Deportes | River | Huracán | AFA

El último del Pinino fue acá

Oscar Más fue una de las figuras preponderantes de River y del fútbol argentino

Hay jugadores que no olvidaremos jamás. Cada uno de nosotros, en la época en la cual lo admirábamos, lo seguíamos por radio y revistas y los más jóvenes, por la tele y demás, lo que hace que su imagen, imaginada o real, quede para siempre en nuestros corazones.

Para muchos de los futboleros, allá por los 60 y 70, no había muchos jugadores trepidantes y sorprendentes como Oscar Mas. El Pinino.

Los 29 de octubre serán recordados por siempre por los hinchas de River como la jornada de la obtención de su primera y esquiva Copa Libertadores, con el gol del Búfalo Funes al América de Cali. Pero ese día el corazón millonario festeja el cumpleaños del Pinino Mas. Nació en 1946 en el Hospital Diego Thompson de Villa Ballester, de la panza de Doña Blanca, pesando 4,200 kg. Robusto y con cara de pícaro, el semblante que lo acompañaría siempre en las canchas del mundo.

Dicen que un amigo, el Tito Conti, le puso Pinino, ya que siempre jugaba con las bolitas llamadas así, que eran muy chiquitas y difíciles de impactar.

Oscar Mas fue incondicional a River, aun antes de jugar para el club de Núñez.

Cuando pibe, lo llevaron a probarse a Boca y en el partido de práctica erró deliberadamente un penal.

Llegó luego el tiempo en que Ernesto Duchini lo acercó a River Plate. En el momento de esplendor medía 1,65 y pesaba 65 kilos. Y con él, los goles más explosivos e insólitos, las piruetas más increíbles para marcar o festejar.

Pocos jugadores festejaban tan locos los goles, como Pinino. Y miren que metió muchos. Jugando para River marcó 217.

Debutó en Primera el 26 de abril de 1964, con 17 años. River le ganó a Chacarita 1 a 0, con gol del chileno Eladio Rojas. River formó con Gatti; Ramos Delgado y Ditro; Matosas, Rojas y Varacka; Onega, Pando, Artime, Delem y Mas. Chacarita, con Cordero; Seijo e Iñigo; Laginestra, Sanguinetti y Mariotti; Biaggio, Roldán, Conigliaro, Rambert y Rabbito.

Su primer gol se lo hizo a Gironacci de Ñuls el 28 de junio de ese 64.

Hubo goles memorables en la carrera de Pinino. Aquella chilena a Righi de Banfield en el 65, el zapatazo desde 35 metros a Navarro de Huracán en el 70, la carambola ante Racing cuando el balón pegó en los dos palos y en el travesaño antes de entrar y la palomita a Errea del Taladro en el 71, volando casi a ras del césped.

En 1973 fue transferido al Real Madrid. Allí, con sus actitudes tan simpáticas, sacó del formalismo a la Casa Blanca y a su manera rindió y cumplió marcando 14 goles.

Volvió en el 75 para darse el gusto que antes se le había negado. Ser campeón con el Millo. Con Pedro González y Morete fueron la carta ofensiva del River de Labruna para terminar con la sequía de 18 años.

Se volvió a ir de River en 1977 para jugar en el América de Cali, donde tuvo un recordado paso al jugar 68 partidos y convertir 38 goles. En 1979 regresó a Argentina para jugar en Quilmes, con el que participó en la Copa Libertadores de 1979. En Quilmes disputó 7 partidos y marcó 3 goles. Al año siguiente firmó para Defensores de Belgrano, en la Primera B. En Defensores participó en 57 partidos, marcó 40 goles entre 1980 y 1981 y se convirtió en la sensación del torneo.

En 1982 pasó a Sarmiento de Junín, jugó 18 partidos y convirtió 6 goles. En sus últimos años deambuló por Mariano Moreno de Junín, El Porvenir, Defensores de Belgrano y Huracán Las Heras de Mendoza. En el Globo mendocino jugó su último partido en Primera de AFA. Y fue en Río Cuarto. En aquel memorable encuentro entre San Lorenzo y Huracán Las Heras, que terminó tres a tres en tiempo suplementario y se definió por penales, en el que Chilavert se lució para darle la victoria al Cuervo. San Lorenzo fue Chilavert; Alul, Biain, Higuaín y Jorge García; Quinteros, Insúa y Espíndola (Madelón); Crespín, Perazzo y Navarro (Malvarez). Los técnicos, Oscar López y Oscar Caballero. Huracán, con Galán; Próstamo, Bravo, Espinoza y Chavero; Bachino, Berta y Rubén Gómez; Moyano, Lucero y Mas (Guirado). Los dirigía Francisco Ontiveros. Abrió Bachino a los 71 para los mendocinos y al minuto 80 empató Espíndola. En el alargue, a los 91' y 97' Walter Perazzo pareció definir todo, pero en los últimos tres minutos Guirado y Próstamo hicieron el milagro.

Fueron expulsados Alul, Higuaín y Malvarez en San Lorenzo y Lucero de Huracán.

En los penales ganó el Ciclón tres a dos. Convirtieron Espíndola, Insúa y Perazzo; el arquero Galán le atajó a García y Madelón. Por Huracán anotaron Bravo y Moyano y Chilavert le contuvo a Próstamo, Bachino y Berta. El juez fue Teodoro Nitti. Se jugó en el Estadio Ciudad de Río Cuarto y se recaudaron $ 8.500.000.

Wing. Pero wing-wing, Oscar Mas tomaba la pelota y mientras corría pegado a la raya la gente se iba levantando como haciendo una "ola", pero para empezar a cantar el gol que vendría después del centro o el "uhhhhhh" por la salvada de algún rival o por esa forma de definir cruzando el balón al otro palo del arquero, pegándole como jugador de metegol, con el filo, para dejarla allá lejos y contra la red del costado, la que envuelve al palo.

Una de esas corridas quedó en el recuerdo como una de las poquitas chances de la Argentina ante Inglaterra en Wembley en el Mundial 66, cuando quedamos afuera con el gol de cabeza de Hurst a Roma y la expulsión de Rattín. En esa Copa del Mundo conformó una buena pareja ofensiva con Luis Artime, a quien admiraba desde niño. Dueño de un despiste extraordinario, confundía términos y nombres de personas a cada rato. En una de sus últimas visitas con el equipo de veteranos a Río Cuarto le preguntaron por jugadores del momento que le gustaban, y mencionó a Rama, ese muchacho de Argentinos Juniors. Ante la repregunta, él insistía con Rama. En realidad se refería a Diego Cagna. Bah, Rama o Cagna para él eran más o menos lo mismo.

Un malabarista. A pocos días de cumplirse un aniversario de su último encuentro en Primera. Y fue en Río Cuarto. Saludamos a uno de los grandes wines de la vida del fútbol argentino. "El hincha siempre esperaba que hiciera algo diferente, que la embocara desde un ángulo cerradísimo o desde cuarenta metros. Yo me daba cuenta de esa ansiedad de la gente y por eso intentaba todo lo que parecía imposible. Me gustaban las definiciones difíciles y estaba convencido de que podía conseguirlas. Todo pasaba por una cuestión de confianza, de seguridad, de determinación". Y lo lograba.

Un payasito de emociones formidables. Sus contemporáneos lo disfrutamos mucho.

Oscar Mas. Remate, pirueta, festejo loco. Un petiso con la cara llena de gol.

Osvaldo Alfredo Wehbe