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Carlovich, Menotti, el Mundial 78 y Estudiantes, en la palabra de Daniel Killer

El histórico defensor rosarino, de paso por el Celeste en el Nacional 1984, en diálogo exclusivo con Puntal, rememora la figura del mito de Central Córdoba fallecido el último viernes y muchos temas más.

El pasado viernes el fútbol argentino estuvo de luto, en especial la ciudad de Rosario, por la muerte cobarde del “Trinche” en un intento de asalto. Tomás Felipe Carlovich fue un mito, un espectro futbolístico, una persona que tenía las cualidades para triunfar donde sea, pero que, por su manera de vivir, Rosario fue siempre su pago, lejos de las luces del centro.

Ícono de Central Córdoba, siempre con su bicicleta y una sencillez típica de los balcánicos que inmigraron a la Argentina a principios del siglo pasado. El padre de Carlovich era yugoslavo.

Daniel Pedro Killer, el número 11 de Argentina 78, que no tuvo minutos en el Mundial pero que fue pieza clave en los entrenamientos y lo que pedía Menotti. Killer jugó en Estudiantes el Nacional 84 y hasta el último viernes compartía una peña con la leyenda Carlovich, así lo recuerda:

“Yo recién ahora me estoy recuperando, si bien no éramos íntimos amigos, jugamos juntos en varios torneos en Rosario Central, donde él tuvo un paso corto. Hoy el Trinche es más famoso que Maradona, con sólo decir que Diego era mejor que él lo pone a esa altura. Tenía una habilidad terrible, era imposible sacarle la pelota, no le gustaba la agresividad ni nada de eso. A él le gustaba jugar al fútbol”.

-Y que su final sea de la manera más trágica. ¿Qué se comenta en Rosario?

-Totalmente, era una persona muy querida acá, no le hacía daño a nadie, sólo le gustaba andar en bicicleta, tan es así que todavía tiene la chata en la puerta de la casa, le decía yo que se le iba a oxidar. Nosotros todos los viernes tenemos una peña donde nos juntamos a comer y lo teníamos que pasar a buscar. Con esta creo que era la tercera vez que le robaban, el auto ni lo tocaba; era una persona especial, la ciudad está de duelo, no lo pudimos despedir muchos de nosotros por la edad y ser factores de riesgo, no pudimos ir a su velorio. Fue todo muy especial, él dijo que cuando se muriera lo paseen por la cancha de Central Córdoba y eso fue lo que se hizo. Hablando con Bruno, su hijo, ya esperábamos el final con el que terminó, sabíamos que era muy difícil.

-¿Cómo transita usted como futbolero este tiempo sin actividad?

-Mirá, estás hablando con alguien que nunca pensó llegar tan alto en el fútbol. Tengo prácticamente 700 partidos jugados y era la manera de jugar que tenía, hice 52 goles, yo no pateaba penales ni tiros libres ni nada de eso. Jugué en once equipos y uno de los que me trataron de la mejor manera fue en Río Cuarto cuando estuve en Estudiantes con el maestro Antonio Candini. Recuerdo el partido con River, en el que nos robaron, me metieron un empujón terrible (del Beto Alonso) y perdimos 3 a 2 en el Monumental. Habíamos hecho una campaña buenísima en la que dejé bien alto mi prestigio, querían que me quede pero como ya había viajado tanto quería volverme a Rosario. De hecho cuando vino Estudiantes a jugar a principio de año (14 de enero) el amistoso con Newell’s, me vinieron a saludar y me dejaron una camiseta. Cuando jugaba me quisieron comprar de México, el Atlético Madrid, equipos de Brasil, hasta el Tottenham se interesó por mí. Quería descansar un poco, me la pasé viajando y jugando por todos lados; cuando dejé mi hijo, tenía once años.

-Pocos apellidos tan ligados al fútbol en Rosario como el de Killer con tres jugadores profesionales.

-Nosotros somos cuatro varones y tres jugamos en Rosario Central. Mario (campeón con Independiente) y Alfredo (ídolo en Central Córdoba) en el exterior jugaron en México y los tres nos pusimos la camiseta de la selección argentina (Alfredo fue convocado en 1983 por Bilardo al Sub-23), que vaya si es pesada, así como la de Rosario Central.

-A propósito, usted sigue siendo uno de los últimos en jugar en Rosario Central y Newell’s, hoy absolutamente impensado.

-Hoy me tendría que ir de la ciudad, de todos modos en ese tiempo (en 1980 jugó en la Lepra) un par de botellas me tiraron en mi casa. Yo nunca voy a hablar mal de Newell’s, gracias al club hoy tengo una casa, forma parte de nuestro trabajo, pero el fanático no lo entiende. En la peña me cargan con eso y nos reímos, me dicen: “Traidor, te pusiste la camiseta de los del frente”, ni lo nombran a Newell’s, les digo que es con mucho orgullo, los vuelvo locos. Eso ya pasó, hoy soy feliz, nunca me gusto dirigir, tenía todo para hacerlo. La última camada que tuve en el club fue la de Giovanni Lo Celso, Franco Cervi, después dejé y nunca más volví a dirigir.

-¿Cómo les explica a los más pibes lo que fue la figura de Cesar Menotti?

-Menotti es todo. Yo pasé por muchos técnicos, desde Don Ángel Amadeo Labruna, Don Ángel Tulio Zoff, Juan Carlos Montes o el viejo Timoteo Griguol, que fue como un padre para nosotros. Te puedo asegurar que el Flaco Menotti no necesitaba pizarrón ni tiza para decir cómo había que jugar, eso tenía el Flaco, un conocimiento de las cosas y un entendimiento de lo que decía. Por ejemplo, el Toto Lorenzo te decía tantas cosas y no entendías, adentro de la cancha es todo distinto, las piezas se mueven. En cambio, al Flaco le salía todo de manera natural, también tuvo la virtud, como en el Mundial de Argentina 78, de elegir bien a los jugadores. Fueron 22 especiales, probó 128 y se quedó con 22.

-Y con un joven Maradona afuera.

-Diego no podía jugar en el 78. Fue como Messi en 2006. Él estaba triste, nosotros le decíamos que no llore, que iba a ser un fenómeno. Humberto Bravo, Maradona y Lito Bottaniz fueron los últimos desafectados, con la diferencia de que Lito se quedó en la concentración durante todo el Mundial.

-Charlando días atrás con Leopoldo Luque, nos decía del grupo de WhatsApp que tienen y lo unido que están los campeones del 78.

-Es una muy buena relación, yo soy el más travieso del grupo (risas). Menotti y Pizarotti fueron tan inteligentes con ese grupo que lo que formaron fue una familia, no hubo peleas ni nada. Lo que sí fue muy larga la concentración, no podíamos salir, había solo dos teléfonos para hablar, Fillol y Tarantini que estaban de novio no lo soltaban para nada, te lo devolvían caliente de tanto uso. La pasábamos muy bien.

-Le tocó a usted ser y hacer de defensor europeo en las prácticas, emulando a los rivales. ¿Qué le pedía Menotti?

-Yo no sé de dónde sacaba los informes él. No te olvides que nosotros jugábamos con todas selecciones europeas y no había las tecnologías de hoy, con las que conocés todo de todos. Por eso él era tan inteligente, me hacía jugar de stopper y lo tenía que marcar a Luque, somos muy amigos y yo le tenía que ir muy fuerte y agresivo, le tenía que pedir disculpas después. Eso le vino bien para estar atento con defensores muy duros.

-Y pensar que algunos dicen que Menotti no trabajaba.

-Claro, todo mentira. Los escuchás hablar y es un libro abierto, pasa que el que lo dice es porque no lo tuvo o por envidia.