Un relato fantástico
Cuando River entró a la cancha, con Enzo Pérez vestido con el buzo verde flúo, algo se quebró. La línea que separa el mundo fáctico del fantástico se rompió. Anoche la realidad superó por lejos a la ficción.
Fontanarrosa, Sacheri, Sasturain, Giardinelli, Dolina y otros grandes escritores han utilizado al fútbol como inspiración, pero nunca lograron un relato tan imaginativo como el que se dio ayer en el Monumental. Sin querer queriendo, la Conmebol superó a todos los antes nombrados.
Entre el coronavirus y la entidad sudamericana armaron una trama algo básica, pero efectiva. Pusieron al “equipo protagonista” en las peores condiciones. Era ese conjunto de pibes humildes que completa los once de milagro, con botines rotos o simplemente descalzos. Enfrente pusieron a un grupo de “nenes bien”, vestidos todos iguales y reforzados con canilleras.
La historia también tuvo a su héroe-mártir. El hidalgo Enzo Pérez tuvo que pararse bajo los tres palos para -en palabras de Eduardo Galeano- expiar pecados ajenos. Eso sí, a diferencia de lo que cuenta el escritor uruguayo en su relato “El Arquero”, Pérez no se quedó sólo contra los “fundazos” enemigos. Sus compañeros armaron un muro estoico que lo protegió durante casi todo el partido.
El relato de anoche sería una gran historia para un cuento de fútbol. El problema es que no fue ficción. Fue realidad pura. Una muestra del desastre que es el fútbol sudamericano en muchos sentidos. Lo de River es notable, eso no se discute. Pero el nivel de Independiente Santa Fe no fue digno de la historia del fútbol colombiano. No pudo exigir a un jugador de campo que, desgarrado, tuvo que hacer de arquero.
No es un mal sólo de los bogotanos. El nivel de la Copa es muy malo. River, Defensa y algunos equipos brasileños son la excepción en un medioambiente depredado. Ejemplos de esa pobre realidad son la clasificación de Racing a octavos o que un deslucido Boca tenga chances de avanzar.
Las condiciones en las que se jugó el partido fueron escandalosas. Hay que ir a tiempos muy lejanos, en los que el fútbol no tenía la trascendencia actual, para encontrar que un equipo saliera a la cancha con un arquero improvisado.
La Conmebol logró lo impensado. Hizo que la realidad fuera más inverosímil que cualquier cuento de fútbol.