luis Schlossberg. Redacción Puntal