Sociedad | Salud Mental

Salud Mental: Ser humano antes que deportista

La psicóloga Dayana Spernanzoni explica qué significa la salud mental en el deporte y cómo cuidar la salud emocional ante la presión

 

Más allá de ganar, hay un esfuerzo detrás que muchas veces no se ve. Es habitual enfocarnos en la figura del campeón, olvidando que detrás del rendimiento deportivo siempre hay una persona. Un ser humano con objetivos, sueños logrados y otros por cumplir. Por eso, es fundamental abordar la Salud Mental como pilar del atleta.

Sin darnos cuenta, o si, lo vemos en las pantallas, deportistas quebrados en llanto, sobrepasados o frustrados en plena competencia. Esta imagen refleja cómo esa exigencia constante termina desbordando. Sobre esto habla la psicóloga especialista en deporte y nutrición, Dayana Spernanzoni, quien explica que la fortaleza mental no consiste en “poder con todo”, sino en entender que el deportista es un ser humano con emociones.

El mito de la fortaleza mental

Existe la falsa creencia de que la fortaleza mental implica aguantar la presión sin mostrar debilidad y no sentirse mal jamás. Sin embargo, desde la psicología clínica y deportiva, una buena salud mental supone validar lo que le pasa a cada atleta.

Tener salud mental en el deporte significa competir y entrenar sin que la exigencia derive en síntomas físicos o psicológicos que impidan disfrutar del proceso o afecten otros ámbitos de su vida.

“Ser fuerte mentalmente no es no sentir o poder con todo siempre, sino aprender a gestionar lo que nos pasa para que el deporte sume a nuestra vida y no nos desborde

Herramientas ante la crítica y los entornos agresivos

Cuando el entorno deportivo deja de ser disfrutable o se vuelve hostil, las principales herramientas psicológicas consisten en enfocar la energía en lo que sí depende del atleta: actitud, entrenamiento, hábitos y cómo decide responder. Aunque no se puede controlar la opinión del otro, sí se controla dónde se pone la atención.

Así lo indica la profesional, hay tres puntos claves:

  • Evaluar el entorno: Reconocer si el ambiente es tóxico para evaluar una salida o entenderlo como una etapa temporal.

  • Separar identidad de rendimiento: Recordar que el nivel deportivo no define el valor como persona.

  • Espacio terapéutico: Mantener un lugar propio de terapia para procesar las presiones y proteger la salud mental.

“Proteger la autoestima no es volverse inmune a la crítica, sino saber dónde poner la energía, buscar apoyo para pensarlo diferente y recordar que ningún entorno define quién sos”

El estrés de la adaptación en atletas jóvenes

El impacto de un cambio drástico de país, club o cultura exige tanto a la mente como al cuerpo. Salir de la zona de confort despierta miedos e inseguridades de manera natural, incluso en jóvenes deportistas con experiencia previa de independencia.

Existe el prejuicio de que el éxito económico o profesional exime al deportista del sufrimiento o el estrés. Para gestionarlo, dijo Dayana, que es fundamental apelar a técnicas como ejercicios de respiración, meditación, actividades de descarga como leer o escribir y, principalmente, sostenerse en los vínculos cercanos, como familia y amigos.

Desconectar la cabeza de deportista como parte de la rutina

La clave principal para lograr un descanso real radica en recordar que el deporte es un rol prioritario, pero no define la totalidad de la persona. Dedicar tiempo a la familia, amistades u otros hobbies lejos del entrenamiento no resta foco; al contrario, previene la saturación mental, dice la profesional.

“Apagar la cabeza de deportista no es perder el foco, es cuidar a la persona para que después pueda rendir mejor”

El deporte pasa, pero la persona queda. Aprender a mirar más allá de los reflectores y validar la frustración del que no llega al podio es el primer paso para construir una imagen sana de aquel deportista, que se saca su camiseta al final del día, recordando que su valor como ser humano no depende de un marcador.