Tal vez podríamos arrancar por el final de la vida deportiva y de la vida misma de Ermindo Ángel Onega. De ese 21 de diciembre de 1979, cuando nos enteramos de que en un accidente se nos había ido el “Ronco”. Un jugador excepcional. De una calidad humana y un respeto que pudimos apreciar de cerca en su paso por Estudiantes de Río Cuarto en 1975. Era uno más de nosotros en aquel año. Desde el 1° de agosto de ese año y hasta febrero del 76 jugó 9 partidos oficiales y marcó 7 goles.
El 10 de agosto del 75 debutó en la segunda fecha de la Copa Competencia de la Liga Regional en la goleada celeste ante Toro 6 a 1. “Un Ronco inteligente manejó hilos sapientes”, tituló al otro día el diario El Pueblo.
Estudiantes ganó el certamen y Ermindo fue el goleador con siete goles. El León perdió sólo un partido en la primera fecha ante Belgrano de Moldes 2 a 0. Ermindo no había debutado. Lo hizo en la segunda. El subcampeón fue Banda Norte, a un punto, y tercero, Belgrano de Moldes a cuatro.
El Celeste se consagró en la última fecha, el 19 de octubre, al golear a Arsenal tres a cero. Los tantos los hicieron Arias, Giuliano y Arana. Arbitró Marcos Palacios en el estadio de la Avenida y el equipo dirigido por Santos Pérez fue: Escudero, Walter Gómez, Servín Rodríguez, el “Litin” Rodríguez y Alaniz; Mansilla, Giuliano y Arias; Ciro Magallanes (Arana), Ermindo Onega y Robles. Arsenal que era dirigido por el Pachacho Mariscotti salió con Hugo García, Rodríguez, Ettiene, Iturrieta y Vilchez; Hugo Battaglino, Omar Carranza y Oscar Sosa; Antonio Díaz, Anghillante y Agüero.
Ermindo nació en Las Parejas en abril de 1939. Se inició futbolísticamente en Sportivo de Las Parejas. Jugaba de volante ofensivo y delantero. Con Sportivo Atlético Club consiguió el Campeonato de Primera División de la Liga Cañadense de Fútbol de 1955 de forma invicta. En el año 1957 fue llevado por Renato Cesarini directamente a la 1ra División de River Plate. Allí debutaría en la última fecha, cuando River ya era campeón. El Millonario ganó el torneo con ocho puntos de ventaja sobre San Lorenzo y tuvo al goleador del certamen Roberto Zárate, con 22 tantos. En esa última fecha, Onega jugó por Labruna y River perdió uno de los tres partidos en los que cayó en el campeonato. Fue de visitante ante San Lorenzo. El local ganó 5 a 1. Los goles los marcaron Cigna y Sanfilippo dos veces y Pérez en contra para los de Boedo, Zárate para River. El primer River de Onega fue con Carrizo; Pérez y F. Vairo; Mantegari, Urriolabeitia y Sola; M. Rodríguez, J. Vairo, Menéndez, Onega y Zárate. Su primer gol en River lo marcó en la cancha de Ñuls jugando contra Central Córdoba en el 58, el 17 de agosto. Le hizo dos al arquero Palminteri.
En River jugó entre 1957 y 1968 222 partidos y anotó 98 goles. Su última tarde con la banda fue en derrota en la Bombonera tres a uno. Esa tarde formó delantera con Cubilla, Solari, su hermano Daniel y Mas.
Le tocó jugar en el Millo en una época de sequía en cuanto a títulos. Formó una dupla sensacional con Luis Artime.
Su paso por la selección quedó en el recuerdo. La foto con los brazos abiertos gritando uno de los goles de la Copa de la Naciones del 64 ante Brasil con el arquero Gilmar vencido es una imagen registrada de nuestra historia futbolera. Allí fueron campeones y Ermindo, además, tuvo una destacada actuación en el Mundial de Inglaterra 66.
Su debut en la selección fue durante el Panamericano de 1960, jugado en Costa Rica.
El 8 de marzo, Argentina debutó en el certamen que ganaría, con la dirección técnica de Guillermo Stábile, empatando con el local 0 a 0. Argentina fue con Ayala (Boca); Navarro (Indepte.) y Etchegaray (River); Carlos Álvarez (Rosario Central), Guidi (Lanús) y Varacka (Indepte); Nardiello (Boca), Abeledo (Indepte.), Walter Giménez (Indepte.), Callá (Vélez) y Belén (Racing). Entraron Dacquarti (Chicago) y Ermindo Onega (River).
Jugó para Argentina 30 partidos marcando 11 goles. Algunos históricos como el que le hizo a Brasil en el Pacembú en el 3 a 0 por la Copa de las Naciones (los otros dos Telch) o el del Mundial de Inglaterra a Suiza.
En el sitio “Fútbol, fierros y tango” hay una linda nota de Bruno Passarelli, brillante colega, en la que charla con Natalio Gorín, desaparecido periodista de El Gráfico, entre otros medios, quien expresa que Onega era el “Pelé blanco” de River y que jugó en grandes equipos sin poder campeonar: “En 1969, ante la carencia de éxitos deportivos y por el mal humor que los ‘viejos’ jugadores del club provocaban en la tribuna de River, fue cedido a Peñarol de Montevideo”. Continuó Gorín: “Era el Peñarol de Mazurkievicz, Forlán, Tito Goncalvez, Rocha, Abbadie, Sasia, Silva. Un equipo enorme pero que ya había cumplido su ciclo. Y Ermindo otra vez volvió a sufrir el síndrome del ‘llegar tarde’ a aquel plantel que había consumado tantas hazañas, pero antes de él”.
En 1972, jugó 30 partidos en Vélez, marcando 6 goles. Debutó el 27 de febrero de ese año y justo contra River en el Monumental. Ganó el Millonario 5 a 3 con tres goles de Alonso y dos de Mas. Para Vélez marcaron Bianchi, Ríos y Ermindo.
El Fortín formó con Caballero (Pezzano); Correa, Romero, Reguera y Avanzi; Oruezábal, Ríos y Onega; Lamberti, Bianchi y Bentrón.
Vendría el tiempo de Estudiantes de Río Cuarto y el cierre en Deportes La Serena de Chile, entre el 75 y 77.
En cada declaración, en cada anécdota, en cada recuerdo de sus compañeros, hay reconocimiento y nostalgia por un hombre muy querido, respetado y aplaudido, dentro y fuera de la cancha, que se fue muy joven.
Las ayudas y los consejos recibidos por los más pibes y los no tanto en su paso por Estudiantes son destacados siempre por ellos mismos.
En 1980, la institución celeste le puso su nombre a la zona de los vestuarios, en un acto al cual asistieron familiares y amigos en un entorno de mucha emoción.
Ermindo Ángel Onega. Seguramente para los de cincuenta más o menos que llevan a River en el alma, un nombre muy fuerte a sus afectos.
Desde el sonido de la radio con el relato de Fioravanti o Muñoz, hasta los diarios y revistas, las figuritas y las primeras imágenes en TV, Ermindo fue un nombre que dejó el apellido a un lado.
Decir Ermindo era suficiente. Se sabía que había olor a buen fútbol. Jugaba el “Ronco”.
Osvaldo Alfredo Wehbe

