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Los Macarrón apuntaron contra Miguel Rohrer: el sospechoso de siempre

Las acusaciones que hicieron en la sala de audiencias los hijos de Marcelo Macarrón son extemporáneas. Ambos saben perfectamente, que la Justicia ya no puede perseguir a nadie más que a su propio padre, sentado en el banquillo de los acusados

Michel Rohrer (a) “El Francés” siempre integró la lista inoficiosa de supuestos amantes de Nora Dalmasso que circuló dentro y fuera de Tribunales desde el mismo día del crimen, aquel lejano 25 de noviembre de 2006. Pero los fiscales que instruyeron la causa nunca lo investigaron a fondo, pese a que existían sobradas razones para hacerlo. Las acusaciones que hicieron en la sala de audiencias los hijos de Marcelo Macarrón -Facundo y Valentina- son extemporáneas. Ambos saben perfectamente –sobre todo Facundo, que es abogado-, que la Justicia ya no puede perseguir a nadie más que a su propio padre, sentado en soledad en el banquillo de los acusados.

¿Quién es Miguel Rohrer? Un poderoso empresario agropecuario que al momento del crimen presidía la gerencia argentina de la multinacional Del Monte Fresh, que era la segunda empresa más grande del mundo en el rubro comercialización de frutas, con más de 20.000 empleados en 17 instalaciones de producción y 18 centros de distribución en Estados Unidos, Samoa Americana, Ecuador y Venezuela. Hijo de don Francisco “Pancho” Rohrer, un inmigrante europeo que “hizo la América” en Río Cuarto, el Francés se crio en Buenos Aires, donde se destacó como un aguerrido hooker en el club Pucará. Cuando murió su padre se radicó en Río Cuarto para hacerse cargo de la estancia familiar “Cacique Bravo”, lindera a Las Acequias, donde gobernaba uno de los pocos intendentes kirchneristas de la región, Víctor Stanicia.

Rohrer se vinculó con Urú Curé, donde conoció a Marcelo Macarrón, que sería designado traumatólogo del club. Compartieron viajes, eventos sociales, amistades y fundaron un colegio.

Aunque siempre negaron vínculos económicos, era un secreto a voces que Macarrón habría participado en un pool de siembra del Francés junto con su amigo Daniel Lacase, a quien Ricardo Araujo –mano derecha de Rohrer- sindicó en el expediente como “abogado de Del Monte”.

Cuando Michel pasó a integrar la lista inoficiosa de los amantes de Nora, los setecientos riocuartenses que habían concurrido a su fastuosa fiesta de 50 cumpleaños en “Cacique Bravo” empezaron a preocuparse por la posible filtración de las fotografías que los dejarían expuestos. Por esos días, el fotógrafo que cubrió el festejo fue amenazado de muerte. La causa naufragó en los intrincados laberintos de los viejos tribunales de la ciudad y corrió la misma suerte que todas las investigaciones paralelas al crimen de Nora (dádivas a los policías alojados en el hotel Ópera, apremios ilegales a Carlos Curiotti para que inculpara al “perejil”, filtración de fotos del cadáver de Nora, etc.): sobreseimiento por falta de mérito o archivo por inacción.

Del cumpleaños de Michel –que fue amenizado con una comparsa traída desde Entre Ríos y la voz inigualable de Facundo Saravia- participó lo más granado de la dirigencia política, social, judicial y empresarial de la provincia. Degustaron un menú bien criollo: pernil de cerdo en prensa con pan de campo, pan con chicharrones, chipá, empanadas salteñas y criollas, costillares y cabritos en estacas en torno al fogón y cebollas a las brasas con papas y huevos fritos. Como el festejo se extendió hasta el día siguiente, las primeras luces del amanecer encontraron a los invitados compartiendo un mate cocido con tortas fritas calentitas.

Las semanas posteriores al crimen de Nora, cuando los rumores habían llevado a Rafael Magnasco a sacarse sangre a Tribunales para probar su inocencia, un vecino del country San Esteban fue a solidarizarse con el Francés porque su nombre escalaba en el ranking de amantes atribuidos a Nora. Cuando el Francés le abrió la puerta, lo invitó a compartir una copa de champagne con amigos que lo estaban acompañando: Marcelo Macarrón y Daniel Lacase. El vecino rechazó el convite y volvió incrédulo a su casa. “¿Qué festejaban?”, se preguntó. En su declaración en sede judicial, Rohrer dijo que tras el asesinato de Nora había afianzado su vínculo con Macarrón: “Mi relación a partir de las cosas dolorosas es más fuerte que antes, con él y con mi familia”, dijo ante el silencio complaciente del fiscal Fernando Moine.

Pistas

En su declaración ante los jurados populares, los hijos de Macarrón no aportaron ninguna prueba que incriminara al Francés. Valentina dijo que le provocaba “una sensación de miedo”; Facundo, más cerebral, citó dichos de dichos de terceros. Y especuló con que la reticencia de su madre para que la visitara ese fin de semana –él estaba en Córdoba y ahora dice que la llamó para viajar a Río Cuarto- tal vez fue porque planeaba un encuentro íntimo con Rohrer. ¿Olvidó que está acreditado en el expediente que el amante de su madre era Guillermo Albarracín? ¿O supone que Nora tenía varios amantes en simultáneo? El condescendiente fiscal Julio Rivero no se lo preguntó.

En el expediente –Brito debería saberlo- hay elementos contundentes que justifican una indagatoria a fondo al Francés. Pero Brito y los Macarrón dedicaron su tiempo, recursos y energía a demandar a periodistas antes que buscar al asesino de Nora. De lo contrario sabrían que Carlos Wiltberg declaró que el viernes 24 de noviembre, cuando volvía de un viaje a Buenos Aires, el Audi rural de Rohrer lo pasó como una exhalación rumbo a Río Cuarto. “Debe haber ido a 170 kilómetros por hora”, precisó el testigo. Y recordó que en esa época solo dos personas tenían ese costoso vehículo en Río Cuarto –Rohrer y Guillermo Gonella-, y a Gonella lo había visto ese mismo día en el shopping Unicenter de Capital Federal.

A pesar de su amistad, los primeros que lanzaron sospechas sobre Rohrer –además de las “congresistas”- fueron el abogado Daniel Lacase y Facundo Macarrón, que se refirió al vocero de su familia como “tío Daniel”. Después sugerir que Rohrer era amante de Nora, Lacase llamó a Araujo y le pidió que armara una lista de testigos que acreditaran que el Francés había estado en Buenos Aires la madrugada del crimen. Esa lista, confeccionada de puño y letra por Araujo, fue entregada en mano a los fiscales por Lacase. Pero igual dejaba abierta una “ventaja horaria” que le permitía a Rohrer viajar en auto a Río Cuarto, encontrarse con Nora y volver a Buenos Aires. Para cubrir ese bache, Rohrer relató un periplo increíble ante el fiscal Moine. Dijo que esa noche tenía una cena, pero se le pinchó una goma y no encontró la tuerca de seguridad. Que cuando por fin pudo cambiar la cubierta quedó encerrado en un embotellamiento provocado por el recital de Shakira en el estadio de Vélez. Que tuvo que recorrer tres estaciones de servicio para conseguir gasoil y cuando volvió a su casa canceló la cena, comió una milanesa y se acostó a dormir. Reapareció en público recién a media mañana en el club San Isidro. ¿Qué testigos avalaron su coartada? Su hijo, su nuera, su esposa y su empleada doméstica.

Pero hay más. Escuchas telefónicas ordenadas a pocos días del crimen por la Justicia Federal a un agente de la Secretaría de Inteligencia del Estado (SIDE) demuestran que la Policía de Córdoba se involucró en la protección a Rohrer. Las escuchas, que llegaron casi por casualidad a manos del fiscal federal Enrique Senestrari, confirmaban que el polémico comisario Rafael Sosa desembarcó en Río Cuarto para cerrar la causa inculpando a un “perejil”. También que el gobierno de José Manuel de la Sota temía una intervención federal por el escándalo del caso Dalmasso y el entonces fiscal General Gustavo Vidal Lascano se aseguró de que las pruebas halladas en la escena del crimen fueran analizadas en el Ceprocor, “ya que en el mismo trabaja la esposa del exjefe de Policía Jorge Rodríguez” (sic).

La SIDE puso además la lupa en el fideicomiso de inversión agropecuaria “San Bartolomé”, donde Rohrer tendría importantes acciones. Sospechaban que Marcelo Macarrón tenía algún tipo de intervención en el manejo del dinero y que eso explicaría sus frecuentes viajes a Uruguay. Según la información de los servicios de inteligencia, Rohrer tenía depositado a título personal en ese fondo de inversión la friolera de 6 millones de pesos, a valores de 2006.

“Esta chica (por Nora Dalmasso) se habría enterado que lo estarían usando a Macarrón como que estaba, no te digo lavando dinero o algo por el estilo, pero a través de Macarrón, entonces la mujer se entera y se pone loca y el grupo habría dicho: ‘Mirá, negro, encargate de este tema, solucionalo”, se escucha en una de las llamadas intervenidas que está en el expediente que en estos días se ventila en los Tribunales de Río Cuarto.

El dato más comprometedor de las escuchas es que la SIDE –hoy AFI- habría confirmado, mediante el análisis de las sábanas telefónicas del celular de Miguel Rohrer, que los días 24 y 25 de noviembre el Francés habría estado en Río Cuarto, lo mismo que su mano derecha, Ricardo Araujo. A lo que suman el testimonio de una mujer “que estaba aterrorizada” (sic) por haber visto a Rohrer a 150 metros de la casa de los Macarrón la madrugada del sábado 25 de noviembre de 2006.

-¿Quién debería estar en el lugar donde hoy está su padre?-, le preguntó el miércoles Rivero a Facundo Macarrón.

-Miguel Rohrer-, contestó el joven diplomático.

Ni él, ni su familia ni sus abogados hicieron nada en estos quince años para que eso fuera posible.