Fernando Aguirre, en estado de ánimo rupturista
Especial para Puntal
Músico e historiador, Fernando Aguirre se muestra siempre inquieto y acaba de editar, bajo el nombre artístico de Gringo y La Ideológica, su primer EP llamado Tres.
Músico solista zapalino radicado desde el año 1998 en la ciudad de Río Cuarto, esta pequeña obra de corta duración remite a influencias propias del rock de los años ochenta y noventa, y las letras de sus temas son un resumen intimista de los distintos estados de ánimo del autor durante la pandemia y la pospandemia.
La grabación del EP se hizo entre marzo de 2020 y noviembre de 2021.
Todos los temas (Insomnio, Gris y Poncharelo), tanto las letras como la música, son de la autoría de Fernando Aguirre.
Grabado, mezclado y masterizado íntegramente por el autor de la obra.
Hablamos con Fernando:
-Es un EP rockero, cortito y al pie, pero que transita diferentes estados musicales. ¿Cómo definirías el concepto tanto en sonidos como en letras?
-El concepto o idea central que hay detrás de esta pequeña obra es la “ruptura”. Venía de grabar un disco en formato cassette que había sido una mezcla desordenada de mis viejas influencias estéticas y musicales, con letras entre alegres y combativas combinadas con ritmos que iban del reggae al punk. En el momento que empecé a grabar el EP decidí conscientemente despojarme de esa carga y enfocarme en una relación más intimista, un poco oscura y sentimental en las letras, mientras los sonidos que acompañaron el momento compositivo estaban fuertemente direccionados por la música escuchada en mi niñez y adolescencia, los lejanos años ochenta y noventa.
-¿Por qué ese nombre artístico? ¿Cuál es la ideología del gringo?
-El nombre es parte de un chiste de estudiantes, de la época en la que estudiaba Historia en la UNRC. En esa época ya me conocían como “el gringo”, y en uno de mis viajes de estudio a Santa Rosa de La Pampa un pibe que no conocía me quiso “bardear” o “chicanear” porque andaba con una camisa de los Redondos de Ricota con una estrella roja pintada en el bolsillo delantero, diciendo que esa “camisa era ideológica”. Yo “entendí” lo que me quiso decir, pero solamente pude reírme, ya que me resultó chistosa la idea de que una prenda pudiera tener una ideología. De ahí salió la idea del nombre artístico.
-¿Insomnio es pandémico?
-Totalmente, pero es también en gran medida el sentimiento de un viejo desengaño amoroso, que en las noches en vela pasaba a convertirse en un pensamiento recurrente. Ese año 2020 había empezado muy bien en el plano musical, con la participación en el festival Ver Nacer el Sol (en Alejandro Roca), y de repente, todos nos tuvimos que recluir ante el temor de contagiarnos de Covid y nuestras actividades cotidianas pasaron necesariamente al plano de la virtualidad, el “insomnio” fue una de las consecuencias de ese doloroso año.
-¿Poncharelo es una suerte de homenaje al personaje encarnado por Erik Estrada en la serie Chips?
-Remite directamente a Erik Estrada y su emblemático personaje, pero el tema es más que nada un homenaje a la niñez, a esas series y películas que veíamos en los años ochenta y que marcaron nuestra subjetividad. Poncharelo es un tema alegre, instrumental y donde los teclados y la batería electrónica son reminiscencias de las bandas de sonido de esa época.
-¿Quién realizó el arte de tapa y cuál fue el concepto a transmitir?
-El arte de tapa lo realicé yo mismo en base a una foto que me sacó mi hermana en el 2019. La idea era transmitir ese estado de ánimo rupturista que hay detrás de las tres canciones, por eso despojé toda la imagen de fondo, donde el gris de las figuras solamente entra en color cuando se barre la figura, como si fuera una cinta desgastada de un viejo VHS.
La historia del rock local
-Escribiste un libro con gran parte de la historia del rock local. ¿Cuáles fueron las devoluciones de esa interesante edición?
-Las devoluciones a lo largo de estos años han sido muy satisfactorias y hasta elogiosas, incluso se vendió tan bien que se agotaron sus dos ediciones. Cuando lo escribí lo único que me propuse para ese libro fue reconstruir de la manera más documentada y cronológica posible una historia y memoria de la escena del rock local, teniendo como protagonistas a los actores principales de la movida, los músicos, periodistas, dueños de bares, gestores culturales y público entusiasta que acompañaron desde sus orígenes en los años sesenta al incipiente rock riocuartense. Fue la forma de unir mis dos pasiones, la música y la historia.
-¿Se viene una segunda parte del libro?
-La idea es, por un lado, hacer una revisión más completa y actualizada de ese primer libro, con una reconstrucción más pormenorizada del fenómeno del rock local durante los años setenta y con una ampliación hasta la actualidad, ya que al finalizar mi libro en el año 2012 se pierde todo lo desarrollado en los últimos años. En este momento estoy trabajando en el Archivo Histórico con ese fin. Por otra parte, estoy en proceso de desgrabación de algunas entrevistas en profundidad de músicos que podrían convertirse en un libro de memorias más descontracturado y no tan rígido como el primero. También me gustaría retomar entrevistas con otro tipo de protagonistas de la movida local.
-Por último ¿cómo ves en la actualidad la movida rockera local, tanto en bandas y solistas como en lugares para tocar?
-La escena actual desde el punto musical sigue siendo tan rica y vigente como en otras épocas. Tenemos a las bandas locales ya consagradas que tienen una larga trayectoria y un público fiel como la Kingston Jam, Revoluxiones, Cristo y el tándem de agrupaciones musicales donde participa el prolífico Mariano Moreno (Moreno, Las Partes, Volárbol, Super Quercus, Moro y Los Primos, etc.). Hay proyectos más experimentales pero riquísimos musicalmente como Nave, Viento del Lugar, Tres Ventanas y La Doble Problema, con grandes músicos que la rompen en lo suyo. En lo particular las bandas que más me entusiasman son los pibes de Salas Velatorias, además de los experimentados miembros de Pozo de Jirafas, Antenas y Everatra. De solistas. me gusta mucho lo que hacen Vale Ghizzi, el Cadete Sideral (Bruno Volonte) y el Tito Basso.
Respecto a los lugares para tocar lo veo más acotado e institucionalizado al panorama, cada vez hay menos espacio para movidas autogestionadas o under, que han quedado relegadas a fiestas más o menos privadas. Todo se reduce a Elvis u Opus Costanera como lugares comerciales, o el Leonardo Favio y el Galpón Blanco como centros culturales dependientes de organismos gubernamentales.